De fronteras, límites y territorios

“Es de público conocimiento que Palestina no es otra cosa que Siria del Sur”, Ahmed Shukeiry, uno de los fundadores de la OLP y su primer presidente, en 1956 (Syrkin)

frontera.

(De frontero).

1. f. Confín de un Estado. (Diccionario RAE)

En el libro Peace in the Middle East, The challenge for Israel, editado por Efraim Karsh (professor Emértito de Estudios Mediorientales y del Mediterráneo en el King’s College), un artículoanalítico – The boundaries of Peace; Las fronteras de la paz – basado mayormente en las investigaciones y el estudio de campo llevado a campos por miembros del cuerpo académicio y graduados del Departamento de Geografía de la Universidad de Tel Aviv, que el problema más difícil, sino el másespinoso, al que se enfrenta el proceso de paz israelí-palestino, es la delimitación de las fronteras de la paz.

Las mismas que medios, organismos internacionales, ONG y más de un diplomático, se apresuran en dar por fijadas, “otorgando” así, titularidad de territorios.

Mas, el artículo, firmado por el profesor Moshe Brawer, decía que esas fronteras de la paz son las que, según la resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU, proveeran a Israel con “fronteras seguras y reconocidas y libres de amenazas o actos de fuerza”. Algo que aún no se ha materializado, aunque muchos se apresuren a otorgar lo que no ha sido negociado, extendiendo, como se mencionara recién“títulos de propiedad” con el encabezamiento de “territorios palestinos”.

En dicho texto se explicaba, a su vez, que la frontera entre Israel y Egipto se delineó originalmente en 1906 como la frontera entre los Imperios británico y otomano, y fue impuesta por los ingleses a los turcos para garantizarle a Gran Bretaña el control total de la península del Sinaí. La misma, permaneció inalterada durante el control inglés de la Palestina geográfica. Y resaltaban que, al momento de crear esa frontera, no había habitantes sedentarios en la región desértica que la atraviesa, excepto por una pequeña villa, Rafah, cerca de su extremo norte y del Mediterráneo.
Mapa del Imperio Otomano
Por otra parte, en 1922 el gobierno británico decidió crear Transjordania (ahora Jordania) y separarla del resto del Mandato Palestino. En su momento, se trató, en realidad, de una frontera interna entre dos territorios administrados por los británicos, que atravesaba áreas prácticamente deshabitadas.
Límites en el sistema de Mandatos
La tercera parte de estas fronteras coloniales es la que separaba al Mandato del Líbano y Siria, que recibió su forma final en 1923, luego de negociaciones entre franceses e ingleses.
Ya en 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas, a través de la resolución 181, recomendaba la partición del Mandato británico de Palestina (su parte occidental, puesto que la oriental había sido concedida a la dinastía hachemita) en dos estados independientes: “un estado árabe [no palestino] y un estado judío…”, que obtuvo la aprobación de la Comunidad Judía en el Mandato de Palestina. De esta manera, volvía a violarse lo estipulado por el Mandato: la creación de un estado judío – “Hogar Nacional judío” – en todo el territorio del mismo (véase más abajo).

Pero, “los Estados árabes no sólo votaron en contra de la partición, sino que inicialmente sostuvieron que era inválida. Es por lo tanto significativo [sic] que subsecuentemente la hayan invocado para presentar sus argumentos legales a favor de los palestinos…”, tal como citaba textualmente Julius Stone (Israel and Palestine: Assault on the Law of Nations), renombrado jurista australiano, a los autores del informe An Internacional Law Analysis of the Major United Nations Resolutions Concerning the Palestine Question.

Por tanto, fueron los propios estados árabes (y los líderes árabes-palestinos) los que impidieron el establecimiento de un nuevo estado árabe en la región

La guerra lanzada en 1948 por lo árabes para acabar con el (para exterminar al) recién nacido Estado de Israel – así como las posteriores guerras de agresión árabes (1967; 1973) – dio lugar a nuevos límites (con el estatuto oficial de líneas de armisticio, de alto el fuego, etc., pero no de fronteras), que permanecen en vigor. De esta manera, la línea de armisticio de 1949 entre Jordania e Israel se convirtió en la línea de alto el fuego luego de la guerra de los Seis Días, en 1967.

En el caso de Egipto, la línea de armisitico de 1949 con Israel creó la Franja de Gaza, una protuberancia de territorio ocupado por los egipcios – con Gaza como su centro urbano. Una línea que permaneció de manera casi idéntica en los Acuerdos de Oslo (que le otorgaban autononmía a la Franja).
“Cisjordania” (o “Margen occidental” – del río Jordán) –Judea y Samaria

Eric Rozenman, director de la oficina de Washington de CAMERA (‘Occupied’ or ‘Disputed’ Depends on Israel’s involvement, 10 de abril de 2012), señalaba Cisjordania era ampliamente conocida como Judea y Samaria hasta la ocupación ilegal (fruto de una guerra de agresión) jordana luego de la guerra de independencia israelí de 1948-49. Rozenman resume la situación de la siguiente manera:

“‘Ocupado’ versus ‘disputado’ puede ser una repetición de la práctica mediática de definir ‘militante’ versus ‘terrorista’. En ambos casos, cuando se trata de Israel, los enemigos y oponentes del estado judío tienen el beneficio de la duda”.

Eufemismo versus disfemismo; según Israel sea el sujeto o el predicado de una acción. El propio Rozenman decía que el lenguaje refleja las suposiciones; unos supuestos que a veces reflejan hechos subyacentes, y en otras ocasiones, develan un sesgo inherente.

Dore Gold, Director General del Ministerio de Exteriores de Israel y ex presidente del Jerusalem Centre for Public Affairs, sostenía en 2001 (Occupied Territories or Disputed Territories?) que describir esos territorios (Judea y Samaria) como “palestinos” puede servir a la agenda política de los palestinos, pero predetermina el resultado de futuras negociaciones territoriales que fueron previstas por la resolución 242 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. También comentaba que los palestinos, al invocar repetidamente la “ocupación”, han logrado revertir la causalidad del conflicto, especialmente frente a las audiencias occidentales.

Y agregaba:

“También sirve al esfuerzo palestino presente de obtener ratificación internacional a sus demandas y a la total denegación de los derechos israelíes fundamentales en cada foro internacional. Sería mucho más exacto describir a Cisjordania… como ‘territorio en disputa’, sobre el que, tanto israelíes como palestinos, tienen reivindicaciones”.

De hecho, para algunos especialistas en derecho internacional, como Jeffrey Helmreich (Diplomatic and Legal Aspects of the Settlement Issue):

Cisjordania y Gaza son territorios en disputa, y no ocupados; y tanto israelíes como palestinos ejercen reclamos legítimos e históricos. Nunca existió una soberanía palestina ni en Cisjordania ni en Gaza antes de 1967… El territorio de Cisjordania y Gaza fue capturado por Israel en una guerra defensiva, que en este siglo fue un medio legal para la adquisición de territorio.”

En cuanto a sus límites (la famosa Línea Verde), éstos fueron producto del armisticio entre israelíes y jordanos en 1949. Fue esta misma línea, artificial – y consecuencia, reiteramos, de la agresión de estados árabes contra Israel – la que dividió a la ciudad de Jerusalén (basándose exclusivamente en las posiciones que cada uno mantenía cuando terminó la guerra). En su libro Israel and Palestine: Assault on the Law of Nations, Julius Stone, renombrado jurista australiano, exponía:

“…de 1950 a 1967, durante la continuada e ilegal ocupación de Jerusalén Este por Jordania, la Asamblea General de las Naciones Unidas no aprobó nuevas resoluciones pidiendo (o incluso recordando) por la entidad corpus separatum”.

Pero, volviendo a la Línea Verde, Dore Goldexplicaba que:

Debido a la insistencia de Jordania, la Línea de Armisticio de 1949, que constituía el límite entre Israel y Jordania hasta 1967, no fue reconocida como una frontera internacional, sino simplemente como una línea que separaba a los ejércitos”. (Artículo II.2)

También Robbie Sabel en su ensayo International Legal Issues of the Arab-Israeli Conflict: An Israeli Lawyer’s Position, señalaba que los estados árabes insistieron en no darle el estatus de frontera permanente.

De hecho, la resolución 242 del Consejo de Seguridad, luego de que Jordania perdiera el territorio que ocupaba ilegalmente – pues lo hacía fruto de una agresión -, y al que había denominado Cisjordania; y Egipto el de Gaza. La resolución decía:

1. Afirma que el acatamiento de los principios de la Carta requiere que se establezca una paz justa y duradera en el Próximo Oriente, la cual incluya la aplicación de los dos principios siguientes:

1) Retirada de las fuerzas armadas israelíes de territorios que ocuparon durante el reciente conflicto

2) Terminación de todas las situaciones de beligerancia o alegaciones de su existencia, y respeto y reconocimiento de la soberanía, integridad territorial e independencia política de todos los Estados de la zona y de su derecho a vivir en paz dentro de fronteras seguras y reconocidas y libres de amenaza o actos de fuerza

3. Pide al Secretario General que designe un Representante Especial que marche al Próximo Oriente, para establecer y mantener contactos con los Estados interesados a fin de promover un acuerdo y de ayudar en los esfuerzos para lograr una solución pacífica y aceptada, de acuerdo con las disposiciones y principios de la presente resolución.

Es decir, esta resolución no preveía la retirada total de Israel de los territorios que habían estado bajo ocupación jordana y egipcia. Y, además, al mencionar “ una solución pacífica y aceptada, evidentemente se refería una solución alcanzada a través de negociaciones y acuerdos. Algo a lo que los liderazgos palestino y árabe le dieron la espalda (con los famosos tres ‘No‘ de Jartum: “no a la paz, no al reconocimiento [de Israel] y no a las negociaciones” con Israel).

Lord Caradon, que fue el representante permanente del Reino Unido ante las Naciones Unidas entre 1964 y 1970, y uno de los principales redactores de la Resolución 242 declaró(Journal of Palestine Studies, “An Interview with Lord Caradon,” Spring – Summer 1976, pgs 144-45):

“Podría haber dicho: bien, puede volver a la línea de 1967. Pero conozco la línea de 1967, y sé que está corrompida. No se podría tener una peor línea para una frontera internacional permanente. Es donde las tropas se encontraban en cierta noche en 1948. No tiene ninguna relación con las necesidades de la situación.

De haber dicho que tenían que volver a la línea de 1967, cosa que habría sucedido si hubiésemos especificado una retirada de todos los territorios ocupados, habríamos estado equivocados”.

El jurista y vicesecretario de Estado para asuntos políticos (1966-1969), Eugene Rostow, quien ayudó a redactar la resolución 242 explicó en el The Wall Street Journal (Peace still depends on the two Palestines) del 27 de abril de 1988 explicaba que la resolución 242 establece 3 principios sobre el aspecto territorial del proceso de establecimiento de la paz :

1) Israel puede ocupar y administrar los territorios que ocupó durante la Guerra de los Seis Días hasta que los árabes acuerden la paz.

2) Cuando se alcance un acuerdo de paz, deben delinear fronteras “seguras y reconocidas” a las que Israel pueda retirarse.

3) Esas fronteras pueden diferir de las Líneas de Demarcación del Armisticio de 1949.

Además sostenía (The Future of Palestine, 1993) que la ocupación puede finalizarse, en palabras de la resolución 242, sólo cuando las partes hayan establecido una “paz justa y duradera en Medio Oriente”. Y contextualizaba:

“La norma no es una declaración abstracta de un principio legal. Refleja la amarga experiencia no sólo de Israel, sino también de Gran Bretaña, Estados Unidos y de Dag Hammarskjod, ex Secretario General de la ONU… [que] persuadieron a Israel a que se retirara del desierto del Sinaí en 1957 a cambio de la promesa de Nasser de mantener abiertos al tráfico naviero israelí el Canal de Suez y los Estrechos de Tirán; detener todos los ataques de guerrilla contra Israel desde territorio Egipcio y hacer la paz. Todas esas promesas fueron incumplidas. Esa historia es la fuente de la primera de las dos disposiciones territoriales de la resolución 242, que los israelíes no están obligados a retirarse de ninguna parte de los territorios ocupados hasta que cada uno de los estados árabes haga la paz. Y la palabra ‘paz’ en la resolución 242 significa una paz plena y formal, no meramente el abandono de todas las demandas de los derechos de beligerancia”.

La segunda provisión territorial, amplía Rostow, indica que en tanto Israel debe retirarse de algunos de los territorios ocupados en 1967, no es necesario que lo haga de todos esos territorios. Así, la extensión de la retirada de Israel debía ser una cuestión negociada entre las partes.

Y mantenía que, ya que los acuerdos de armisticio de 1949 expresamente disponen que las Líneas de Demarcación del Armisticio no son límites (fronteras), sino que pueden modificarse mediante acuerdo cuando las partes avancen del armisticio a la paz. Así pues, el argumento contra la provisión sobre la retirada contenida en la resolución 242 – es decir, el argumento de que la retirada debe ser total – no tiene fundamento legal ni histórico.

Por su parte, Arthur J. Goldberg, quien fuera representante de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas entre 1965 y 1968 – y con anterioridad, juez de la Corte Suprema de Estados Unidos -, y que también ayudó en la redacción de la resolución 242, sostenía que (U.S. Senate, The Arab-Israeli Dispute, 6, pgs 14-16, citado en Egypt’s Struggle for Peace: Continuity and Change, 1967-1977, Yoram Meital, pg. 50):

“En ningún momento en mis reuniones con el Ministro de relaciones exteriores [egipcio Mahmud] Riad le di una garantía de ese tipo [de una retirada israelí completa]. Habría sido una tontería dar tales garantías, cuando el objeto de la resolución 242 era permitir flexibilidad en las negociaciones de límites territoriales”.

Por su parte, el Barón George Brown, que fue Secretario de Exteriores britántico entre 1966 y 1968.; y que como tal ayudó a redactar la resolución 242, declaró (In My Way, pgs 226-27, citado en el American Journal of International Law, “The illegality of the Arab attack on Israel of October 6, 1973”, Eugene Rostow) que cada lado debe estar preparado para renunciar a algo:

“… la resolución [242] no procura precisamente eso, porque para eso deben ser las negociaciones de paz”.

Flashback

Howard Grief (Legal Rights and Title of Sovereignty of the Jewish People to the Land of Israel and Palestine under International Law) expone que bajo los términos del acuerdo al que llegaron las principales potencias aliadas – Gran Bretaña, Francia, Italia y Japón – luego de la Primera Guerra Mundial, no habría anexión de los territorios turcos conquistados. En su lugar, se colocarían bajo el sistema de Mandatos, y serían administrados por una “Nación avanzada” hasta que estuviesen preparados para auto-gobernarse. El sistema de Mandatos se estableció y fue regido por el Artículo 22 del Pacto de la Liga de las Naciones (1919), contenido en el Tratado de Versalles (1920) y en todos los otros tratados de paz firmados por las potencias centrales – Alemania, Austria, Hungría, Bulgaria y Turquía.
La creación oficial de “Palestina” como entidad política (como parte del Mandato Británico), tuvo lugar en la Conferencia de Paz de San Remo en 1920, donde la Declaración Balfour fue adoptada por el Consejo Supremo de las principales potencias aliadas como la base para la futura administración de Palestina.
“Palestina”
La directora ejecutiva de CAMERA, Andrea Levin, en un artículo– que escribió en 2011 a raíz de la indignación generalizada que suscitaron las declaraciones de Newt Gingrich respecto del origen de los palestinos – señalaba la ausencia de una identidad nacional palestina distintiva aparte de la identidad árabe mayor ha sido afirmada incluso por muchos árabes:
“George Antonius, un historiador árabe, se asegura de que no haya ningún malentendido… en The Arab Awakening (1939): ‘Salvo que se especifique lo contrario, el término Siria será utilizado para denotar el conjunto del país de ese nombre que ahora está dividido en Mandatos de Siria y Líbano (Francia) y Palestina y Transjordania (Gran Bretaña)’”.
“El extremista muftí de Jerusalén se opuso originalmente al Mandato de Palestina sobre la base de que separaba Palestina de Siria; y enfatizó que no existía ninguna diferencia entre los árabes sirios y los palestinos en cuanto a sus características nacionales o costumbres. Aún en mayo de 1947, los representantes árabes le recordaron a la ONU en una declaración formal que ‘Palestina era… parte de la Provincia de SiriaPolíticamente, los árabes palestinos no eran independientes en el sentido de formar una entidad política separada…’” (The Palestinians People, History, Politics;edited byCurtis,Neyer, Waxman and Pollack; 1975, p. 200)
Otros líderes y académicos árabes, refería Levin, han afirmado la inexistencia de una histórica nación palestina distintiva. Uno de los más famosos es el historiador árabe-estadounidense, y profesor de la Universidad de Princeton, Philip Hitti, que testificó contra la partición ante el comité anglo-americano en 1946, quien aseguró que:
No existe tal cosa como ‘Palestina’ en la historia, absolutamente no… [Es] un pequeño punto en la parte sur de la costa este del mar Mediterráneo, rodeado por una vasta mayoría de tierras del territorio árabe musulmán, comenzando con Marruecos, continuando a través de Túnez, Trípoli y Egipto y descendiendo hasta la propia Arabia, luego ascendiendo a Transjordania, Siria, Líbano e Iraq – un sólido bloque árabe parlante…”. (Efraim Karsh, Palestine Betrayed)
Levin señala que quizás la declaración más dramática en este sentido, es la que realizó Azmi Bishara en una entrevista televisadaen 2009:
“Bueno, no creo que exista una nación palestina en absoluto. Creo que existe una nación árabe, siempre pensé así y no he cambiado de idea. No creo que haya una nación palestina, creo que es una invención colonial… ¿Cuándo hubo algún palestino? ¿De dónde vinieron? … Palestina era la parte Sur de la Gran Siria”.
Y, en unas reveladoras declaracionesdurante una entrevista con el diario holandés Trau, el 31 de marzo de 1977, Zahir Muhsein – miembro del Comité Ejecutivo de la OLP –, afirmaba:
“El pueblo palestino no existe. La creación de un Estado Palestino es sólo un medio para continuar la lucha contra el estado de Israel.
En realidad, hoy no existen diferencias entre jordanos, palestinos, sirios y libaneses. Sólo por razones políticas y tácticas hablamos de la existencia de un pueblo palestino, ya que los intereses nacionales árabes demandan que postulemos la existencia de un ‘Pueblo palestino’ distinto para oponerse al sionismo”.
De hecho, la propia Organización para la Liberación Palestina (OLP) fue creadapor la Liga Árabe recién en 1964, durante una Cumbre en Alejandría a instanciasdel presidente egipcio Gamal Abdel Nasser.
Continuandoconlo que exponíaGrief, el documento del Mandato de Palestina establecía:

“En tanto que las principales potencias aliadas han acordado, con el fin de dar cumplimiento a las disposiciones del artículo 22 del Pacto de la Liga de Naciones, confiar a un Mandatario, seleccionado por dichas potencias, la administración del territorio de Palestina, que anteriormente pertenecía al Imperio Turco…”.

“En tanto que las principales potencias aliadas también han acordado que el Mandatario debe ser el responsable de poner en vigor la declaración formulada originalmente el 2 de noviembre de 1917, en la cual el Gobierno de Su Majestad Británica – y aprobado por dichas potencias – a favor de la creación en Palestina de un Hogar Nacional para el pueblo judío, quedando claramente entendido que no debe hacerse nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de comunidades no-judías existentes en Palestina…”.

“En tanto que de este modo se le ha dado reconocimiento a la conexión histórica del pueblo judío con Palestina…”.

Los derechos políticos árabes a la auto-determinación fueron garantizados por la misma Liga de las Naciones en otros cuatro mandatos: en Líbano y Siria (Mandato Francés), Iraq, y, posteriormente, Transjordania (Mandato Británico). Gran parte de Oriente Medio quedaba, así, bajo su jurisdicción. Pero es que, además, si el objetivo árabe era crear un Estado palestino, ¿cómo es que rechazaron la recomendación de la Comisión Peel en 1937 y la de partición de la ONU en 1947; y, luego, cuando Jordania y Egipto se hicieron con el control de Cisjordania y Gaza respectivamente (entre 1949 y 1967), jamás se plantearon crear dicho Estado?

Territorio, ocupación y Altas Partes

Sir Elihu Lauterpacht – que fue consejero legal del Ministerio de Exteriores de Australia – en su trabajo Jerusalem and the Holy Places, Pamphlet No. 19 (1968) señala que:

“… el cambio territorial no puede ocurrir, de manera apropiada, como el resultado de una utilización ‘ilegal’ de la fuerza. Omitir la palabra ‘ilegal’ es cambiar de manera sustantiva el contenido de la norma y transformar una importante salvaguarda de un principio legal en una carta para el agresor. Ya que, si la fuerza no puede utilizarse para efectuar un cambio territorial, entonces, se el territorio cambió de manos una vez como resultado de una utilización ilegal de la fuerza, la ilegitimidad de la posición así establecida se ve esterilizada por la prohibición de la utilización de la fuerza para restaurar al legítimo soberano. Esto no puede considerarse como razonable o correcto”.

En este sentido Ricki Hollander, analista de CAMERA, en un artículo de 2001 aclaraba que:

Cisjordania y Gaza nunca fueron territorio de una Alta Parte Contratante; la ocupación por parte de Jordania y Egipto [respectivamente] a partir de 1948 fue ilegal y ninguno de los dos países tuvo una soberanía legal o reconocida”.

Y es que, si de hecho Cisjordania fuese “territorio ocupado” – es decir, que perteneciera a otra entidad (a una soberanía) y que fue tomado por la fuerza – no tendría sentido negociar nuevas fronteras, tal como señala la resolución 242.

Es más, los propios Acuerdos de Oslo, firmados por los líderes palestinos, estipulan la vía negociada para trazar las fronteras, lo que implica un reconocimiento de la condición de dichos territorios (o parte de ellos): están en disputa.

Pero, claro, lo que está en disputa no permite delinear dicotomías de “buenos” y “malos”, de “oprimido” y “opresor”, en base a titularidades, de desposesiones. La realidad se vuelve menos maleable a las voluntades maniqueístas, y señalar a Israel como el responsable del conflicto, una empresa casi imposible.

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