Sobre las demoliciones de construcciones ilegales en Jerusalén

A la luz de lo expuesto en el artículo Jerusalén: un acercamiento legal, donde fueron presentados puntos de vista legales alternativos (y opuestos) a los que habitualmente se citan en los medios de comunicación (dando así una falsa idea de unicidad de criterios), no sólo es dable, sino que es necesario abordar el recurrente tema de las demoliciones de estructuras en Jerusalén. Asunto harto explotado por los medios de comunicación con sus conocidas e infaltables imágenes conmovedoras (instaladas en el inconsciente colectivo a fuerza de repetición): la mujer, el niño o la niña (o ambos), de fondo las ruinas (un juguete en medio de los escombros), el llanto, el desamparo.

Los derribos que tienen lugar en cualquier otro lugar del mundo quedan sepultados por el silencio y el desinterés. Algo que, por otra parte, parece lógico, puesto que son cuestiones administrativas locales. Pero se hace llamativo cuando casi todos los medios sí se vuelcan para informar sobre las que tienen lugar en Jerusalén.

Más allá del fácilusufructo de la emoción, que no precisa de ninguna explicación, Jerusalén comparte una realidad apremiante con otras ciudades alrededor del mundo: la edificación ilegal.

Tal es así que, como publicó Europa Press el 18 de septiembre de 2012, la Fiscalía española pedía que en España:

“… se vigile‘con especial atención’el cumplimiento de las sentencias de demoliciones de edificaciones y construcciones ilegales. Según apunta, no acordar el derribo en algunas sentencias‘favorece la sensación de impunidad’ ”.

La realidad en números

Un documento del Ministerio de Exteriores Israelí da cuenta de la historia demográfica reciente de Jerusalén:

Desde 1870 los judíos han constituido una mayoría en Jerusalén. En el primer censo de población llevado a cabo por las autoridades del Mandato Británico en 1922, se encontró que la ciudad estaba habitada por 62 mil personas – 34100 judíos, 13400 musulmanes y 14700 cristianos. En el censo realizado por Israel y Jordania en 1961 la población resultó ser de 243500 habitantes, de los cuales el 67.7% eran judíos. La proporción entre musulmanes y cristianos ha crecido a favor de los musulmanes desde 1967. […] En 1967 había 197000 judíos en Jerusalén (74,2%) y 68000 árabes (25,8%). Hoy, la proporción ha cambiado en un 3,7%: los judíos representan un 71% y los árabes un 29%. Se estima que para 2010 la población de Jerusalén alcanzará los 820 mil habitantes, de los cuales, un tercio serán árabes”.

Es decir, durante el Mandato Británico la población árabe era 2,5 veces menor que la judía e, incluso, menor que la cristina. Recién comenzó a crecer marcadamente a partir de 1967, cuando Israel tomó el control de Jerusalén Este luego de la guerra de los Seis Días – otra guerra de agresión árabe -. Según este mismo informe, la tasa de crecimiento en 1995 era de 34,8 nacimientos por cada 1000 personas, en tanto que la tasa entre los judíos era de 28,5 por 1000.

Es imprescindible aprehender la siguiente información facilitada en el mismo estudio del Ministerio de Exteriores israelí:

“Datos recogidos de los registros de impuestos indican que en 1967 había 12200 apartamentos en el sector árabe, mientras que en 1995 el número había alcanzado los 27066, representado un aumento de 122%. El crecimiento el sector judío durante ese período fue de 113%, de 57500 apartamentos a 122780”.

El libelo de la “judaización” de Jerusalén y la falsa acusación de “limpieza étnica”

La principal acusación dirigida contra la ciudad es la de que su política de planificación supuestamente discriminatoria está motivada por un objetivo velado: judaizar Jerusalén. Así, todo el esquema de planificación de la municipalidad estaría orientado a incrementar, o al menos a mantener, el porcentaje judío de la población.

Pero con los pocos datos recién presentados ya hay información suficiente para, por lo menos, dudar: no sólo no hay nada ni remotamente parecido a una política de “judaización”, sino que la población árabe ha crecido. El número de viviendas parece desmentir lo que sostienen muchas ONG y que muchos medios reproducen (y magnifican) contribuyendo a su aceptación como verdad establecida: la “judaización” de Jerusalén como una forma de “limpieza étnica”

La agencia, por ejemplo, EFE en un artículo publicado el 30 de agosto de 2012 ejercía de portavoz de estas mismas acusaciones al difundir las declaraciones de un “activista” que, sin argumento alguno, denuncia:

“… las demoliciones son parte de una estrategia de Israel para judaizar la parte Este y no dividir lo que consideran la capital indivisible del Pueblo Judío. Es una forma más de hostigamiento, exclusión y limpieza étnica”.

Las fuentes para EFE vuelven a ser ONG politizadas y ciudadanos palestinos. Y, como es una declaración a título personal, no hace falta justificar absolutamente nada. Queda instalada (o reforzada) la idea de “limpieza étnica”. Una extraña “limpieza” donde la población objeto de la misma en lugar de disminuir, crece.

Dexter Van Zile, analista de CAMERA, señala en un artículo, a propósito de este hecho, que:

“… la población árabe/musulmana ha estado creciendo, durante décadas, a un ritmo mayor que el de la población judía. De acuerdo con el Jerusalem Institute for Israel Studies, en 1967 el 25,8% de la ciudad era árabe. Para 2009 la población árabe había aumentado hasta alcanzar el 35,7%”.

En el libro Illegal Construction in Jerusalem: A Variation on an Alarming Global Phenomenon, Justurs Reid Weiner razona:

“De haber existido una política israelí para expulsar a los habitantes árabes de la ciudad, o para desalentarlos de construir, la Municipalidad podría haber recurrido a incentivos mucho más simples (y discretos). Entre las medidas que no se tomaron están: negarse a conectarlos a la red de agua israelí y/o no extenderles los derechos de residencia a los árabes de Jerusalén que declinaron la ciudadanía israelí”.

Permisos para construir

Otra de las acusaciones contra la municipalidad es la supuesta renuencia a concederles permisos de construcción a los residentes árabes de Jerusalén. Con frecuencia se afirma que los residentes árabes de la ciudad desacatan el proceso para pedir una licencia como un último recurso, ya que la Municipalidad nunca o casi nunca emite dichos permisos.

Y como con toda acusación recurrente que señala a Israel, también emerge en el artículo de EFE antes mencionado:

“David Perejil, de Acción en Red… denuncia que la alcaldía ‘concede entre cinco y diez permisos de construcción anuales a palestinos’ una cifra que no cubre su crecimiento natural, mientras que ‘desde 1967 se han instalado 250.000 colonos judíos en Jerusalén Este’ para los que sí hay licencias municipales”.

La fuente: otra vez una ONG. Los datos: simplemente hay que creerlos, pues no se remite al lector a informe alguno. La Municipalidad de Jerusalén: por supuesto no tiene voz.

Los números son bien distintos. El artículo Van Zile muestra estadísticas de 2008 y 2009:

· Durante 2008: 2439 permisos fueron pedidos para [construir en] Jerusalén Oeste y 1278 fueron otorgados; en el caso de Jerusalén Este, 346 permisos fueron solicitados y 152 concedidos.

· Durante 2009: desde el 1 de enero al 22 de abril hubo 266 solicitudes en Jerusalén Oeste, de las que 230 fueron otorgadas; en Jerusalén Este fueron 29 los permisos pedidos y 26 los concedidos.

Andrea Levin, Directora Ejecutiva de CAMERA (Truth Demolition in an Anti-Israel Road Show), retrocede al período 1974-1995:
“… la comunidad árabe de Jerusalén recibió permisos de edificación para más metros cuadrados de construcción residencial que la comunidad ultra-ortodoxa judía… De la misma manera, en 1998, el 79 % de solicitudes de permisos árabes fue concedido a diferencia del 73 % de solicitudes judías”.

Por su parte, Weiner explica que el promedio de permisos emitidos para los árabes de Jerusalén entre 1997 y 2002 fue de 183. Más aún, el porcentaje de solicitudes que resulta en la emisión de un permiso de construcción es virtualmente idéntica en los barrios árabes y judíos.

¿Si los permisos, evidentemente, no son el problema, cuál es?

Alex Safian, analista de CAMRERA, reproduce en un artículo una entrevista de Khalil Tufakji, palestino experto en demografía, que echa luz sobre el asunto. Tufakji admite:

Podemos construir dentro de Jerusalén, legal o ilegalmente – reconstruir una casa, lo que sea, lo podemos hacer. Tal vez perdamos diez casas, pero al final, habremos construido cuarenta casas más en Jerusalén Este”.

Pueden construir legalmente o ilegalmente. Es decir que es una decisión de quien construye el hacerlo con o sin permiso, no de la Municipalidad. De hecho, ésta realiza esfuerzos considerables para ayudar a los residentes árabes que desean construir de manera legal: hay material informativo en árabe, tanto en el portal de la municipalidad en Internet, como a través de la asistencia individual de empleados árabe parlantes. A pesar de esto, Weiner, indica que hay un número muy limitado de pedidos por parte de los árabes.

Causas construcción ilegal en Jerusalén

Es preciso explorar las causas que influyen y estimulan la construcción ilegal en los barrios árabes de Jerusalén. Habitualmente se ha resaltado que la pobreza es la principal causa, pero según Justus Weiner, un examen más detenido revela que las dificultades económicas son más corrientes en algunos barrios árabes del sur, más pobres que los más habitados del norte, donde muchos edificios con apartamentos vacíos salpican el paisaje de Beit Hanina, Shoafat y Isawiya. De manera interesante, a pesar del promedio relativamente bajo de ingresos de los árabes, el ritmo de construcción árabe post-1967 en Jerusalén no se ha visto inhibido.

De hecho, un estudio preparado por Israel Kimhi – ex director del Departamento de Planificación de la Municipalidad de Jerusalén – en 1997 reveló que la construcción árabe en Jerusalén había superado a la judía.

Weiner ofrece, entonces, dos factores clave que ni las ONG han estudiado ni la prensa occidental mencionado: el incumplimiento de las normativas subsidiado por la Autoridad Palestina y la simple avaricia criminal.

En cuanto al patrocinio directo de la construcción ilegal, Weiner señala que decenas (incluso cientos) de millones de dólares han sido recaudados y gastados para hacer avanzar los objetivos políticos del liderazgo palestino a través de la financiación y estimulación de la construcción ilegal masiva en el sector árabe de Jerusalén.

En una entrevista concedida a la revista egipcia El-Aharam Al-Arabi, en junio de 1997, Faisal Husseini, entonces miembro del Comité Ejecutivo de la OLP a cargo de la cartera de Jerusalén declaró:

El programa palestino es crear un cinturón palestino alrededor del cinturón israelí [de los nuevos barrios post-1967]. … el gran reto para los palestinos es construir, incluso sin permiso”.

Weiner, por su parte,reproduce una carta del 11 de Septiembre de 2000 que Mhahat Nacer, gobernador del distrito Jerusalén de la Autoridad Palestina, le escribió a Yasser Arafat. En la misma, asegura que la firme posición de los residentes [árabes] protege la arabización de Jerusalén y protege su tierra de la invasión de los colonos [judíos]. Nacer le solicita a Arafat que continúe con el pago de las multas contra aquellos que construyen de manera ilegal.

Dentro de este punto, es necesario también discutir el largo boicot árabe del proceso político municipal a instancias de la Autoridad Palestina y con anterioridad, de la Organización para la Liberación Palestina; que, según Weiner:

“… tal vez más que ningún otro factor, ha perjudicado las perspectivas de los barrios árabes de recibir asignaciones presupuestarias para servicios públicos e infraestructura a la par de los barrios judíos.”

Como residentes de la ciudad, los árabes están habilitados para votar y para aspirar a un cargo en las elecciones municipales. De hecho, y como bien advierte Justus Weiner, ateniéndose a las reglas del juego democrático, sería legítimo para los árabes de Jerusalén, o sus líderes, utilizar la política para reclamar una porción mayor del presupuesto municipal, independientemente de su lealtad nacional, tal como lo hacen otros grupos minoritarios desfavorecidos en otras democracias.

El propio Weiner señala una posibilidad potencialinteresante:

“… imagínense la influencia que los árabes, [que representan] un bloque de algo así como un 25% de votantes elegibles, podrían haber tenido dentro de las díscolas coaliciones políticas del Consejo de la Ciudad”.

Un elemento causal no menos importante para la construcción ilegal es, postula Weiner, la obtención rápida de ganancias. En este punto, es necesario discernir entre las adiciones menores que realiza una familia de bajos recurso a la construcción de grandes estructuras para obtener rápidos beneficios. En estos últimos casos, generalmente se construyen edificios de varios pisos con apartamentos de lujo para su alquiler o venta para los ricos.
Beit Hanina (barrio palestino). Exclusivo edificio de apartamentos en violación de la ley de planificación y construcción.

(Fuente: Illegal Construction in Jerusalem, de Justus Reid Weiner).

Demolicones
Las demoliciones llevadas a cabo por la Municipalidad de Jerusalén han generado un coro de condenas por parte de las ONG e incluso de gobiernos extranjeros. Todo ello a pesar de que, como ilustra Weiner, los mismos procedimientos precisos y exigentes que preceden a la emisión de una orden administrativa de demolición se aplican a toda la ciudad; y a que sólo se emite una orden de demolición cuando no es posible, ni siquiera retroactivamente, recibir un permiso de acuerdo a los planes urbanísticos vigentes.

Azam Abu Saud, director general de la Oficina árabe de Comercio en Jerusalén, en una entrevista al diario Al Quds, y a riesgo de desviarse públicamente de la posición de la Autoridad Palestina, recomendó que había que derribar las estructuras ilegales, puesto que ignorar la ley de planificación urbana incita a la violencia y lesiona del derecho de los otros. Esta versión – muy similar a los argumentos de la Fiscalía española, por cierto – de los propios árabes no tiene cabida cuando el objetivo no es informar sino reforzar creencias y prejuicios preconcebidos.

Es más, el periódico digital Ynet informaba el 3 de julio de 2012 que la Municipalidad de Jerusalén ha venido abordando de manera decreciente el tema de la construcción ilegal en Jerusalén Este:

“Según los datos, sólo 10 estructuras ilegales han sido demolidas durante el curso de 2011; una caída drástica de las 23 de 2010 y las 65 de 2009… Una tendencia opuesta se ha registrado en la parte occidental de la capital [con una significativa mayoría judía], donde la incidencia de construcción ilegal es mucho menor comparada con la contraparte oriental. En 2011, 67 edificios fueron demolidos, comparados con los 58 de 2010 y los 57 de 2009”.

Es de resaltar que la mayor parte de las infracciones urbanísticas en los barrios judíos se deben a ampliaciones y cerramientos de balcones. Es decir, pequeños añadidos a estructuras legales ya existentes, en contra de las infracciones que se producen el los barrios árabes: construcciones sobre la calzada, en predios destinados a escuelas o parques, en terrenos cuyo dueño vive en el extranjero y un largo etcétera.

E la luz de estos hechos, los datos que publicó el diario Haaretz el 2 de febrero de 2002 y que reprodujo Foundation for Middle East Peace parecen guardar una relación lógica con lo que hasta ahora se viene exponiendo:

Year

Israeli Properties

Palestinian Properties

1990

NA

24

1991

NA

23

1992

7

19

1993

12

21

1994

4

7

1995

10

14

1996

6

6

1997

14

17

1998

12

13

1999

5

16

2000

4

11

2001

7

32

2002

0

18

(De izquierda a derecha: Años, propiedades israelíes y propiedades palestinas [demolidas])

Esta tabla viene a confirmar que no hay grandes diferencias entre las demoliciones en la zona Este de la ciudad y la Oeste.

Pisgat Ze’ev, Shumuel Tamir Str. La Municipalidad derriba una extensión ilegal en una sinagoga. (Fuente: ídem foto anterior)

En el mundo

Las demoliciones, como herramienta administrativa para enfrentarse a la construcción ilegal no son, ni mucho menos, una prerrogativa israelí. De hecho, en la Franja de Gaza también se implementan.

Un artículo publicado en The Australian el 28 de Julio de 2012 da cuenta del inicio de la demolición de casas en la Franja de Gaza por Hamas. El periodista señala:

“Mientras que las demoliciones fueron dadas a conocer por la prensa palestina, han sido virtualmente ignoradas por la prensa internacional”.

A su vez, el medio le preguntó a la ONU si condenaría las demoliciones de casas por Hamás como lo hace cuando se trata de Israel. La respuesta del portavoz de la Oficina del Coordinador Especial de la ONU fue que era la primera vez que alguien le preguntaba por las demoliciones en Gaza. En definitiva, si Israel no está de por medio, parece ser que el asunto le corresponde no le corresponde a nadie. Visto está el papel de ONG, medios y organismos internacionales en la actual crisis siria.

Ya en 2010 Haaretz daba cuenta de demoliciones en la Franja de Gaza:

“El gobierno de Hamas en la Franja de Gaza planea demoler otras 180 casas palestinas, que se suman a las 20 demolidas recientemente en la sureña ciudad de Rafah, denunció el Jueves el Centro Palestino para los Derechos Humanos”.

La prensa en español aplicó un silencio absoluto.

Pero no sólo se realizan demoliciones en Gaza; prácticamente en todo el mundo se realizan como medida contra la construcción ilegal. En España, por ejemplo, La voz de Galicia informaba:

“La Axencia de Protección da Legalidade Urbanística ha ejecutado este año la demolición de dos edificaciones en la Costa da Morte. Desde que inició su cometido de inspección, en el 2008, han sucumbido en la zona once construcciones… El 2011 fue el año de mayor actividad, con un total de seis demoliciones materializadas, entre ellas tres viviendas unifamiliares… ”.

En tanto, el 27 de septiembre de 2012 el diario The Indian Express publicaba que la Corporación Municipal de Pune – séptima ciudad más poblada de la India – decidió acelerar la acción contra la construcción ilegal:

“Con la práctica actual, se requeriría al menos seis meses para completar la demolición de 2500 estructuras contra las que se emitió el aviso”.

A modo de conclusión

Las demoliciones ofrecen una oportunidad única de crear un escenario dramático que evoque la imagen “apropiada” de Israel. Una estructura siendo derrumbada produce un material visual y gráfico conmovedor fácilmente comunicable, sobre todo cuando se trabaja principalmente apelando a la emotividad.

En tanto, en este como en otros temas, la voz israelí es dejada de lado, construyendo así una narración unilateral que reproduce la propia narrativa (y mitología) palestina. De esta manera, se viola sistemáticamente la imparcialidad informativa que debería ser, si no el primer mandamiento del periodismo, el segundo, luego de la exigencia de veracidad de la información presentada.

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