Relativismo ético y descontextualización en El País

Abed Alaziz Salaha, uno de los autores del linchamiento de dos soldados en Ramala, recientemente liberado.

El diario español El País ha publicado un titular relativo al canje del joven Gilad Shalit a cambio de 1027 presos palestinos, que sorprende por su desinformación y sobre todo, por su relativismo ético.

1. LA “RECONFORTANTE” LIBERACIÓN DE TERRORISTAS

Reduciendo a 1.000 a los presos liberados por Israel, el 14 de Octubre de 2011, se podía leer el editorial 1.001 dramas que pretendía equiparar la situación de Shalit con la de los presos palestinos liberados:

Que un joven israelí que no ha cumplido la treintena recupere la libertad es una noticia reconfortante; tan reconfortante como que la hayan recuperado también ese millar de presos en poder de Israel.

Resulta difícilmente justificable para un medio que pretende ser serio sentirse “reconfortado” por la libertad de múltiples terroristas, por ello El País prosigue su editorial poniendo en duda la naturaleza criminal de los presos palestinos en cuestión:
La condición de terroristas puede serles asignada, no ya por haber cometido un crimen, sino por el simple hecho de manifestarse contra una ocupación ilegal que dura desde 1967, y con independencia de que se trate de personas que hayan cumplido o no la edad legal para ser perseguidos penalmente.

De los 447 presos liberados en una primera instancia, 280 cumplen condenas perpetuas por haber participado en atentados terroristas y por el asesinato de 599 israelíes. Estos son algunos de los que el diario El Mundo destacaba en su información:

– Walid Anjes, con 36 cadenas perpetuas, involucrado en el atentado suicida de Café Moment en Jerusalén que mató a 11 israelíes en 2001 y en el atentado en la cafetería de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en el que hubo siete muertos.

– Hussam Badran, miembro de la célula que cometió el atentado en la discoteca Delfinarium en Tel Aviv al inicio de la Segunda Intifada, provocando la muerte de 21 jóvenes.

– Abed Alaziz Salaha, Su imagen con las manos ensangrentadas en la ventana de un edificio de Ramala hace 11 años es la pesadilla de muchos israelíes. Fue uno de los autores del linchamiento de dos soldados en Ramala.

– Amina Muna, la joven periodista que sedujo en Internet a un adolescente israelí de 16 años quedando con él en Jerusalén. Finalmente, acabaron en las afueras de Ramala donde miembros de las milicias de Al Fatah le acribillaron.

– Ahlam Tamimi, estudiante palestina que escondió los explosivos, eligió el lugar del atentado (pizzeria Sabrro en Jerusalén) y llevó en su coche al hombre suicida, Izz El Masri, de una familia adinerada de Yenín. El atentado en el 2001 segó la vida de 15 israelíes, entre ellos seis niños.

– Fhadi Juaba, miembro destacado la célula de Hamas en Hebron responsable del atentado en el autobús 37 de Haifa que mató a 17 israelíes en el 2003. Cumplía 18 cadenas perpetuas.

Estos terrorista no sólo no se han arrepentido de sus crímenes, sino que nada más salir han retomado sus actividades, llegando incluso a instar a los niños de Gaza a convertirse en futuros hombres bombas.

Para el diario El País, la liberación de estas personas es “reconfortante”.

2. COMPARAR LO INCOMPARABLE

Pero el editorial de El País no se limita a aplaudir la salida de la cárcel de asesinos que no han cumplido su condena, sino que pretende equiparar a estos criminales con un joven de 19 años secuestrado en su propio país mientras cumplía su servicio militar obligatorio:

Los niños palestinos encarcelados en Israel se cuentan por decenas, y por centenares los presos a la espera de juicio durante años. Los presos originarios de Gaza no han tenido derecho a visitas familiares desde la misma fecha en la que el soldado Shalit fue capturado.

[…] el trato dispensado a los presos palestinos beneficiados por el canje difiere poco del que se reserva a los rehenes. Incluido el trato de Hamás al soldado Shalit.

En primer lugar, es necesario contextualizar el término “niño” empleado por el titular de El País. “Niño” hace referencia a cualquier menor de 18 años, muchos de los cuales podrían ser considerados muchos de ellos podrían ser calificados como “jóvenes combatientes de Hamás”.

En segundo lugar, una cosa y otra no tienen absolutamente nada que ver, y el editorialista que esto ha escrito no tendría más que acudir a su mismo diario para encontrar las diferencias.

Hace unos meses, su corresponsal en la zona, Enric González, escribía un amplío reportaje acerca del quinto aniversario del secuestro de Gilad Shalit (¿Dónde estás, Gilad Shalit?) en el que explicaba las diferencias entre un caso y los otros.

Respecto a Shalit, González escribía:

Pero en cuanto sus captores denegaron a Shalit el derecho de visita de la Cruz Roja e impidieron a sus familiares el derecho a saber dónde se encontraba […]Y en cuanto Hamás pidió un rescate por el rehén, consistente en la liberación de todas las presas palestinas, de todos los presos varones menores de edad y de otros 1.000 presos más, entre ellos varios condenados por gravísimos delitos de terrorismo, el asunto se convirtió en un secuestro. Eso lo reconoce la propia Cruz Roja.

Y esto es lo que González escribía en referencia a los presos palestinos:

A ellos les puede visitar un delegado de Cruz Roja, conocen (con alguna excepción) la duración de su condena y, en principio, no temen ser degollados por sus carceleros.

El 18 de octubre de 2011, también en El País, Diego de Ojeda, antiguo director de Sefarad-Israel, escribía un artículo (Canje desequilibrado, pero bienvenido pese a todo) dónde afirmaba:

Ahora bien, el canje de 1.027 presos palestinos por Shalit es tan desequilibrado en términos cuantitativos como lo es cualitativamente. Gilad cumplía su undécimo mes de “mili” en un puesto fronterizo que fue objeto de un ataque unilateral de Hamás, el primero tras la retirada israelí de Gaza y condenado por el presidente Mahmoud Abbás, y ha permanecido casi cinco años y medio secuestrado (más de una quinta parte de su vida), sin visitas de abogados o personal humanitario.

En cambio, 280 de los presos palestinos que serán indultados habían sido condenados a cadena perpetua por participar en la muerte de unos 600 israelíes en varios de los más sangrientos atentados terroristas de los últimos años. Condenados en juicio con asistencia letrada. Presos, no secuestrados, porque sus duras condiciones carcelarias incluían asistencia médica y legal. Y terroristas, porque incluso si se interpreta como legítima la resistencia armada contra el ocupante israelí, sólo los desalmados condonan los atentados indiscriminados contra civiles en núcleos urbanos.

Es cierto que los presos palestinos, como todo preso en cualquier parte del mundo, son objeto de muchas restricciones, pero comparar su situación con la del joven secuestrado equivaldría a comparar a cualquier secuestrado por un grupo terrorista con el encarcelamiento de dichos terroristas. Las denuncias contra los Estados democráticos por supuesto malos tratos no son ni algo nuevo, ni algo que ataña exclusivamente a Israel. En muchas ocasiones, esto forma parte de las campañas de descrédito llevadas a cabo por las propias organizaciones terroristas que con sus denuncias consiguen debilitar la legitimidad de los estados contra los que luchan.

Por ejemplo, España ha sido acusada por varios organismos internacionales por su supuesto maltrato a los miembros del grupo terrorista ETA en las cárceles, pero jamás el diario El País habría hecho comparación alguna entre un solo preso de ETA y pongamos por caso, Ortega Lara, funcionario de prisiones secuestrado por la banda terrorista española durante un año y medio.

El diario Aurora Digital publicaba recientemente el siguiente cuadro comparativo:
Con este editorial, una vez más, el diario El País ha atravesado una frontera muy peligrosa. Su alegría por los criminales liberados y su comparación entre el joven Shalit y los 1.027 excarcelados abraza la retórica del grupo terrorista Hamás y priva a sus lectores de conocer a los verdaderos protagonistas de esta historia.

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