Sobrevolando El País a través de sus titulares

Los titulares son una suerte de manual de empleo para encuadrar la información que aparece en el texto, una herramienta para resumirle al lector lo que en él va a encontrar y qué debe pensar. Estas claves son especialmente relevantes si tenemos en cuenta que la mayoría de los lectores se limita a recibir esa píldora como única información, y más desde la eclosión de las redes sociales como herramienta informativa.

Los titulares suelen ser elaborados en la redacción del medio y no son responsabilidad del corresponsal de turno.

Por ello, a cinco meses de la masacre del 7 de octubre, repasamos los titulares del diario español El País, empezando por sus primeras informaciones respecto a lo sucedido el mismo 7 de octubre y la subsiguiente guerra entre Hamás e Israel. No nos adentraremos en el contenido de la información, sino que nos limitaremos a analizar los titulares.

Durante este lapso El País habría publicado alrededor de unos 1600 artículos al respecto. Información, análisis, resúmenes, artículos de opinión, cartas al director, etc.… Una minoría de ellos, no centrados en Israel, a pesar de mencionar el tema de un modo u otro.

1 – 7 DE OCTUBRE

El mismo 7 de octubre, cuando la información apenas empezaba a llegar, El País titulaba:

Hamás lanza contra Israel un ataque sorpresa y sin precedentes desde Gaza

En su bajada, el medio aportaba la justificación de Hamás y buscaba equiparar el número de víctimas del ataque y su respuesta:

“Las milicias palestinas matan al menos a 250 personas al infiltrar decenas de milicianos, secuestrar civiles y soldados, y disparar miles de cohetes, en el mayor ataque contra territorio israelí en décadas. Hamás justifica la estudiada operación sorpresa en “los crímenes de la ocupación”. “Estamos en guerra”, declara Netanyahu antes de que el Ejército matara a 232 palestinos en bombardeos“.

Unas horas más tarde, y en su resumen de lo que había sucedido, El País hablaba de una “ofensiva de las milicias de Hamás” y en la bajada volvía a equiparar el número de víctimas, convirtiendo la masacre de Hamás en un acto más de un enfrentamiento violento.

“La operación y su respuesta causan más de 300 muertos en Israel y 232 en Gaza”

Como si el ataque hubiera sido una fuerte acción política, también a las pocas horas:

Hamás manda un violento mensaje a Oriente Próximo en un momento de cambio (7 octubre)

Las primeras informaciones ahondaron en el ataque, pero sin especificicar su sadismo y poniendo las víctimas de atacantes y atacado en una misma balanza.

En la misma línea de “mensaje a Israel”, el primer titular, del mismo 7 de octubre, rezaba: “Hamás reta a Israel”, y la bajada urgía a “detener un baño de sangre”, que podía contagiarse.

En resumen, el 7 de octubre, El País logró no situar a Israel como víctima de la masacre de Hamás. Tampoco fue capaz de transmitir la extrema crueldad y el sadismo por el que este se destacó, sino que suavizó la agresión al tratarla de “mensaje” o de “reto” y equiparando el número de víctimas mortales entre el ataque y su respuesta, de modo a convertirlo en una escalada de violencia sin claras responsabilidades.

2 – EDITORIALES

Los editoriales sirven para marcar la opinión y la línea política del medio. En los 5 meses posteriores al 7 de octubre, El País publicó más de 30 editoriales. El 18 de octubre publicó dos el mismo día. Ni uno sólo de esos editoriales supuso una condena a Hamás por la masacre cometida, ni por ser responsable de la escalada.

Estos editoriales se pueden dividir en tres clases:

A) Alerta abstracta y sin clara responsabilidades de drama humano o guerra internacional. Son, sobre todo, los titulares del mes de octubre. El único titular que menciona a Hamás como actor es el del mismo 7 de octubre. No como perpetrador de masacre, ni responsable de lo que vendrá, sino, como vimos antes, como lanzador de un “reto”:

B) Israel como responsable de la escalada bélica, de crueldad y de violaciones de derechos humanos, y sospechoso de genocidio. La segunda, y última mención a Hamás, en el editorial “Golpe a Hamás”, sitúa al grupo terrorista como víctima de una acción israelí, que a la par de un atentado terrorista en Irán, “elevan el riesgo de escalada en Oriente Próximo”. En la bajada del titular del 11 de octubre, se menciona la “barbarie de Hamás”, pero se coloca a la humanidad condenada en función de la respuesta israelí.

C) El presidente español Pedo Sánchez y su entorno como figura a reivindicar frente a unos israelíes irracionales y sordos ante el sentido común. Titulares que coinciden con el viaje del presidente a la región y la polémica de su comportamiento y sus palabras poniendo en duda que Israel respete el Derecho Internacional y amenazando con reconocer unilateralmente el estado palestino.

3EL CASO Al AHLI

Un incidente muy relevante para comprender la credibilidad que le otorga el medio a las distintas fuentes, tuvo lugar el 17 de octubre con la denuncia por parte de Hamás de un supuesto bombardeo israelí al hospital Al Ahli, en el que habrían muerto 500 personas. El ejército israelí dijo estar estudiando lo sucedido, e Israel, junto a muchas investigaciones de fuentes abiertas puso en duda la versión de Hamás, alegando que la responsabilidad del incidente podría ser de un cohete fallido de los propios grupos terroristas de la Franja.

El diario El País, sin esperar a corroborar la noticia ofrecida por Hamás, publicó el siguiente titular:

Conviene subrayar también el empleo de “Ministerio de Sanidad gazatí” para referirse a la fuente de información, sin especificar que ese ministerio es controlado por Hamás. Al ocultar eso a sus lectores, El País le otorga independencia y credibilidad a un brazo del grupo terrorista que dirige la Franja.

Con el transcurso de los minutos, y al ir evidenciándose claramente que “el bombardeo israelí” no fue tal, sino que consistió en un cohete de la Yihad Islámica caído en el parking del hospital y causando no 500 muertos sino unas decenas, El País cambió su titular, suprimiendo la autoría del hecho, y eliminó de la web el anterior.

El cambio, sin embargo, no implicó ante sus lectores un mea culpa por haberse prestado de altavoz acrítico a Hamás, sino que se limitó a dejar lo sucedido en un difuso incidente sin “un autor claro”, en el que las partes “se acusan mutuamente”. Varios artículos posteriores al respecto no aclararían lo que ya se sabía:

Hay que esperar una semana, al 24 de octubre, para que El País explique, no en gran titular, sino en la bajada de la noticia, que “diversas investigaciones coinciden en que el proyectil que impactó en el centro sanitario fue lanzado desde la Franja y reducen el número de víctimas del medio millar que se barajó al principio”.

De Al Ahli casi no se habló más hasta un mes después, en medio de otras acusaciones de Hamás a Israel de atacar centros hospitalarios, y para volver a transmitir una idea de confusión y de “cruce de acusaciones”, difuminando lo que ya se sabía.

El diario siguió, de hecho, publicando las denuncias de Hamás, bajo el sello de “las autoridades sanitarias de la Franja”, respecto a ataques y bombardeos a hospitales, a pesar de que Israel lo negara.

Cabe destacar el empleo del diario en sus titulares del término “bombardeo”. Por ejemplo, el 15 de febrero, El País habla de un bombardeo, a todas luces inexistente, puesto que, si las tropas estaban asaltando el hospital, Israel no habría estado bombardeando a sus propias tropas. La lectura del artículo, o de otros medios, aclaraba que los bombardeos se producían en otra zona, pero el impacto de bombardear un hospital siempre es mayor:

4 – HAMÁS COMO FUENTE AVENTAJADA

Como hemos visto, El País se apresura a darle credibilidad a Hamás, hasta el punto de ofrecerles la portada en varias ocasiones, dando por válidas cifras y hechos que son imposibles de corroborar, y que son disputados por Israel y muchos analistas independientes.

El 21 de enero, El País presentaba a sus lectores un gráfico y un análisis que otorgaban credibilidad a las cifras ofrecidas por Hamás, sin aclarar ni cuál era la fuente ni las sólidas dudas al respecto:

El diario redoblaba la apuesta al día siguiente, llevándolos a portada el 22 de enero:

¿Si El País aceptaba la cifra de 25.000 muertos ofrecida en ese momento por Hamás, por qué no aceptaba entonces también la cifra de Israel que afirmaba haber matado a más de 9.000 terroristas? Lo mínimo que podía hacer era darle algo de visibilidad a la versión de un estado democrático con contrapoderes, en lugar de enterrar todo hecho discrepante bajo la narrativa de un grupo terrorista. De haber incluido los números aportados por Israel, el reclamo de Hamás de que el 80% de las víctimas consistía en mujeres y niños, se desplomaba, y con él todo el análisis de turno que ofrecía el medio.

A tal punto llegó la “identificación” de los titulares de El País con la causa de Hamás, que acudieron al funeral de uno de sus más altos líderes, presentándolo en un emotivo artículo sobre su pérdida, como un “intelectual que buscó la unidad de los palestinos”. Lo que no decían era que dicho “intelectual” era uno de los ideólogos y responsables directos de las matanzas del 7 de octubre, sus violaciones, torturas, secuestros, y la subsiguiente guerra y sus consecuencias.

A la vez que las informaciones y datos de Hamás son adoptados acríticamente, aquella que ofrece Israel y los medios israelíes suele ser u ocultada o puesta en duda. Incluso si las pruebas son apabullantes y los mismos periodistas han tenido acceso a ellas:

Cabe destacar el tema de los “bebés decapitados”, que mereció un artículo de opinión negándolo bajo premisas falsas. Fue una presentadora de televisión, y no Israel, quien habló de bebés decapitados, pero jamás dijo que fueran 40. Ese dato fue estirado y manipulado posteriormente por las redes sociales de manera a caricaturizar las alegaciones de Israel acerca de la violencia extrema, y probada, de Hamás.

El artículo de opinión de El País, rezaba:

5 – OCULTACIONES

Ese negacionismo ocurrente sirve para sembrar dudas sobre cualquier declaración del estado democrático de Israel. Sumemos a esto que el diario no dio ninguna relevancia a la especificidad del sadismo de las masacres cometidas por Hamás, de quien ocultó su abierta agenda genocida.

No obstante, al mismo tiempo que El País silencia los objetivos del grupo terrorista de aniquilar el estado judío y de repetir el 7 de octubre “una y otra vez”, sí ofrece sus primeras planas y sus titulares para sus acusaciones contra Israel, cuya versión de los hechos suele ser ocultada o enterrada en medio de largos artículos. Ya vimos lo sucedido con el caso del hospital Al Ahli, en el que El País no fue capaz de corregirse, sino que se limitó a escribir que “ambas partes se acusan mutuamente” a pesar de saber qué parte mentía.

Otro ejemplo, el 3 de noviembre, Hamás acusó a Israel de bombardear una ambulancia. Israel replicó diciendo que en ella se escondía una célula terrorista. El ataque se llevó a titular, en el que se ocultó la explicación del ejército:

Otro caso paradigmático de silencios es el caso de los dos jugadores de futbol israelíes detenidos en Turquía por haber mostrado su solidaridad con los secuestrados a los 100 días de la guerra. A pesar de que el texto de la noticia dejaba bien claro el motivo de su detención, “sus mensajes públicos en solidaridad con los rehenes en Gaza”, el titular borraba toda mención a los secuestrados, y lo presentaba como un abstracto “difundir mensajes sobre los cien días de guerra en gaza”. No es algo relevante, pero muestra esa tendencia en los titulares del diario a silenciar la herida israelí, difuminando su dolor y el tema crítico de los secuestrados por Hamás.

6 – UNRWA

Siguiendo la línea de ocultación de información a sus lectores, otro de los grandes escándalos surgidos durante la actual contienda entre Israel y Hamás, ha sido el papel que representan organizaciones como la UNRWA, acusada en muchas ocasiones de perpetuar el conflicto a través del mantenimiento del estatus de “refugiado” y de sus manuales educativos, donde se habrían colado mensajes antisemitas – desde loas a Hitler a incitaciones a atacar judíos. Lo que siempre se supo, cobró en los últimos tiempos una gran relevancia al destaparse la participación de miembros de la UNRWA en los ataques mismos del 7 de octubre, y sus vínculos con la Yihad y Hamás, con quien habría compartido incluso infraestructuras.

La crisis, que llevó a varios países occidentales a congelar sus ayudas a la agencia de la ONU, apenas encontró espacio en las páginas del diario. Y cuando lo encontró, lo hizo de modo ambiguo.

Por ejemplo, el 10 de febrero, Israel denunció el descubrimiento de varios túneles de Hamás debajo de los cuarteles generales de la UNRWA en Gaza. Así titulaba el diario:

Apenas hay titulares en El País que destaquen los descubrimientos israelíes respecto a la UNRWA. La práctica totalidad la presenta como una víctima de Israel y gira sobre la pérdida de dinero por parte de la agencia, algo que el diario incluso denunciaba en su editorial del 29 de enero:

El 27 de enero, cuando se empezaba a saber que varios países occidentales congelaban sus ayudas hasta aclarar los vínculos de la agencia de la ONU con los grupos terroristas de la Franja, El País encabezaba su página de internacional con acusaciones a Israel, que lograban transmitir la idea contraria de lo que estaba pasando. Algo que repetirían más tarde con la acusación de genocidio por parte de Sudáfrica.

En la única bajada que menciona la implicación de la UNRWA con Hamas, el diario español lo rebaja a una docena de miembros investigados y emplea el término “supuesto”: Israel no suele tener derecho a certeza alguna.

Recordemos que no es sólo una docena de miembros los que estaban en el punto de mira. Un artículo de The Wall Street Journal, especificaba que “alrededor del 10% de los 12.000 empleados de la agencia palestina de ayuda humanitaria en Gaza tienen vínculos con militantes, según un informe de los servicios de inteligencia”. Por no hablar de distintas pruebas como grabaciones o los mensajes de 3000 profesores de la UNRWA alabando los ataques del 7 de octubre, que no encontraron su espacio en las páginas de El País. En lugar de informar de lo que pasaba, el diario publicaba artículos, tanto de información como de opinión, intentando despertar la simpatía por la agencia. Al punto de parecerse más a una agencia dedicada al control de daños y las relaciones públicas que a un medio informativo:

Hagamos un pequeño paréntesis y, aunque estemos centrando el análisis exclusivamente en los titulares del diario, ya que estamos hablando de ocultaciones, permítannos adentrarnos en el artículo de opinión del señor Jesús Núñez Villaverde del 29 de enero:

La Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos, en la diana de Israel

En él, El País presentaba al autor exclusivamente como “codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción humanitaria (IECAH)”, pero olvidaba destacar que es también presidente de UNRWA España. Un “olvido” destacable, ya que la UNRWA es el tema del que trata en el artículo. Esa ocultación convierte el texto en publicidad encubierta de la agencia de la ONU:

7- TERGIVERSACIONES

Podemos también encontrar en los titulares de El País, noticias tergiversadas, que a veces incluso transmiten lo contrario a lo sucedido.

Por ejemplo, respecto al supuesto ataque israelí el 29 de febrero contra una multitud en un convoy de ayuda humanitaria en Gaza, el diario español volvía a apresurarse a titular con la versión de Hamás como una incontrovertible certeza – ni “supuestos”, “según” -, a quién otorgaba así mayor credibilidad que a Israel, cuya versión esta vez sí incluía en la bajada de la noticia.

A pesar de que Israel negó categóricamente haber disparado contra la multitud en busca de ayuda humanitaria, El País apostó hasta tal punto por la versión de Hamás, que incluso le dedicó un editorial al día siguiente:

Es muy probable que la dirección del diario haya tomado esa decisión, al margen de que parece un patrón recurrente, porque el mismo medio había estado tergiversando en su información las declaraciones de Israel.

Hagamos otro pequeño alto en el camino y sumerjámonos en el interior del texto que daba cuenta del incidente. Como si dando mal la versión de Israel, se pudiera sostener mejor la versión de Hamás, en el primer párrafo, El País afirmaba que Israel había reconocido haber disparado contra la multitud que buscaba ayuda humanitaria. Pero la realidad era completamente la contraria.

En resumen: Israel NO RECONOCE haber disparado contra la multitud en busca de ayuda humanitaria, y El País informa que Israel SÍ RECONOCE haber disparado contra la multitud.

Destaquemos que El País no fue el único medio que tergiversó así la información.

Otro ejemplo interesante a la hora de informar contrariamente a los hechos tenía lugar el 26 de enero con la decisión de La Corte Internacional de Justicia de no pedirle un alto el fuego a Israel y de no definir lo que estaba sucediendo como un genocidio, sino de exigir a Israel “tomar todas las medidas a su alcance para prevenir la comisión de un genocidio”.

El País no parecía contentarse con lo decretado y reinterpretaba la información.

En una primera noticia, un cambio del artículo indefinido “un” por el definido “el”, conseguía transmitir a sus lectores lo que no era: que sí habría un genocidio.

Tras varias quejas, el titular era posteriormente corregido:

No obstante, a pesar de esa corrección, en un artículo posterior la línea del diario seguía siendo la de apostar a dar a entender que sí había un genocidio, y ya, puestos a reinterpretar, a que el Tribunal también pedía una tregua:

Tanto antes, como después de la resolución del Tribunal Internacional, los artículos de opinión de El País siguieron esa línea de insinuar que se estaba produciendo un genocidio:

Cabe destacar que la petición de la Corte Internacional de que Hamás liberara los rehenes, no encontró su titular, ni su bajada.

Existe también en los titulares de El País una tendencia a alterar el orden temporal de la noticia, situando siempre a Israel como sujeto activo de la agresión a pesar de que la acción esté siendo una respuesta. Esto vuelve a borrar la responsabilidad de los grupos terroristas en la escalada bélica.

Por ejemplo, el 1 de diciembre, El País titulaba:

Pero si uno se adentraba en la noticia, tal y como estaba redactada en las primeras horas, uno podía descubrir que la iniciativa del ataque la tomó Hamás:

Por algún motivo, el texto fue posteriormente editado, y lo que en un principio era una información objetiva, se convertía después en una versión israelí en la que el lanzamiento del cohete parece un evento secundario, menos relevante que el sonido de las alarmas.

Un curioso cambio que parecía apostar a la línea de poner en duda toda versión israelí y difuminar cualquier responsabilidad de Hamás.

Otro caso, más anecdótico a pesar de lo trágico, pero que ilustra bien lo fácil que resulta tergiversar una noticia fue el del policía israelí Yuval Doron Castelman que acababa de abatir a dos terroristas palestinos atacando una parada de autobús y al que mató un reservista israelí. El titular afirmaba que “un soldado ultra” lo “tomó por palestino”. El problema es que no lo confundió con un “palestino”, sino con un terrorista. Palabra aparentemente tabú en El País. Es una distinción clave, ya que lo contrario transmite la idea de que los israelíes van disparando palestinos indiscriminadamente. Por otra parte, cabe preguntarse qué es un “soldado ultra”. ¿Ultra qué?

Probablemente este titular responda más a una torpeza que a una voluntad de tergiversación, pero el hecho de que haya pasado todos los filtros sin que despierte una mínima alarma, demuestra hasta qué punto la inocencia palestina y la demonización israelí están incorporadas y asumidas sin reflexión alguna.

8 – ENTREVISTAS Y OPINIONES

Un aspecto interesante a analizar son los artículos de opinión y algunas de las figuras que fueron entrevistadas a lo largo de estos cinco meses. En su inmensa mayoría, los artículos tienen un marcado sesgo anti israelí, llegando incluso a ser una forma de publicidad encubierta de organizaciones anti israelíes, como vimos en un ejemplo anterior.

No se ahondará detenidamente en este apartado, dado que la opinión es puramente objetiva y cada medio es libre de tener su propia línea editorial; pero sí se ofrecerá pequeña muestra de la falta de pluralidad en las voces que encuentran un espacio en El País.

Ya fue subrayado con anterioridad que los editoriales del medio apenas hacen referencia a Hamás, y cómo incluso podían reducir a caricatura las denuncias de los crímenes salvajes perpetrados por dicho grupo terrorista.

Un artículo de opinión en el que conviene detenerse es el de Lluis Bassets, ex director adjunto del medio y colaborador habitual, publicado el 30 de octubre, que tiene el don de resumir la postura tomada por el diario El País: Hamás es un actor irrelevante en la guerra, a pesar de haberla comenzado con una masacre de magnitudes insólitas, todo recae sobre Israel. Incluso el ataque del 7 de octubre:

Y es la línea que siguen los colaboradores habituales del diario, que encuentran en Netanyahu una sólida piedra sobre la que construir la idea de un Israel perverso y culpable:

Pero El País ampliaba su lectura anti israelí más allá de la crítica a Netanyahu.

En sus textos de opinión conviven fácilmente términos como “masacre”, “genocidio”, “exterminio”, “atrocidades”, “vergüenza”, “excesos”, “destrucción”; todos reservados al actuar israelí. Nunca la misma saña contra el grupo terrorista que inició la guerra. Aquí unos ejemplos:

Son tantos los artículos de opinión contra Israel, que excede este análisis su enumeración; basta ir a los archivos del diario para encontrarlos. Mas, es importante destacar uno publicado el 17 de noviembre por lo absurdo, casi infantil, y por cómo emplea una terminología “woke” de “interseccionalidad” que busca dividir el mundo en problemas de racismo y colonialismo. En esa línea, el artículo tilda a Israel de “colonialismo brutal” en Gaza y denuncia que “persigue a gente de piel oscura”. Parece mentira que haya que explicar que los israelíes tienen todo tipo de pigmentación de piel y que el 7 de octubre no había un solo soldado israelí ocupando Gaza:

9 – VERSIÓN ISRAELÍ

A pesar de dedicarle un espacio indiscutiblemente menor, el diario también se acercó al punto de vista israelí a través de artículos informativos y de opinión. En gran medida, estos artículos, más asépticos que los mencionados previamente, consistieron en narraciones de algunos secuestrados liberados, algunas víctimas, sobre los entierros y de voces israelíes o judías críticas… con el gobierno israelí. Las narraciones de las víctimas y sus familias fueron numerosas. El tono de los titulares es meramente informativo y no incluyen palabras cargadas emocional o ideológicamente, a menos que vayan dirigidas contra el gobierno israelí.

Es llamativo que incluso entrevistando o dándole su tribuna a figuras que explican muy bien la situación actual desde un sionismo desacomplejado, los titulares decidieron destacar sus críticas a Netanyahu.

Es menester destacar entre estos, dos artículos escritos por, y centrados en, la organización Breaking the Silence, que sirven para criticar a Israel. El País suele traer a colación a esta ONG israelí como referente en múltiples ocasiones. Incluso, alguno de sus periodistas ha viajado en alguna visita organizada por esta organización; pero jamás han encontrado tiempo de aclarar que es una organización cuya credibilidad está notablemente puesta en duda en Israel, y no sólo por sectores de derecha, como alguna vez han dado a entender. Según una investigación del Canal 10, sólo el 20% de sus testimonios se pudieron comprobar:

Son contados los titulares de textos que muestran claramente el sentir mayoritario israelí respecto a Hamás, la guerra y la actitud de la comunidad internacional, sean estos escritos o no por plumas israelíes. Destacamos algunos de los pocos que pudimos encontrar:

Y terminamos este apartado por un insólito artículo en el diario, una opinión que se atrevía a denunciar claramente las violaciones cometidas por Hamás, y que además trataba el auge del antisemitismo. Es el único titular que hemos podido encontrar que aborde abiertamente las violaciones de Hamás y el silencio al respecto:

10 – ANTISEMITISMO

El último artículo arriba mencionado aludía al “auge del antisemitismo”, un fenómeno mundial que se ha multiplicado desde el 7 de octubre de manera exponencial y que también encontró su espacio en el diario. Todas las comunidades judías del mundo se han visto golpeadas por ese fenómeno, y eso, sumado al terrible shock de Israel agredida de forma tan brutal, sin duda ha abierto viejas heridas y despertado fantasmas que parecían dormidos en la casi totalidad de los judíos. Sería esperable, ante un tema tan doloroso y profundo, que El País, que siempre se ha vanagloriado de su sensibilidad a la cuestión del antisemitismo, lo hubiera tratado con la delicadeza y la hondura requerida.

El diario decidió emborronar también esta seña de identidad y, por un lado, le dedicó un editorial, en el que diluía el fenómeno mezclándolo con la islamofobia:

Sin duda la islamofobia es un fenómeno preocupante y que debe ser denunciado, pero son las instituciones judías en todo el mundo las que requieren la protección de las fuerzas de seguridad en este momento.

No se ven hordas de judíos por el mundo acosando y persiguiendo a estudiantes musulmanes. No se producen múltiples manifestaciones semanales por el mundo en las que se escuchan cánticos pidiendo la extinción de los musulmanes frente a mezquitas o centros culturales islámicos. Cuando multitudes enfurecidas toman un aeropuerto es para perseguir judíos, no musulmanes. Son estrellas de David las insignias distintivas que se dibujan en puertas de negocios y particulares del mundo occidental como marcas que presagian una ominosa acción posterior. La islamofobia no cuenta con el aplauso de estudiantes que se dicen progresistas, ni con la complicidad de intelectuales y medios mayoritarios. Ese es un lujo específico del antisemitismo, que goza ahora mismo de excelente salud. El único odio que cuenta con el beneplácito de intelectuales y políticos marchando a las cabezas de manifestaciones que llaman al exterminio del único país en el que son mayoría.

Que la mayor masacre de judíos desde el Holocausto haya servido para un aumento sin precedentes en los actos judeófobos alrededor del planeta, deja claro que lo que se está escenificando en los países occidentales no es la reivindicación de los derechos de los palestinos.

Y en ese sentido, es especialmente descorazonador que El País, que antaño se esforzó en mantener una sensibilidad al tema, haya renunciado a ese camino en post de una agenda política y que, incluso autores con profundo conocimiento y sensibilidad respecto a la Shoah, como es Guillermo Altares, deformen el sentir israelí y judío en su comparación del 7 de octubre con el Holocausto:

Evidentemente los judíos saben distinguir entre un genocidio industrial con 6 millones de víctimas y una matanza puntual con 1.200 asesinados. Pero existe una conexión emocional entre ambos hechos, y es que el 7 de octubre vino a despertar el fantasma de la vulnerabilidad judía.

Israel, precisamente el lugar en el que los judíos por fin podían sentirse en seguridad, sufría una suerte de pogromo de un sadismo inimaginable a manos de quienes buscan su exterminio. Sí, su exterminio. Así especificado no sólo por Hamás, sino también por Hezbollah y por el maestro que mueve los hilos: Irán.

La visión del Israel poderoso, que tanto excita en Occidente, se relativiza bastante cuando se amplía el mapa y se ven las dimensiones del único Estado judío y por quién está rodeado. La amenaza que enfrentan Israel y los judíos es genocida, es existencial, y por ello, es lógico que el acontecimiento más traumático para el pueblo judío desde la Segunda Guerra Mundial haya despertado los miedos de su memoria colectiva y que las imágenes espeluznantes hayan reabierto la herida de un trauma generacional. Esto sumado a la ola de antisemitismo mundial y el desprecio al sufrimiento israelí.

Por supuesto, existen distintas y legítimas lecturas de dicha analogía, pero que sea precisamente desde El País desde donde se viene a decirles a los judíos cómo deben sentirse y que “dejen en paz el Holocausto”, junto a una imagen de víctimas palestinas en Gaza, es como mínimo de muy dudosa comprensión del 7 de octubre, de la guerra actual y de la esencia de la Shoah.

El País reincidiría más tarde en esa idea de que los judíos no tienen derecho a sentir lo que sienten y en comparar las víctimas del Holocausto con las víctimas palestinas de la guerra iniciada por Hamás:

* Si algún lector está interesado en este tema, aquí adjuntamos este enlace que explica, de la mano de dos estudiosos del Holocausto, el porqué de la comparación, y su legitimidad en el sentir del pueblo judío:

https://theconversation.com/holocaust-comparisons-are-overused-but-in-the-case-of-hamas-oct-7-attack-on-israel-they-may-reflect-more-than-just-the-emotional-response-of-a-traumatized-people-218009

Y si, por un lado, El País diluye la intensidad del problema y del miedo, por otro, ridiculiza la acusación de antisemitismo, alegando que es un modo para evitar la crítica legítima al estado de Israel. Es ese un argumento que, a pesar de no sostenerse, es de los más recurrentes en redes sociales y discusiones de cafetería. Y hoy ya ha tomado las páginas de opinión del que antaño fuera el diario más leído y prestigioso de España:

Hasta tal punto está el diario lejos de la sensibilidad requerida para tratar este tema, que incluso publica un editorial loando a Claudine Gay, la rectora de Harvard que preguntada si “llamar al genocidio de judíos” violaba el código de su universidad, respondió “depende del contexto”. Esa es “la rectora valiente” de El País.

Estas argumentaciones tramposas alegan que toda crítica a Israel es considerada antisemita con el fin de silenciarlas. Pero es mentira. Basta sólo con echar un ojo a los medios israelíes y judíos alrededor del mundo y descubrirán de dónde pueden salir las críticas más feroces al gobierno de turno del estado de Israel, dándole la razón al viejo chiste de “dos judíos, tres opiniones”. La diferencia reside en que el israelí que critica a su gobierno, sabe de qué habla, conoce su país y entiende su sociedad lejos de los maniqueísmos demonizadores en los que nadan los lectores de El País. Privados del derecho a una plena información, apenas pueden acceder al sentir mayoritario de una sociedad democrática y plural.

Y es que ampararse en la crítica legítima para repetir bulos deshumanizadores y negar así el derecho de autodeterminación al pueblo judío, es antisemitismo (y así está recogido por organismos internacionales). Demonizar, deslegitimar y emplear doble estándares hacia Israel es antisemitismo, como explicó Nathan Sharansky.

Pero los antisemitas le tienen más miedo a la palabra que a serlo ellos mismos.

ZEITGEIST EL PAÍS

Como se explicara al principio de este análisis, el titular es la clave para que el lector tenga su marco de comprensión de la noticia. La revisión de los titulares de El País nos permite entender el “espíritu de los tiempos” de dicho medio. Y en el tema concreto de la guerra entre Hamás e Israel, el sesgo informativo parece muy evidente. Israel es sistemáticamente sujeto de toda acción, incluso de las que están dirigidas contra él. No hay apenas condenas claras o contundentes a Hamás. Ninguna empatía hacia las víctimas israelíes del 7 de octubre; y el sadismo de los verdugos es sistemáticamente diluido, cuando no ocultado. Todo el léxico de brutalidad le es reservado a Israel, a quien se vincula con “matanza de civiles”, “ataques indiscriminados”, “genocidio”, “extremistas”, “violación de leyes internacionales”, etc…

Sin embargo, se destacan en portadas y grandes titulares las cifras de Hamás de víctimas, pero sin especificar que provienen precisamente de este grupo terrorista, revistiéndolas de cierta credibilidad con el recurso de “las autoridades sanitarias de la Franja”. Sus versiones de los hechos saltan a los titulares sin ser corroboradas y sin incluir las de los israelíes.

Cuando Israel muestra alguna prueba contundente de no ser responsable de alguna acción, El País deja su corrección (si realmente la hay) sin culpables claros o bien recurre al “ambas partes se acusan mutuamente”. En el medio español, el estado judío debe probar su inocencia más allá de toda duda razonable. Y aún así…

En definitiva, es prácticamente imposible, leyendo El País, formarse una idea del sentir mayoritario israelí, y de la amenaza vital y salvaje a la que se enfrenta. Y es imposible también comprender ni someramente la herida profunda que el 7 de octubre ha dejado en la práctica totalidad de los judíos alrededor del mundo, golpeados y abandonados por aquellos que dicen defender los derechos humanos.

Para este reporte se han seleccionado las informaciones que mejor ilustraban el análisis, pero quien desee corroborarlo o rebatirlo, puede acceder a este enlace, en el que encontrará la práctica totalidad de los textos al respecto publicados por el diario.

A modo de final, se adjuntan capturas de pantalla de la web de El País, de ese mismo enlace, en los que titulares y fotografías muestran el zeitgeist del medio.

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