La prensa es una máquina de disponibilidad; esto es, “ofrece anécdotas que alimentan nuestra impresión de lo que es común de tal manera que está garantizado que será engañosa”. La esmirriada porción por el todo. Cuando no, directamente, el pseudoacontecimiento, la fabricación, por la realidad
El relativismo cultural, comentaba Sebreli, “ha conseguido imponerse en una época muy sensible al igualitarismo, porque tiene todas las apariencias de ser la posición más igualitaria, justa, democrática, pluralista, tolerante y humana, ya que otorga el mismo valor a los débiles y a los fuertes, rechaza toda jerarquía de valores... [Pero] el supuesto pluralismo no es sino una pluralidad de etnocentrismos; la tolerancia significa tolerar a los intolerantes; el igualitarismo, aceptar a los que sostienen la desigualdad; ... el respeto incondicionado por los otros, respetar a los que no respetan al otro”. De ese modo se llega a la actitud contradictoria de aceptar en las culturas ajenas los prejuicios que se desacreditan en la propia.
La diferencia entre la pretensión del “así eran los periodistas palestinos” del medio 20minutos (25 de agosto de 2025) y cómo realmente eran, radica en cómo quería el medio que sean vistos por su público: no por los sujetos en sí, sino por cómo esa incompletísima y torpemente ensalzada descripción retrataba, por contraste, a Israel
“Según el Ministerio de Sanidad de Gaza”. “Según el gobierno de Gaza”. “La autoridad local [de Gaza”], son algunos de las etiquetas que disimulan al culto genocida Hamás detrás de las afirmaciones que hacen tantos medios, ONG, virtuosos del oportunismo, prejuiciados y tontainas de amplio espectro
Esto es ya más un acto dirigido a la hemeroteca que algún día recuerde la infamia en la que tantos medios cayeron, o más bien, se dejaron caer tan gustosamente. Porque el presente de El País es el de la “post vergüenza”, el del desprecio de la labor que dice llevar a cabo
Tiempos estercoleros, estos. Tiempos en los que el “bajo costo” ha devenido bajo raciocinio y alto prejuicio; en que la alta política ha caído en las bajezas clásicas del populismo y sus traiciones
¿Por qué en este tipo de artículos Hamás sólo aparece como aséptico gestor de hospitales o fuente de cifras, nunca como el grupo terrorista responsable de la tragedia humanitaria que su propio accionar provoca?
Mencionar un título, un cargo. Relacionarlo con un informe. Afirmar lo de siempre porque lo dice la poseedora de ese título y autora de ese informe. Es decir, un acto de auto-validación. Eso hacía el diario El País en un texto escueto, aunque suficiente para incidir en lo de siempre: demonización y deslegitimación.