Gaza: premio del cine español a la pura propaganda

La academia de las artes y del cine español decidió premiar en su 33ª edición al cortometraje documental: Gaza, de los realizadores Julio Pérez del Campo y Carles Bover.

Cinematográficamente hablando, la obra no tiene mérito destacable. Unos 18 minutos de regodeo en crudas imágenes de la devastación de una guerra y testimonios desgarradores de sus víctimas, sin hilo argumental, aderezadas con una sobrexposición musical.

Probablemente porque el cortometraje es una versión resumida de su “hermano mayor” (Gas the Arabs), hay planos sin ningún sentido en la obra. La obra se inicia con unas imágenes de Málaga y la sede del Parlamento Europeo sin relación con el resto del documental. Entre medias, unas tomas de un avión nos hacen entender que los autores nos invitan a un viaje.

El problema del viaje es que es una trampa. Trampa intelectual y emocional.

Si en términos generales, el documental, o el cine de no ficción (como prefiere ser conocido este género) intenta aproximarse a la realidad para ofrecer un relato personal sobre ella, en este caso, todo el dispositivo creativo se basa en un silencio cómplice. Viajamos a Gaza, pero no hablamos de Gaza. Hablamos de víctimas, pero no se menciona a los responsables últimos.

Así, el cortometraje no muestra más realidad que una suma de imágenes de sufrimiento insostenible sin recabar el punto de vista contrario. Más que un “documental”, estamos hablando de un publirreportaje cuyo producto en venta es la difamación del Estado de Israel.

De hecho, si ampliamos el cuadro de análisis, veremos que la otra obra relacionada con “Gaza” es un largometraje firmado por los mismos autores, cuyo título y subtítulo hablan con cierta claridad del poso ideológico en el que se mueve este producto premiado por la academia.

Gas the Arabs. El otro lado de la tierra prometida

Probablemente el título haya sido sacado de alguna pintada salvaje israelí, que evidentemente no representa la realidad ni la intencionalidad del país demonizado. De hecho, no es inocente el haberlo elegido como título, ya que de alguna manera busca vincular a los judíos con los nazis: el viejo y falso argumento (considerado antisemita por la IHRA) de que los judíos hacen hoy con los palestinos lo mismo que los nazis hicieron con ellos.

Sumemos a ello la referencia a terminología bíblica (“tierra prometida”) para utilizarlo en contra de los judíos.

De hecho, al ser reprochado por no incluir en su pieza la parte israelí, el director afirmó a Haaretz: “En tales situaciones hayun verdugoy hay una víctima, nadie pensaría en dar una plataforma a los judíos y de manera similar a los nazis”. Y pone como ejemplo el documental “Shoah”.

Esta vez, la comparación entre nazis y judíos – es decir, entre los judíos y sus victimarios – es más clara y, además, implica un profundo desconocimiento del arte del documental, y de la película Shoah en concreto.. Si nos vamos a esa obra magna del cine de no ficción, (que además lo es también del estudio del Holocausto), filmada por Claude Lanzmann, veremos que hay espacio para víctimas, verdugos y meros observadores. Pero es que no estamos hablando ni de arte, ni de cine, ni siquiera de realidades sobre el terreno; hablamos de una ideología que debe ser proporcionada al observador.

Y es en este mundo ideológico es en el que hay que entender la pieza de propaganda que resulta ser el cortometraje.

La mentira intelectual

A modo de aperitivo, los autores nos ofrecen un contexto cojo, por lo cual, falso:

“Desde 2007, la Franja de Gaza sufre un bloqueo por tierra, mar y aire. Esto impide tanto la entrada como la salida de suministros y personas.

Tras la última agresión del ejército israelí, la Franja sólo dispone de cuatro horas de energía al día, así como una gran falta de víveres y materiales de construcción”

En el aire quedan las preguntas esenciales. ¿Por qué?

¿Por qué hay un bloqueo? Éste no surge por generación espontánea ni es fruto de un sádico capricho, sino que es resultado de la sangrienta toma de poder de Hamas y sus continuos ataques a Israel (cohetes, misiles, incursiones, etc.…). A todo esto, Egipto comparte 11 kilómetros de frontera con Gaza. Y también participa activamente en el bloqueo.

Por otra parte, es falso que dicha medida “impide la entrada y salida de suministros y personas”. Así como Egipto apenas abre su frontera, por el paso israelí de Kerem Shalom pasan a diario cientos de camiones portando miles de toneladas de víveres, medicamentos y materiales. Por ejemplo, sólo el 29 de enero de 2019, y según informó en su cuenta de Twitter la COGAT (Coordinación de Actividades del Gobierno en los Territorios), “11,507 toneladas de mercancías en 397 camiones ingresaron a Gaza a través del cruce de Kerem Shalom. Hubo 12 cruces de ambulancias a través del paso de Erez. 115 palestinos entraron a Israel desde Gaza con fines humanitarios”.

Así pues, de entrada, una conspicua omisión y una falsedad. En documental, quedaba claro, no iba de Gaza, sino de una idea de Gaza que se crea con la finalidad de desprestigiar a Israel, sobre todo, entre la audiencia profana.

Además, ¿por qué “sólo dispone de cuatro horas de energía”? Pues básicamente porque Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, en abierto conflicto con Hamás, decidió dejar de pagar la electricidad y le solicitó a Israel que cortara el suministro a la mitad.

Otra vez una omisión, y una artera sugerencia: es por culpa de “la última agresión [en realidad, la agresión había sido de Hamás, lanzando cientos de cohetes de manera masiva a indiscriminada contra Israel] del ejército israelí”.

Por cierto, que dichas penurias no parecen haber afectado a Hamás, que tal y como escribía Marcelo Wio, director asociado de ReVista de Medio Oriente, “el grupo terrorista tiene otras prioridades a la hora de invertir fondos: en lugar de trabajar por el bienestar de los ciudadanos que tiene bajo su control, la organización destina fondos, recursos y materiales a construir túneles para lanzar ataques contra Israel (que, además, al discurrir en varios casos debajo de núcleos poblacionales gazatíes, convierten a éstos en escudos humanos) y a manufacturar los cohetes que lanza de manera indiscriminada contra dicho estado – amén de beneficiarse de los pingües beneficios que le ofrecen el mercado negro y los impuestos que recauda; un negocio redondo que ubica a Hamas en el tercer lugar de los grupos terroristas más ricos, con ingresos de unos 700 millones de dólares anuales. La misma organización que en mayo de 2018 se dio el “lujo” de rechazar el envío de medicamentospor parte de Israel a Gaza, a pesar su escasez.”

La Trampa emocional

El publirreportaje, omitiendo toda puesta en contexto, establece pues de inicio, unos malos categóricos: los israelíes. Lo siguiente, tan sólo consiste en mostrar imágenes y testimonios devastadores.

Después de todo, Henry I. Silverman apuntaba (Reuters: Principles of Trust Or Propaganda?) que el propagandista intenta construir fundamentalmente un caso para una conclusión en particular, utilizando sólo aquellos elementos que dan apoyo a esa conclusión. Y, a su vez, indicaba que Ted J. Smith (Propaganda: A pluralistic perspective) estableció cuatro categorías principales de técnicas de propaganda: falsedades, omisiones, distorsiones (incluyendo falacias lógicas) y sugerencias.

En este sentido, es interesante observar que, en la mayoría de los casos, los entrevistados acusan a los “judíos”, pero en gran parte de los subtítulos, los responsables del reportaje prefieren traducirlo como “israelíes”. De este modo, el profundo contenido antisemita parece verse suavizado, maquillado un poco. Ya sabemos: “no tengo nada contra los judíos, es contra los israelíes”


Verbigracia, en esta captura. Deberían decir “cuando ven a los judíos empiezan a gritar”.
Hay manipulaciones tan obvias, que uno podría pensar que se trata de un ejemplo no eludible de esta mala praxis para estudiantes. Como por ejemplo al principio, cuando muestran imágenes terribles de un niño palestino víctima de bombardeos, y las contraponen con tomas con judíos rezando en el Kotel, festejando y riendo. El contraste llevado al absurdo. Y, eso sí, nunca imágenes de alguna víctima israelí de cohetes, misiles y/o atentados terroristas.

De hecho, los únicos israelíes que pueden verse son militares u ortodoxos, mostrando otra imagen distorsionada de la realidad israelí.

Otro momento interesante es cuando un agricultor en Gaza cuenta cómo vienen los “colonos” a dispararles. Pero en Gaza no hay “colonos”. Gaza no está ocupada (tal y como los propios miembros de Hamás han reconocido). Israel se retiró completamente en el año 2005. Pero esto es algo que los responsables del reportaje no sólo obvian, sino que en las presentaciones y sinopsis nos hablan de “los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania”.

Pero una guerra sólo trae horror, y mostrar el espanto conmociona. El problema es cuando se ignora toda referencia al causante de esa ignominia: el grupo terrorista (así considerado por la UE y Estados Unidos, entre otros) palestino Hamás, ese gran ausente. Es como si se hubiera filmado un documental sobre las víctimas de la Segunda Guerra Mundial, mostrando imágenes de Dresde sin mencionar a hitler o a los nazis.

De hecho, no hay una sola mención a los miles de cohetes y misiles de Hamás contra población civil israelí, ni el empleo de civiles como escudos humanos, etc… Y lo que es peor, la única mención al terrorismo que se hace en el reportaje es para justificarlo.

No en vano, Basem Naim, antiguo Ministro de Salud de la Franja, actual miembro del Consejo de Exteriores de Hamás, se felicitó por el triunfo de una obra que blanquea a su organización.

Es resumen, la academia del cine y de las artes de España ha premiado un “documental” sin calidad artística, que demoniza al estado de Israel, blanquea por omisión a los responsables últimos del sufrimiento palestino y justifica el terrorismo.

Un gran éxito para la cultura del país, sin duda.

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