La forma más sencilla de elaborar el cuentito de esta caperucita islamista que lanza ataques genocidas, que viola, mutila y secuestra – bien financiada por la saludable abuelita catarí e iraní -, es precisamente obviarlo todo. Censurarlo. Borrarlo del registro de la realidad. Construir, para ello, otra “realidad”
A la hora de cubrir el conflicto árabe-israelí, y la realidad israelí en concreto, son muchos los medios en español que actúan como tales, para hacerlo como parte interesada
Los engaños, la desinformación y los libelos están hechos de fabricaciones y distorsiones y de algo que, aunque igualmente diligente, es menos palpable, por decirlo de alguna manera: esto es, la omisión, la censura. La más reciente, la evidencia documentada acerca del vínculo y cooperación entre Hamás y el canal catarí Al-Jazeera
El asesinato de Charlie Kirk es una tragedia y una dolorosa advertencia. Su compromiso con el debate, incluso con aquellos que más discrepaban, nos recuerda los valores que la democracia debe proteger.
La prensa es una máquina de disponibilidad; esto es, “ofrece anécdotas que alimentan nuestra impresión de lo que es común de tal manera que está garantizado que será engañosa”. La esmirriada porción por el todo. Cuando no, directamente, el pseudoacontecimiento, la fabricación, por la realidad
El relativismo cultural, comentaba Sebreli, “ha conseguido imponerse en una época muy sensible al igualitarismo, porque tiene todas las apariencias de ser la posición más igualitaria, justa, democrática, pluralista, tolerante y humana, ya que otorga el mismo valor a los débiles y a los fuertes, rechaza toda jerarquía de valores... [Pero] el supuesto pluralismo no es sino una pluralidad de etnocentrismos; la tolerancia significa tolerar a los intolerantes; el igualitarismo, aceptar a los que sostienen la desigualdad; ... el respeto incondicionado por los otros, respetar a los que no respetan al otro”. De ese modo se llega a la actitud contradictoria de aceptar en las culturas ajenas los prejuicios que se desacreditan en la propia.
La diferencia entre la pretensión del “así eran los periodistas palestinos” del medio 20minutos (25 de agosto de 2025) y cómo realmente eran, radica en cómo quería el medio que sean vistos por su público: no por los sujetos en sí, sino por cómo esa incompletísima y torpemente ensalzada descripción retrataba, por contraste, a Israel
"Las noticias falsas se difundían significativamente más rápido, más extensa y profundamente que las verdaderas en todas las categorías. De hecho, era un 70 por ciento más probable que se retuitearan las noticias falsas. Además, señalaban que eran los humanos, y no los bots, los principales responsables de la dramática propagación de noticias falsas". Y entre los humanos, al menos sobre Israel, sin duda los "periobots" se llevan la palma: perioactivistas entregados a la propaganda pro Hamás y anti-israelí.
Esto es ya más un acto dirigido a la hemeroteca que algún día recuerde la infamia en la que tantos medios cayeron, o más bien, se dejaron caer tan gustosamente. Porque el presente de El País es el de la “post vergüenza”, el del desprecio de la labor que dice llevar a cabo
Mencionar un título, un cargo. Relacionarlo con un informe. Afirmar lo de siempre porque lo dice la poseedora de ese título y autora de ese informe. Es decir, un acto de auto-validación. Eso hacía el diario El País en un texto escueto, aunque suficiente para incidir en lo de siempre: demonización y deslegitimación.