Hamás, para que la audiencia digiera la desinformación que se le suministra, evidentemente no puede ser presentado como lo que es, como lo que no se molesta en disimular. Para eso ya cuenta con numerosos medios occidentales
¿Qué palabra utilizar a esta altura para que se entienda? Para que se comprenda de una vez una parte sustancial de aquello que practica una buena parte de los medios de comunicación - la promoción de una “narrativa”; la difusión “dignificada” como periodismo de un prejuicio, de una denigración. Esto es, el ocultamiento de una parte considerable, y conspicua, de la realidad que se dice tratar
No sólo es hora de tomar lo que afirmen los medios con pinzas, sino definir correctamente las actividades de una buena parte de ellos: Es propaganda, no es información. Y es propaganda antidemocrática y antioccidental.
El ente público español de radio y televisión parece ya no tener nada que ver con la lógica de los hechos ni con el orden de la razón. Ni, claro está, con la cronología, ni con la integridad profesional, deontológica. Hamás, así, es fuente fiable, e Israel no tiene siquiera voz
El titular es un elemento central para enmarcar un tema. De entrada reduce el abanico de posibles interpretaciones e invoca ideas y conceptos concretos incluso antes de que la persona haya empezado a leer la historia. Los titulares preparan el escenario para la forma en que se lee la historia y establecen el marco de referencia desde el que se perciben los hechos
El Meir Amit Intelligence and Terrorism Information Center examinó las identidades de 266 palestinos que fueron identificados como periodistas o trabajadores de prensa muertos en combates: al menos 157 de ellos eran operativos o afiliados a organizaciones terroristas
Según The Telegraph, Hamás acaparó u ocultó leche infantil con el propósito de provocar una crisis alimentaria que, a través del aumento de la inseguridad alimentaria, condujera a mayor presión internacional sobre Israel. En medios en español... Nada.
La forma más sencilla de elaborar el cuentito de esta caperucita islamista que lanza ataques genocidas, que viola, mutila y secuestra – bien financiada por la saludable abuelita catarí e iraní -, es precisamente obviarlo todo. Censurarlo. Borrarlo del registro de la realidad. Construir, para ello, otra “realidad”
La sumatoria de omisiones hace que el medio resulte ser “menos una ventana a la realidad que un escenario en el que... representan ficciones guionadas e interesadas”.
Desde 1948 en adelante, esta adaptación del libelo de sangre se ha utilizado sistemáticamente contra Israel. Pero ha sido a partir de octubre de 2023 cuando esta acusación se desparramó, legitimada, y colonizó casi cada aspecto de la vida política y civil occidental