Lectura o reseña del libro "Sufro, luego existo", de Pascal Bruckner. El filósofo francés "aborda el culto al dolor, que, impregnado de amargura, ensalza la figura del mártir y alimenta las dos grandes pasiones contemporáneas: el resentimiento y la venganza".
Las urgencias y las relevancias cambian según el ojo que las considere o el interés que las promueva o explote. Al menos, eso se desprende del escaso interés que ha suscitado en tantos medios, redes sociales y organizaciones que convocan a las indignaciones de turno, la suspensión del fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, Karim Khan, tras una investigación sobre las denuncias de abusos sexuales
Alterar la cronología de los sucesos es un buen método para adjudicar o condonar responsabilidades. En este caso, de Hizbulá e Irán. Otra, es la difuminación de esos mismos hechos – léxico y omisiones mediante; la forma de enmarcarlos para la audiencia. Una versión de todo ello podía verse en la cobertura de La Vanguardia
La agencia de noticias española Efe pretendía dar una imagen entre aventurera y contestataria-humanitaria de la “flotilla” a Gaza, mientras omitía información esencial sobre el marco legal del bloqueo naval y sobre la naturaleza de los grupos implicados en la iniciativa
Hay crónicas que se parecen a una vieja radio: mucha estática que deja pasar unas pocas palabras, una sucinta “imagen” que no falla a la hora de enmarcar negativamente a Israel. Precisamente, la mayoría de los marcos se definen justamente por lo que omiten.
Cada vez es más fácil escribir una crónica sobre el conflicto entre los grupos terroristas palestinos e Israel. Basta con una sola fuente – palestina o inclinada a tal punto de vista ideológico -, y poco más. Y, claro está, la censura necesaria. En este caso, de las violaciones sistemáticas por parte de Hamás y otras organizaciones palestinas del alto el fuego
La Cadena Ser omitía un hecho central para entender el asunto que se trataba. Además, utilizaba un lenguaje emocionalmente cargado, que señalaba negativamente a Israel
Sin contexto, las declaraciones y los hechos son apenas instantes inconexos que, no permitiendo, su comprensión, autorizan prácticamente cualquier interpretación