Si los medios dicen “x” sobre Israel, más vale examinar qué hay, realmente, sobre el asunto

Mucho se le dijo al lector desde los medios en español sobre la designación, a fines de octubre pasado, por parte de Israel, de seis organizaciones no gubernamentales palestinas como terroristas por estar vinculadas al grupo terrorista Frente Popular para la Liberación de Palestina. Mucho, sí, pero con poca o ninguna sustancia, más allá de las insinuaciones habituales, las opiniones sin argumento que sirven para desechar hechos y crear la “realidad” que conviene al encuadre del conflicto, o, más bien, al encuadre negativo de uno de sus actores.

Se dijo, o se sugirió, citando selectivamente, que no había pruebas de tal vinculación. Que era parte de la “política israelí de opresión” – o algo por el estilo, que la idea reiterada es esa. Que patatín y patatán. Ello, mientras le daban la espalda a la informacióndisponible no sólo a raíz de esa decisión, sino con mucha anterioridad. Bueno, como siempre, después todo.

Desde ese 22 de octubre de 2021 los medios publicaron mucho para decir poco sobre los hechos y mucho sobre lo que opinaban – o pretendían que opinaran sus lectores. Mucho de intención ideológica: deseo de transformar la realidad en un prejuicio contra un Estado en concreto.

Pero la realidad, por mucho que se crea, o se la quiera maleable, permanece inmutable, fiel a sí misma, no por una moralidad intrínseca, que no la tiene, sino por una obediencia a la naturaleza de los hechos. La Unión Europea, por ejemplo, dio con esa persistencia como de roca. Así, a una pregunta parlamentaria con solicitud de respuesta escrita, ese órgano comunitario decía (actualizado el 8 de enero de 2022) que:

“La Comisión ha suspendido la financiación de la UE a Al-Haq y ha dado instrucciones a Oxfam para que reduzca la financiación de la Unión de Comités de Trabajo Agrícola hasta que se aclare la situación”.

Ahora, bien, si con anterioridad se sostenía que no había pruebas, o que estas eran endebles, o que, incluso, eran o parecían ser casi una fabricación, cómo es posible que la Comisión de la Unión Europea tomara esta decisión. ¿Quizás porque la evidencia es más sustancial y convincente de lo que se aparentaba en las coberturas? ¿Quizás porque esta información no es del todo novedosa?

¿Quizás por ello los medios en español ignoraron esta noticia?

Un poco antes, el gobierno holandés había tomado una resolución en este mismo sentido respecto de una de las ONG designadas terroristas. Lo hacía como a veces lo hacen los niños pequeños, diciendo que no, que no es así, pero que sí, que evidentemente es así como es:

“‘El examen externo externa muestra que no se han encontrado pruebas de flujos financieros entre el UAWC y el FPLP. Tampoco se ha encontrado ninguna prueba de unidad organizativa entre el UAWC y el FPLP ni de que el FPLP haya proporcionado dirección al UAWC’, escribieron el ministro de Asuntos Exteriores, Ben Knapen, y el ministro de Comercio Exterior, Tom de Brujin.

Sin embargo, los investigadores externos encontraron algunas coincidencias entre los miembros de ambas organizaciones.

‘Había vínculos a nivel individual entre el personal y los miembros de la junta directiva de la UAWC y el FPLP durante un tiempo considerable. El gran número de miembros de la junta directiva de la UAWC que desempeñan funciones en ambas organizaciones es motivo de especial preocupación‘, escribieron los dos ministros holandeses”.

A título personal… Pero, mire ustedpreocupante; por aquello de numeroso del solapamiento de personal entre una y otra organización, y por aquello de que una de las organizaciones, – minucias, ya se sabe -, es considerada terrorista por la propia Unión Europea.

Decía Karl Popper en alguna parte que “la verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de negarse a adquirirlos”. Acaso por ello, medios de comunicación en español le nieguen la posibilidad a sus audiencias de adquirir conocimiento, de llegar a un entendimiento, construido sobre bases más sólidas que las de las emociones rebajadas a mero elemento para el comercio de las ideologías sin argumento: es decir, de los prejuicios.

Aquello de “periodismo de calidad” tiene cada vez más la cualidad de la inexistente Ciudad de los Césares: una utopía, una quimera; una mera distracción para incautos. Lo que parece haber detrás de esa promesa de “calidad” es una versión disminuida de Kane diciendo aquella pretensión:

“People will think what I tell them to think” (“La gente pensará lo que yo le diga que piense”)

Mientras, se pasean, de cobertura en cobertura, como ante el reflejo orgulloso de su imaginada “altura moral”.