¿Y la cobertura? – o la máquina mediática de hacer silencios cómplices

Si ayer les tocaba a los medios en español practicar la censura “periodística” del hecho de que Hamás ocultó leche infantil con el propósito de provocar una crisis alimentaria que, a través del aumento de la inseguridad alimentaria, condujera a mayor presión internacional sobre Israel; hoy le toca a los famosos “periodistas palestinos” muertos durante la guerra.

El diario israelí Ynet (Yediot Ajronot) se hacía eco hoy de un informe publicado el mismo día por el Meir Amit Intelligence and Terrorism Information Center, que examinó las identidades de 266 palestinos que fueron identificados como periodistas o trabajadores de prensa muertos en combates. Según los hallazgos, al menos 157 de ellos eran operativos o afiliados a organizaciones terroristas:

“… 104 de los descritos como periodistas o trabajadores de los medios de comunicación eran miembros de Hamás, incluidos al menos 47 que formaban parte del grupo terrorista o actuaban como operativos militares. Otros 45 eran operativos o afiliados a la Yihad Islámica Palestina, incluidos al menos 18 identificados como miembros u operativos militares. Dos fueron identificados como operativos del ala militar de Fatah, dos pertenecían al Frente Popular para la Liberación de Palestina, uno al Frente Democrático para la Liberación de Palestina y otro a los Comités de Resistencia Popular”.

“De las 109 víctimas mortales adicionales examinadas, ocho fueron identificadas como miembros de Fatah y siete como miembros de la Autoridad Palestina. No se encontró ninguna afiliación para las 94 restantes”.

Pero la rotunda mayoría de los medios de comunicación, la ONU, Reporteros sin Frontera, y tantas otras ONG, alimentaron a sus audiencia con la propaganda de los grupos terroristas palestinos, organizaciones afines y partes más que interesadas. Un periodismo de excelencia, una integridad sin fisuras…

El estudio realizado por el Centro Meir Amit, indicaron los investigadores, se basó en la misma lista de trabajadores de medios publicada por la oficina de información del gobierno gazatí. El centro – señaló Ynet – cotejó la lista con informes de medios de comunicación palestinos con un documento de Hamás descubierto por las tropas de las Fuerzas de Defensa de Israel durante operaciones terrestres en Gaza, que incluía nombres y funciones de operativos de la Brigada Gaza del ala militar de Hamás.

“El centro afirmó que la afiliación a la organización se determinó según dos criterios: la pertenencia clara a un grupo o a su ala militar, o su empleo en un medio de comunicación perteneciente a uno de los grupos terroristas, lo que indica la identificación con la organización y la actuación en su nombre. Los investigadores afirmaron que algunas personas actuaban como agentes militares, aunque no se pudo confirmar su vinculación específica con la organización”, añadió Ynet.

Más material para la máquina mediática de fabricar ignorancia.

Junto con la leche de los niños secuestrada por Hamás. O, lo que es lo mismo, junto la agudización de la crisis alimentaria fogueada y explotada por el grupo terrorista, y, claro, censurada una vez desenmascarada.

Más el control de Hamás sobre las ONG extranjeras que trabajan en Gaza: igualmente silenciado. Por los medios que recurren a esas mismas ONG como fuentes confiables de algo que siguen cínicamente llamando información. Por las ONG que se convierten en cómplices, en escudos.

O el rearme – esto es, la violación de las condiciones de alto el fuego – de Hizbulá en el Líbano…

Silencio disimulado con el grito repetido de la demonización

Los propagandistas saben que no hay mejor herramienta para el prejuicio y la obediencia que el desconocimiento, que la desinformación. Ni, como decía Daniel Kahneman, una forma más fiable de hacer que la gente crea en falsedades es la repetición frecuente, porque la familiaridad no se distingue fácilmente de la verdad. Y a eso se ha reducido gran parte de la cobertura de los medios en español: la iteración de las fabricaciones de Hamás con el condimento de los libelos más que conocidos del antisemitismo más rancio.

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