Terror borrado en La Vanguardia

La Vanguardia publicaba el 30 de noviembre, contradiciendo su nombre, una de esas obediencias al “relato” que, como decía Thomas Sowell (The Vision of the Anointed: Self-Congratulation as a Basis for Social Policy), hace de los medios de comunicación “menos una ventana a la realidad que un escenario en el que… periodistas representan ficciones guionadas e interesadas”.

Ese guion manda que se silencie la voz israelí, que se valide a grupos terroristas como fuentes fiables de información, que se diluya la responsabilidad de esos mismos grupos y sus valedores en el conflicto.

Y el artículo del diario español lo seguía al pie de la letra.

Primer Acto: Gaza, terrorismo palestino invisible y la “saña” israelí

A la censura sobre los ataques de Hamás contra los israelíes luego del alto el fuego firmado el 9 de octubre, a la reiterada negativa a entregar las armas (según estipula la segunda fase del documento; que a su vez llevará a un mayor repliegue de las fuerzas israelíes); al robo de ayuda humanitaria por parte de este grupo, y al trato que dispensa esta organización genocida a sus opositores, el medio español la disimulaba con el despliegue, como pañuelos de colores, su narrativa en forma de fuentes citadas.

“La tregua en Gaza no ha detenido el contador de víctimas mortales, ni los ataques israelíes que golpean el enclave a diario a pesar del alto el fuego. Según el ministerio de Salud de la franja…”. Hamás.

“Ismail el Zawabta, director de la Oficina de Información del Gobierno de Gaza, afirmó el viernes que…”. Hamás.

“… según fuentes médicas del gobierno gazatí”. Hamás.

Pero a veces, las fuentes no son suficientes para elaborar el mensaje; el ruido. Así el escribiente se ve tentado o forzado hacer su propia valoración. ¿Sobre los hechos? No, qué va, sobre la ideología, o el prejuicio: “… se ha establecido una frontera imaginaria, la “línea amarilla”, una división que amenaza con enquistarse y convertirse de facto en el nuevo borde del enclave palestino”.

Entonces, sí, otra vez la “fuente”. Esta vez, una ONG cuyo “presidente del Consejo no es otro que Richard Falk, el antiguo relator especial de la ONU para Palestina, quien ha alabado el ‘espíritu de resistencia’ de Hamás, ha justificado la violencia palestina y ha afirmado que Hamás aspira a una ‘coexistencia pacífica a largo plazo’”, y cuyo “fundador, Ramy Abdu, no es solo un simpatizante de los terroristas, sino un activo partidario de Hamás en Twitter”. De hecho, Abdu, fue incluido en una lista del ministerio de Defensa israelí como “principal operativo” de instituciones consideras por Israel como fachadas de Hamás en Europa, según daba cuenta NGO Monitor.

Y se trataba, claro, de una acusación: “… ‘la línea amarilla cambia cada día’, asegura un informe publicado este sábado por el Euro-Med Human Rights Monitor”.

Segundo acto: No le alcanza con Gaza, también Cisjordania, Líbano, Siria…

El segundo acto la repetición de lo mismo con distinto escenario. Pero una repetición que pretende construir, o más bien aumentar, ese estatus de maldad del que se reviste a Israel. Por lo demás, todo es igual: censura de las actividades terroristas palestinas en Cisjordania, de las de Hizbulá (violando la tregua a voz en grito) y de la precaria situación en la zona fronteriza con siria y los grupos terrorista que desde allí operan.

Así narraba el inicio de la escena el medio:

“Con la situación de la franja estancada, el gobierno de Beniamín Netanyahu ha reabierto otros frentes, mientras trata de mantener en pie su coalición. En Cisjordania, una nueva operación militar contra grupos palestinos en el norte se suma al reciente repunte de ataques por parte de colonos”.

“El Ejército israelí también ha atacado esta misma semana posiciones del nuevo gobierno sirio en los territorios que ocupó hace un año…”.

Pero omitía mencionar lo que incluso la BBC, notoria por su sesgo, explicaba:

“Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) afirmaron que sus tropas entraron en la aldea, situada en el límite de los Altos del Golán ocupados, para detener a militantes que, según ellos, ‘llevaban a cabo ataques terroristas contra civiles israelíes’.

Seis soldados israelíes resultaron heridos en los enfrentamientos, tres de ellos de gravedad, según informaron.

Las FDI afirmaron que el objetivo de la operación del viernes era el grupo militante Jamaa Islamiya. … Desde la caída del presidente sirio Bashar al-Assad hace casi un año, Israel ha desplazado sus fuerzas a través de una zona de amortiguación en los Altos del Golán hacia el sur de Siria, donde operan varios grupos y células antiisraelíes. Israel afirma que no permitirá que el ejército sirio, al que considera una amenaza, se despliegue allí”.

Para el lector desprevenido que caiga en las páginas de La Vanguardia, el asunto será muy simple: hay un país que es una amenaza para la región. Agrede a diestra y siniestra.

Lo mismo en Siria que en Cisjordania, donde el medio español volvía a acallar la actividad de grupos terroristas. En 2024, según daba cuenta el analista de CAMERA David Litman, se produjeron 6828 ataques perpetrados por palestinos en Cisjordania, incluidos 231 “ataques significativos”. A estas cifras hay que añadir los 1.040 ataques terroristas “significativos” que fueron frustrados por los servicios de seguridad israelíes durante ese periodo.

Por su parte, el Meir Amit Intelligence and Terrorism Information Center informaba que, por ejemplo, “el 8 de septiembre, dos terroristas palestinos armados con una ametralladora Carlo improvisada y una pistola abrieron fuego contra civiles israelíes que esperaban en una parada de autobús en el cruce de Ramot, en Jerusalén, y contra los pasajeros del autobús n.º 62. Seis civiles resultaron muertos y 38 heridos, cinco de ellos de gravedad”.

El 18 de noviembre de este año, indicaba el mismo centro, “dos terroristas palestinos llevaron a cabo un ataque combinado con atropello y apuñalamiento en el cruce de Gush Etzion. Un civil israelí resultó muerto y tres heridos. Las fuerzas detuvieron a decenas de personas buscadas y palestinos sospechosos de actividades terroristas, entre ellos al menos 18 miembros de Hamás, terroristas que planeaban llevar a cabo atentados y palestinos que lanzaron cócteles Molotov; se confiscaron armas y dos tornos para la fabricación de armas”.

La situación en el Líbano era otra oportunidad de deserción del periodismo para abrazar un relato que tiene como objetivo la demonización del estado judío. Es decir, una vez más las necesarias omisiones. Las complicidades.

“En Líbano, … la amenaza de que la guerra abierta regrese a su frontera un año después de la firma del alto el fuego. Israel ha dado un reciente ultimátum a la milicia chií Hizbulah para que se desarme antes de que acabe el año, y les acusa de estar aunando fuerzas en el sur. Según diferentes medios libaneses, Israel ha atacado más 10.000 veces el país desde la implementación de la tregua. Un precedente que parece estar repitiéndose en Gaza, y que aleja aún más la idea de paz en Oriente Medio”. El actor (el culpable) es siempre Israel. El problema para la paz en la región, ese mismo actor.

Tamar Sternthal, analista de CAMERA echaba luz sobre lo que sucede en ese país:

“Como informó Reuters en agosto:

‘El viernes, el líder de Hezbolá, Naim Qasem, evocó el espectro de la guerra civil y advirtió de que “no habría vida” en Líbano si el Estado intentaba enfrentarse al grupo o eliminarlo’.

Y justo el mes pasado, el vicepresidente del Consejo Ejecutivo de Hezbolá, Ali Damoush, advirtió de que ‘quien se enfrente a nosotros entrará en la batalla de Karbala’, en referencia a una antigua batalla entre fuerzas islámicas opuestas.

Agence France Presse, otra agencia de noticias internacional, demuestra que es posible ofrecer una información clara sobre el requisito del alto el fuego para el desarme de Hezbolá y el rechazo de la organización terrorista a esas cláusulas. Informa:

Según el acuerdo, Hezbolá debía retirar sus fuerzas al norte del río Litani, a unos 30 kilómetros (20 millas) al norte de la frontera con Israel, y desmantelar allí su infraestructura militar.

Según un plan aprobado por el Gobierno, el ejército libanés debe desmantelar la infraestructura militar de Hezbolá al sur del río antes de que finalice el año, antes de abordar el resto del país.

Hezbolá ha rechazado enérgicamente la medida. [Énfasis añadido]”.

El New York Times sobre el ataque israelí contra Tabtabai es más sincero que el de AP en cuanto a las dudas del presidente Aoun a la hora de enfrentarse a Hezbolá, afirmando (“Israel asesinó a un alto mando de Hezbolá cerca de Beirut”):

“… hasta ahora, Hezbolá se ha resistido a las peticiones de deponer las armas, y el nuevo Gobierno del Líbano se muestra reacio a desarmar al grupo por la fuerza, por temor a que ello pueda desencadenar un conflicto interno. Esto ha llevado a los funcionarios estadounidenses a expresar su creciente frustración por el ritmo del desarme”.

En tanto, 30 de octubre de 2025 el Wall Street Journal indicaba que el grupo terrorista libanés “está reconstruyendo su armamento y sus filas diezmadas, desafiando los términos del acuerdo de alto el fuego y aumentando la posibilidad de un nuevo conflicto con Israel, según personas familiarizadas con los servicios de inteligencia israelíes y árabes”. Y puntualizaba que el grupo proxy iraní está reponiendo cohetes, misiles antitanque y artillería; y que algunas de esas armas le llegan a través de puertos marítimos y rutas de contrabando aún operativas a través de Siria.

Hamás, ese culto genocida que con su matanza brutal comenzó la guerra; Hizbulá, ese otro grupo bestial que secundó la ofensiva de Hamás, eran así elevados a fuente o, como mínimo, a mero nombre sin atributos – como no fuera el de víctimas.

Decía el autor citado al inicio que es muy fácil estar equivocado, y persistir en el error, cuando los costos de estarlo lo pagan otros: los israelíes, los judíos alrededor del mundo, los palestinos que padecen a Hamás a la corrupta Fatah.

Comments are closed.