A propósito de los 25 años de los Acuerdos de Oslo
Un hecho o una efeméride que viene – una vez más – a poner en evidencia los grandes vicios del periodismo en su cobertura del conflicto árabe-israelí
Un hecho o una efeméride que viene – una vez más – a poner en evidencia los grandes vicios del periodismo en su cobertura del conflicto árabe-israelí
“El contexto es esencial para poder darle a la noticia proyección con el fin de expresar sus causas y consecuencias y eventualmente para llegar al nivel de análisis e interpretación, esto es, más allá de la simple descripción de los hechos”
“[Estamos] cada vez menos interesados en si algo es un hecho que en si es conveniente creer en ello... Lo que parece importante no es la verdad sino la verosimilitud”, escribía el historiador estadounidense Daniel Boorstin
No fue ni un posicionamiento político o ideológico por parte de la selección argentina de fútbol, ni una “victoria” de los dirigentes palestinos. Fue, una vez más, el premio habitual a las amenazas palestinas
Ahora toca callar que Abbas y Erekat, entre otros, solicitaron la nacionalidad jordana en los 2000 mientras supuestamente propugnaban por un estado propio… Sería llamativo si no hubiese una abultada historia de huida cada vez que estuvieron cerca de conseguir el fin tan publicitado
Vale omitir mucho, es decir, tomar trozos que confirmen el prejuicio propio. Vale utilizar el periodismo como plataforma para la difusión de un punto de visto, de una toma de partido. Eso sí, vale todo esto si el señalado es Israel
Todo aquello que los propios medios identifican ya no sólo como mal periodismo, sino como su ausencia, es válido cuando de cubrir el conflicto palestino-israelí se trata
Los líderes palestinos se empeñan en negar las afirmaciones que hacen los periodistas acerca de sus motivaciones, de sus opiniones, de sus fines; vamos, sobre su visión real del conflicto palestino-israelí
La cobertura de la decisión de la Casa Blanca de reconocer a Jerusalén como capital de Israel -donde, vaya coincidencia, los Podres Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y varios Ministerios del Estado judío ya tenían asiento – fue de todos, menos informativa: un espacio para el activismo habitual