“Según el Ministerio de Sanidad de Gaza”. “Según el gobierno de Gaza”. “La autoridad local [de Gaza”], son algunos de las etiquetas que disimulan al culto genocida Hamás detrás de las afirmaciones que hacen tantos medios, ONG, virtuosos del oportunismo, prejuiciados y tontainas de amplio espectro
Esto es ya más un acto dirigido a la hemeroteca que algún día recuerde la infamia en la que tantos medios cayeron, o más bien, se dejaron caer tan gustosamente. Porque el presente de El País es el de la “post vergüenza”, el del desprecio de la labor que dice llevar a cabo
Tiempos estercoleros, estos. Tiempos en los que el “bajo costo” ha devenido bajo raciocinio y alto prejuicio; en que la alta política ha caído en las bajezas clásicas del populismo y sus traiciones
No hay bajeza más radical que aquella se muestra abierta, orgullosamente. Y en periodismo, o en aquello que se sirve de este como vehículo para la propaganda, no hay, seguramente, nada más abyecto que la inversión y manipulación histórica, es decir, la fabricación, para construir una “opinión”, una “realidad”
Es sencillo tomar a la audiencia de las narices y conducirla hacia la “opinión”, hacia la “realidad” deseada. Basta un titular que funcione como clave de interpretación; un destacado y primer párrafo que expliquen ese código, como para que no quede lugar a dudas; y las omisiones que sostengan el andamiaje
No hace falta mucho para transmitir una imagen de unanimidad, de mayoría. Basta con secuestrar un evento masivo para escenificar un apoyo multitudinario a una “causa”. Tampoco se requiere gran cosa para revelar el trasfondo negativo de una doctrina.
La cobertura no resulta ser tal cosa, sino una forma de amplificar un señalamiento, de centrar una demonización. Porque el titular es, invariablemente, “Israel culpable; Israel pérfido”