Entre los ejemplos de antisemitismo contemporáneo que recoge la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA, por sus siglas en inglés) figuran los viejos mitos sobre una supuesta conspiración judía mundial o la idea de que los judíos controlan los medios de comunicación, la economía, los gobiernos o las instituciones clave de la sociedad.
Demasiados medios, “periodistas”, ONG, agencias internacionales y gobiernos actúan hoy como lo hicieron los soviéticos frente al desastre nuclear en Chernóbil: ocultando la nube que avanza. Vociferan y patalean que el problema es Israel, mientras ignoran deliberadamente el islamismo radical promovido por Teherán y Catar; mientras la masacre constante de cristianos en África, a manos de yihadistas, apenas merece cobertura noticiosa, y mucho menos atención diplomática.
Uno de los asuntos centrales que la casi totalidad de los medios de comunicación omiten – o, más bien, censuran – es la retórica genocida, la incitación al odio y la violencia, y su glorificación, por parte de la República Islámica y de líderes y organizaciones palestinas.
Ciertos “expertos” y “periodistas” recurren a las prácticas habituales, intentando censurar, deformar los objetivos y las acciones emprendidas en ese sentido por la República Islámica que, se pretende, es una "víctima" impotente de circunstancias impuestas. Como si no hubiese lanzado una guerra por proxies en 2023...
Nada ha evidenciado tan bien el carácter del apoyo occidental a la llamada “causa” palestina como el largo paseo mediterráneo de la auto proclamada “flotilla de la libertad”
Más allá de las bibliografías, las explicaciones fundadas en sesudos análisis y pruebas de laboratorio, quizás aquellos inocentes occidentales que apoyan a Hamás y Hizbulá, al régimen teocrático de Teherán o de Catar, puedan responder cómo, disponiendo como nunca de los medios y la libertad para alcanzar opiniones pensadas, considerablemente personales, sobre temas de la actualidad internacional, suscriben con esos gobiernos o movimientos totalitarios
Editorial. Las lágrimas venden. Se aprende de niño. Y si son de un personaje mimado por la prensa, probablemente lo hagan más que las múltiples de una telenovela. Las del 'embajador' palestino ante la ONU fueron difundidas como el símbolo sincero del dolor. Como la expresión diplomática de la realidad más elocuente, más precisa. Él sabía, si no el número preciso de cámaras que lo enfocaban, sí que eran un bulto importante y muy cálido
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La narrativa manda. Porque tiene el poder de pensar o encauzar la vida de los demás. Porque, se pretende, la narrativa “crea”: presente, consenso; humo.