Por Omri Tubi
Cuando Estados Unidos e Israel iniciaron su guerra contra Irán en febrero de 2026, los medios de comunicación intentaron comprender por qué Estados Unidos había entrado en guerra. Entre las explicaciones sugeridas, destacan dos versiones. Una, ofrecida por The New York Times, comentaristas de derecha, algunos políticos progresistas y conservadores, así como activistas y organizaciones antiisraelíes, implica que Estados Unidos fue arrastrado a la guerra por Israel y/u organismos judíos como el grupo religioso Jabad. Por extensión, esta versión alega que cualquier precio que Estados Unidos pueda pagar por la guerra, como la muerte de soldados estadounidenses a manos del régimen iraní, debe atribuirse a Israel y a «los judíos».
Otra versión, que ya analizó Darcie Grunblatt, de CAMERA, fue la ofrecida por Rachel Maddow, de MS NOW, que sugiere que la influencia de los Estados árabes del Golfo fue un factor clave en la decisión de Trump de entrar en la guerra, y que estos Estados —Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita— sobornaron al presidente para que atacara.
El mensaje subyacente de estos informes es tanto conspirativo como claro: sean judíos o árabes, Estados Unidos está gobernado en la práctica por extranjeros influyentes que ostentan el poder sobre el Gobierno estadounidense e influyen en decisiones críticas, mientras que el pueblo estadounidense paga el precio.
El argumento “ZOG”
Culpar a los judíos de provocar guerras es una conocida y antigua calumnia antisemita, incluso en Estados Unidos. Las acusaciones de que los judíos o Israel controlan al Gobierno y la política estadounidenses se expresan a menudo con términos como «Gobierno ocupado [a veces controlado] por los sionistas» o ZOG, por sus siglas en inglés. El término se originó hace décadas y ganó popularidad en los círculos neonazis y nacionalistas blancos, pero recientemente ha sido adoptado por algunos sectores de la izquierda.
El artículo del New York Times del 2 de marzo de 2026, titulado «Cómo Trump decidió ir a la guerra», sugiere que Israel tiene un poder considerable sobre el Gobierno estadounidense. Por lo tanto, el Gobierno se vio arrastrado a intervenir en una guerra por culpa de Israel. El artículo comienza así: “La decisión del presidente Trump de emprender una acción militar en Irán fue impulsada por un líder israelí decidido a poner fin a las negociaciones diplomáticas. Pocos de los asesores del presidente expresaron su oposición». A continuación, el artículo describe a Benjamín Netanyahu, cuando los dos líderes se reunieron el 11 de febrero de 2026 y pasaron horas discutiendo una posible guerra y las fechas del ataque, como “decidido a mantener al presidente estadounidense en el camino hacia la guerra”. Poco después de la reunión con Netanyahu, según el artículo, Trump se mostró escéptico sobre el éxito de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, que se suponía que conducirían a una distensión.
El Times afirmó que “Netanyahu quería asegurarse de que los nuevos esfuerzos diplomáticos no socavaran los planes [de ir a la guerra]”; que, a pesar de las dudas y advertencias iniciales (por ejemplo, sobre las bajas), el apetito de Trump por la guerra se vio “alimentado por aliados como Netanyahu, que presionaron al presidente para que asestara un golpe decisivo al gobierno teocrático de Irán”; y que “la decisión de Estados Unidos de atacar Irán fue una victoria para Netanyahu, que llevaba meses presionando a Trump sobre la necesidad de golpear lo que, según él, era un régimen debilitado”.
El artículo del Times señalaba que su relato de los acontecimientos se basaba en fuentes anónimas, entre las que se encontraban funcionarios israelíes y estadounidenses, diplomáticos, asesores del presidente, legisladores y funcionarios de inteligencia.
Los matices antisemitas del informe del Times también se hacen evidentes en la decisión del periódico de presentar al personaje mediático de derecha Tucker Carlson —un conocido antisemita con un historial de comentarios y contenidos extravagantes contra Israel— como una de las pocas voces de la razón (¡!) que se oponen a un ataque. Supuestamente, Carlson instó a Trump a “frenar” a Netanyahu, evitar la guerra y no dejarse “acorralar por Israel”, citando preocupaciones por el personal militar estadounidense, los precios del petróleo y los aliados regionales (el boletín informativo del Times utilizó las palabras “obligado por Israel”). Trump respondió que “no tenía otra opción” que unirse a Israel en la guerra.
Así, el New York Times describía al presidente Trump como cautivo de, y al servicio de los caprichos de un Israel belicoso, de manera muy similar a la teoría de la conspiración del ZOG.
El argumento “AOG” – “Gobierno ocupado por los árabes”
La forma de pensar de Rachel Maddow es tan conspirativo como el del Times, pero ella se centra en los países árabes, no en Israel ni en los judíos. En todo caso, Maddow pinta tanto a Estados Unidos como a Israel como títeres de los Estados árabes. Esencialmente, Maddow sustituye a los judíos por los árabes como aquellos que influyen en el presidente estadounidense, retratando a los Estados del Golfo como los impulsores y artífices de la decisión de ir a la guerra y como los principales beneficiarios de la misma.
El razonamiento de Maddow es sencillo: Trump y sus asesores de confianza Steve Witkoff y Jared Kushner (también yerno del presidente) son codiciosos. Les motiva el beneficio económico, y los Estados del Golfo se están aprovechando de ello. No es la primera vez que MS NOW hace esta afirmación.
Maddow sostiene que, a pesar de toda la atención que se presta a Israel y su papel en la guerra, son los Estados árabes los que ven desde siempre a Irán como un rival regional y quieren eliminarlo. Menciona, para construir su argumento, el costoso avión que Trump recibió de Qatar, el acuerdo criptográfico de dos mil millones de dólares de los Emiratos Árabes Unidos que benefició a la familia Trump y cómo otros dos mil millones de dólares pasaron de manos saudíes a Jared Kushner. Además, fueron Kushner y Witkoff —cuyo hijo tiene vínculos financieros con Catar— quienes lideraron las negociaciones previas a la guerra con Irán. Maddow añade:
Son esos países [los Estados árabes del Golfo] los que han estado comprando asiduamente a los miembros de la familia Trump y de la administración Trump con cantidades asombrosas de dinero en efectivo en los últimos años, y especialmente en los últimos meses.
Y ahora, por ese precio tan bajo, parecen haber alquilado los servicios del ejército estadounidense para iniciar una guerra que ellos quieren, pero que el pueblo estadounidense no quiere.
Maddow demuestra su incomprensión sobre la guerra cuando compara la rivalidad entre los Estados del Golfo e Irán con una disputa entre vecinos en la que una persona soborna a dos policías (Israel y Estados Unidos) para que ataquen e intimiden a su vecino.
Basándose en una lógica similar a la conspiración antisemita del ZOG, Maddow parece estar promoviendo una nueva forma de islamofobia, al sugerir que el Gobierno estadounidense está esencialmente “ocupado por los árabes”.
La explicación no conspiranoica
Tanto los argumentos del New York Times como los de Maddow son inconsistentes. El Times admite que los iraníes nunca tuvieron la intención de comprometerse a un enriquecimiento cero, tal y como exigía Estados Unidos (al tiempo que ofrecía combustible nuclear gratuito). Al hacerlo, el diario plantea una razón diferente por la que Estados Unidos podría haber atacado, una que no tiene nada que ver con su enfoque en Israel. Por su parte, Maddow menciona los rasgos personales de Trump como un factor, y nunca aclara realmente qué tipo de “soborno” recibió Israel a cambio de atacar Irán. Como suelen hacer los teóricos de la conspiración, ambos informes se centran en motivos personales, y no en consideraciones geopolíticas, diplomáticas o militares —como el estancamiento en las largas negociaciones entre Irán y Estados Unidos— como posibles catalizadores de la violencia.
Sin duda, algunos de los comentarios de Marco Rubio fueron contraproducentes y parecieron justificar la narrativa del ZOG. En general, la administración ha tenido dificultades para justificar la guerra en términos claros y explicar al pueblo estadounidense por qué comenzó.
Afortunadamente, el pensamiento crítico ofrece mejores explicaciones que las que nos dan los periodistas y políticos dados a las conspiraciones.
Geopolítica global
Business Insider, The Diplomat y Free Press señalaron que la decisión de atacar Irán no estuvo motivada principalmente por los deseos de Israel o de los Estados del Golfo, sino por el deseo de Estados Unidos de hacer algo mucho más grande: frenar las aspiraciones hegemónicas de China y mantener el orden global estadounidense. Al igual que Venezuela, cuyo presidente fue capturado recientemente por Estados Unidos, Irán es un importante proveedor de energía para el verdadero rival global y hegemón competidor de Estados Unidos. Por otro lado, el propio Irán depende en gran medida del dinero chino para financiar su ejército. También necesita a China para adquirir armamento avanzado que supone una gran amenaza para los intereses y el personal estadounidenses. Irán es, en esencia, un puesto avanzado chino en Oriente Medio. Atacar Irán supondrá un duro golpe para China.
Aliados regionales
La geopolítica global no significa que los aliados regionales no importen. Sin duda, las preocupaciones de Israel, así como las de los Estados del Golfo, son muy importantes. Pero, tal y como informó The Washington Post, ni Israel ni los Estados del Golfo influyeron especialmente en la decisión de Estados Unidos de atacar. Tanto Israel como Arabia Saudí apoyaron el ataque —esta última lo hizo en privado para evitar represalias de su rival regional de larga data— y el Post señaló que sus opiniones “ayudaron”, pero no obligaron, a Trump a ordenar el ataque.
La posición de la República Islámica
El Post también dio a conocer que Witkoff y Kushner tenían la impresión de que los iraníes no se tomaban en serio las negociaciones y no estaban dispuestos a renunciar al enriquecimiento que les permitiría desarrollar un arma nuclear. El propio New York Times informó en su alucinante panegírico de Jamenei que el difunto ayatolá insistió en que Irán nunca renunciara a su derecho a enriquecer uranio.
Venganza personal
Por último, está la conexión personal, que Trump admitió y de la que el Washington Post informó. Según se informa, los iraníes intentaron asesinar a Trump en dos ocasiones. “Yo lo atrapé antes de que él me atrapara a mí”, dijo Trump sobre Jamenei en una entrevista. Estos intentos de asesinato parecen haber influido en la toma de decisiones de Trump.
Una explicación que combine la geopolítica y el poder global, las luchas regionales y los ajustes de cuentas personales sin duda puede dar lugar a un gran periodismo. Para contarlo, algunos periodistas tendrían que reflexionar sobre sus propios prejuicios, ver el panorama general y comprender que los extranjeros no controlan a nadie.
Quizás la próxima vez.
Texto original en inglés: The ZOG and the AOG: The Media’s Foreign Conspiracies About Iran, CAMERA