Los fiscales afirmaron que, hasta el momento, no han encontrado indicios de que el Gobierno israelí estuviera involucrado en “la presunta operación de desinformación tenía como objetivo a los candidatos del partido izquierdista La Francia Insumisa"
Hay una notoria y creciente presencia mediática de china. O, al menos, de una imagen cuidad del país dirigido por el Partido Comunista Chino. Crónicas sobre pretendidos avances tecnológicos sorprendentes, o sobre la lucha varias veces exitosa contra la desertificación. De todo… O no tan de todo: abunda el silencio sobre las minorías, los disidentes y aquello que afecta a los ciudadanos chinos. Nada, o muy diluido, de lo que, precisamente, toda dictadura pretende que se omita.
Acercarse a las crónicas de El País sobre Israel y sus vecinos significa con frecuencia enfrentarse a un tratamiento que privilegia la narrativa de Hamás, Hizbulá o de cualquier organización o entidad que demonice al estado judío.
La noticia era la derogación de una ley elaborada por una potencia ocupante - Jordania - para su aplicación sobre el territorio que había anexado ilegalmente luego de una guerra de agresión. Pero este punto de suma relevancia se le escapaba, cómo no, a El País; y a Infobae
Para quienes llevamos años analizando de forma sistemática la cobertura de El País sobre Israel, el episodio no puede despacharse como un simple error. Se trata, más bien, de un lapsus que deja al descubierto un marco mental profundamente arraigado, en el que Israel y lo judío aparecen como factores sospechosos, problemáticos o incompatibles con valores como la imparcialidad o la legitimidad política.
La pregunta es inevitable: ¿es esto periodismo? Cuando la agencia nacional de noticias difunde información de esta forma, no solo incumple con los estándares básicos de verificación, sino que además arrastra a buena parte de la prensa española al terreno de la desinformación
Por desgracia, la obsesión y el sesgo de El País en su tratamiento de Israel vuelven a quedar en evidencia. El este caso no se sabe si es por empeño en vender su narrativa, la misma que la de Hamás, o por mera ignorancia y falta de estándares mínimos de profesionalidad.
Esto es ya más un acto dirigido a la hemeroteca que algún día recuerde la infamia en la que tantos medios cayeron, o más bien, se dejaron caer tan gustosamente. Porque el presente de El País es el de la “post vergüenza”, el del desprecio de la labor que dice llevar a cabo
Mencionar un título, un cargo. Relacionarlo con un informe. Afirmar lo de siempre porque lo dice la poseedora de ese título y autora de ese informe. Es decir, un acto de auto-validación. Eso hacía el diario El País en un texto escueto, aunque suficiente para incidir en lo de siempre: demonización y deslegitimación.