El ente público español de radio y televisión parece ya no tener nada que ver con la lógica de los hechos ni con el orden de la razón. Ni, claro está, con la cronología, ni con la integridad profesional, deontológica. Hamás, así, es fuente fiable, e Israel no tiene siquiera voz
El Meir Amit Intelligence and Terrorism Information Center examinó las identidades de 266 palestinos que fueron identificados como periodistas o trabajadores de prensa muertos en combates: al menos 157 de ellos eran operativos o afiliados a organizaciones terroristas
Desde 1948 en adelante, esta adaptación del libelo de sangre se ha utilizado sistemáticamente contra Israel. Pero ha sido a partir de octubre de 2023 cuando esta acusación se desparramó, legitimada, y colonizó casi cada aspecto de la vida política y civil occidental
“Según el Ministerio de Sanidad de Gaza”. “Según el gobierno de Gaza”. “La autoridad local [de Gaza”], son algunos de las etiquetas que disimulan al culto genocida Hamás detrás de las afirmaciones que hacen tantos medios, ONG, virtuosos del oportunismo, prejuiciados y tontainas de amplio espectro
Tiempos estercoleros, estos. Tiempos en los que el “bajo costo” ha devenido bajo raciocinio y alto prejuicio; en que la alta política ha caído en las bajezas clásicas del populismo y sus traiciones
Mencionar un título, un cargo. Relacionarlo con un informe. Afirmar lo de siempre porque lo dice la poseedora de ese título y autora de ese informe. Es decir, un acto de auto-validación. Eso hacía el diario El País en un texto escueto, aunque suficiente para incidir en lo de siempre: demonización y deslegitimación.
Es sencillo tomar a la audiencia de las narices y conducirla hacia la “opinión”, hacia la “realidad” deseada. Basta un titular que funcione como clave de interpretación; un destacado y primer párrafo que expliquen ese código, como para que no quede lugar a dudas; y las omisiones que sostengan el andamiaje