Sí, otra vez El País… y esta vez desde El Cairo

Si el diario español El País parece dispuesto a ejercer cada defecto del periodismo, cada vicio del activismo, por qué no iba a traducir y difundía sin corroborar (4 de enero de 2022, “Un informe afirma que fuerzas israelíes mataron a más de 300 palestinos en 2021, el año más mortífero desde 2014”), sin recurrir a otras fuentes, a otras voces, ni a analizar el contexto de los hechos que se presentan, un comunicado de prensa de la politizada organización israelí B’Tselem, un habitué en las sesgadas crónicas occidentales sobre el conflicto o, acaso, sobre la imagen del conflicto que pretenden transmitir.

Y, hecho esto, por qué no iba a agregar tendenciosidad propia, y aumentar la virulencia de las acusaciones: como cuando el redactor, desde El Cairo – porque, está visto, no basta ya con la labor de su corresponsal desde Israel para cargar las tintas contra el estado judío; y porque todo parece valer para tal fin – llegaba a decir que “el informe destaca que ocho de ellos han sido asesinados en protestas contra el establecimiento del asentamiento salvaje de Evyatar en tierras que pertenecen a aldeas palestinas en el norte de Cisjordania”.

Pero, volviendo a B’Tselem – que, según NGO Monitor, “se ha enfrentado a serias críticas debido sus tergiversaciones del derecho internacional, la inexactitud de sus investigaciones y sus estadísticas sesgadas” – y a sus métodos de inclusión de casos, es decir, de verificación de datos, testimonios en una u otra categoría; la ONG afirmaba, obviando, claro, que se llegó a ese conflicto luego del ataque contra civiles israelíes con cohetes por parte de grupos terroristas palestinos que operan desde dicha Franja:

“Durante los combates de mayo en la Franja de Gaza, Israel mató a 232 palestinos, incluidos 54 menores y 38 mujeres. Al menos 137 de ellos no participaron en las hostilidades, incluyendo 53 de los menores y todas las mujeres…”.

Además, unos párrafos antes había asegurado que 20 palestinos, incluidos siete menores, murieron por cohetes lanzados desde Gaza que cayeron en la propia Franja.

¿Cómo llegó la ONG a esas cifras tan absolutas? Es decir, ¿cómo corroboró testimonios y datos? (Veáse lo que decía Donatella Rovera – quien lidera, nada menos que las investigaciones de campo de Amnistía Internacional – acerca de los testimonios obtenidos en un territorio bajo control de un grupo terrorista).

La ONG no lo decía. Y a El País le traía sin cuidado.

Como señalaba el analista de CAMERA Gilead Ini, incluso el New York Times, que no se caracteriza por una información imparcial sobre el conflicto, advertía durante mayo de 2021 que:

“Los investigadores de derechos humanos afirman que Hamás controla estrictamente la información sobre las muertes de civiles en Gaza para ocultar sus pérdidas y fracasos” y que “aunque la lista de víctimas proporcionada por el Ministerio de Sanidad local -la fuente de la cifra de 197 muertos en los últimos seis días- es en general exacta, dicen, Hamás no dice cuántos de los muertos son militantes o murieron por misiles de Hamás que se quedaron cortos y explotaron dentro de Gaza”.

En este sentido, un comunicado que emitió el grupo terrorista palestino en 2014 es elocuente – nada inclina a pensar que esta política haya cambiado en absoluto; por el contrario, a lo sumo acaso se haya consolidado más acabadamente su acatamiento:

“El Ministerio del Interior y de Seguridad Nacional [de Gaza] pide a todo nuestro pueblo y a las facciones de la resistencia que tengan cuidado con la difusión de información y fotografías de las víctimas mortales de la resistencia, y [con] la mención de detalles sobre [las circunstancias de] sus muertes como mártires y el lugar donde murieron”.

La ONG y El País como si nada. De espaladas a la realidad – que, por otra parte, es como se impone la invención.
Y, ¿cómo concluía la ONG que 53 menores y todas las mujeres no habían participado en las hostilidades? ¿Quién proporcionaba esas cifras? ¿El ministerio de Sanidad de Gaza? Es decir, ¿el grupo terrorista Hamás?
¿Entre los menores había sólo un miembro de Hamás o de la Yihad Islámica Palestina? ¿Acaso la ONG desconoce la existencia de los “campamentos de verano” de los grupos terroristas donde adoctrinan aún más, adiestran y captan nuevos miembros entre los más jóvenes? Es más, ¿una ONG de la región que supuestamente se dedica a los derechos humanos ignora la utilización sistemática que los líderes palestinos hacen de los menores?
Es más, cómo es posible que una ONG que supuestamente basa su labor en la defensa de los derechos humanos pase por alto que el ataque masivo e indiscriminado con cohetes por parte de Hamas supone un crimen de guerra. Un crimen que comenzó las hostilidades.

Mientras tanto, el Centro de Información e Inteligencia sobre Terrorismo Meir Amit, que suele hacer una investigación caso por caso para verificar las filiaciones o no de los fallecidos con organizaciones terroristas, publicaba el 24 de mayo de 2021 que:

“Se calcula que murieron unos 50 terroristas de alto rango de Hamás y de la Yihad Islámica Palestina, incluidos comandantes de brigada, unos 20 comandantes de menor rango y unos 200 terroristas”.

Por su parte, el Dr. Alex Safian, analista de CAMERA, realizó un estudio sobre las posibles cifras de palestinos que murieron a causa de los cohetes lanzados por los grupos terroristas Hamas y Yihad Islámica Palestina desde Gaza. A diferencia de laideológicamente motivada ONG israelí, Safian sí mostraba el fundamento de sus cálculos, es decir, cómo sostenía su conclusión. Lo de la ONG pertenecía más al ámbito de la fe – de una fe sombría.

Safian indicaba que 680 cohetes lanzados por grupos terroristas palestinos fallaron y explotaron dentro de la propia Franja de Gaza. Si bien, observaba, Israel ese culpado por la muerte y la destrucción causada por estos es, la cuestión que abordaba en su estudio era cuántos palestinos probablemente murieron a causa de estos cohetes palestinos. Safian llevaba a cabo su análisis, y realizaba su estimación, teniendo en cuenta diversas variables. Entre ellas, los lanzamientos de cohetes contra Israel y el comportamiento (los cálculos) realizados por el sistema defensivo Cúpula de Hierro, que minimiza grandemente el número de muertes y daños. También consideraba los israelíes muertos (a pesar del sistema defensivo israelí) por misiles o morteros lanzados desde Gaza – que era un índice de la letalidad de los proyectiles palestinos. A esto sumaba el hecho de que 16 palestinos (incluidos 8 niños) murieron en un solo día a causa de los cohetes errantes palestinos; lo que, apuntaba, junto al punto anterior, subraya la peligrosidad de dichos cohetes. Teniendo en cuenta que 680 de tales cohetes cayeron en la Franja en once días de combates, esas bajas sugieren que un número significativo de gazatíes murió debido a proyectiles palestinos.

De esta manera, llegaba a estimar que 91 gazatíes habrían muerto por misiles disparados por grupos terroristas palestinos desde la propia Franja. Es decir, un 36% del total de fallecidos.

Por otra parte, Safian apuntaba que es de todos conocido el hecho de que Hamás elimina pruebas de aquellos lugares en los que sus cohetes han causado daño.
Puesta a obviar relevancias, la ONG – y con ella El País, apenas un mero traductor y repetidor – omitía que, Matthias Schmale, director de operaciones de UNRWA en Gaza, había afirmado, segúnel Jerusalem Post (2 de junio de 2021):
“Tengo la impresión de que hay una enorme sofisticación en la forma en que los militares israelíes atacaron durante los 11 días”.
“Sí, no atacaron, salvo algunas excepciones, objetivos civiles, pero la violencia, la ferocidad de esos ataques se dejó sentir mucho”. Murieron más de 60 niños, 19 de los cuales iban a las escuelas de la UNRWA. Así que creo que hubo precisión, pero hubo una pérdida de vidas inaceptable e insoportable en el lado civil”.
También elegían obviar que buena parte de la infraestructura de Hamás, y del lanzamiento de cohetes, se encuentra muy a propósito en zonas residenciales de la Franja. De hecho, bajo una escuela de la UNRWA se encontró túnelde Hamás.

A esta altura, pensar en un afán informativo es, más que una generosidad excesiva, casi una candidez sospechosa. Después de todo, lo que en el informe de la ONG activista era una mención por lo demás infaltable en quien no trabaja en pos de los derechos humanos de nadie sino de la imposición de un marco ideológico muy particular – el que señala al único estado judío como una singular anomalía entre el concierto de los estados, en el periódico se convertía en un subtítulo destacado en la crónica, banalizando y desvirtuando hasta el ridículo el apartheid sudafricano para lograr lo que la realidad no permite: es decir, algo así como construir pruebas falsas para inculpar a Israel. Sobre la invención se erige el caso.

Y así, pretendiendo construir una “realidad” a la medida de su posicionamiento, el medio no hace otra cosa que construir su propia imagen ante el lector. Esta, sí, aunque triste, resulta verdadera.