RTVE: Más ayatolistas que los ayatolás

Curiosamente, en un artículo del 27 de marzo de 2026 en el que en uno de sus subtítulos hablaba de un pretendido “doble rasero” – de Estados Unidos para con el supuesto programa nuclear israelí -, el ente de radio y televisión español, RTVE, caía justamente en tal práctica. Acaso algo más: no sólo adulteraba la balanza, sino que también lo hacía con el peso de una de las “muestras”.

En dicho texto era precedido por el irrisorio titular “Dimona: el secreto nuclear mejor guardado de Israel, ahora expuesto por su guerra y la de EE.UU. contra Irán”.

Del Centro de Investigación Nuclear Shimon Peres, del Negev, conocido con el nombre de la ciudad cercana, Dimona, se ha hablado mucho. La República Islámica no ha expuesto nada.

De hecho, no sólo es posible encontrar fotos del elocuente reactor de dicho centro pertenecientes a distintas épocas en internet sin más que teclear el nombre en el buscador, sino que el propio texto ofrecía un remedo de historia de dicho programa (¡!), y conjeturas sobre la posible cantidad de ojivas nucleares en posesión de Israel.

De una u otra manera, el titular ya venía a menoscabar la credibilidad de todo lo que a continuación siguiera.

Algo que reforzaba el pie de la ilustración, que afirmaba una falsedad – que en la ciudad de Dimona se lleva se “desarrolla el programa nuclear israelí” – que no aparecía en el pie de foto original en inglés de Reuters.

El primer párrafo, pues, no decepcionaba en este sentido:

“El impacto de un misil balístico iraní el pasado 21 de marzo en una zona residencial de la ciudad israelí de Dimona, que provocó cerca de 200 heridos en la zona, no solo expuso la vulnerabilidad del sistema antimisiles de Israel, sino que situó en el mapa, y en pleno desierto del Néguev, uno de los secretos mejor guardados del país…”.

Primero: Se sustrae agencia al régimen iraní y se la traslada al misil balístico.

Segundo: Se trató de un ataque contra la población civil israelí. Dimona se encuentra a unos 15 kilómetros del centro de investigación. Para tener una idea de la distancia, si uno se encontrara en la Puerta del Sol, en Madrid, el centro de investigación estaría en Pozuelo de Alcorcón, o San Sebastián de los Reyes o, por el sur, Coslada o Leganés. Lejos.

Tercero: Lo que expuso ataque de Teherán es su constante lanzamiento de misiles balísticos, algunos de los cuales van provistos de bombas racimo, contra centros civiles israelíes. Eso que suele denominarse un crimen de guerra.

Pero RTVE convertía la violación del derecho internacional por parte del régimen de los ayatolás en un mero “mensaje calibrado”, una suerte de sutiliza militar, una legítima y escrupulosa forma de hacer saber algo al enemigo. Vamos, una vergüenza ya no sólo profesional, sino moral:

“El mensaje de Teherán fue deliberadamente calibrado. No trataba de destruir las instalaciones israelíes en sí, pero sí demostrar que podía alcanzarlas, situando esta pequeña población en su diana estratégica…”.

Atacar poblaciones civiles, según RTVE, es algo no solo válido, sino loable. Según quién lo haga, claro.

Luego de un remedo de contexto histórico del “programa nuclear israelí”, decía la crónica:

“Bajo la llamada Doctrina Begin, Israel ha actuado para impedir que Estados considerados enemigos desarrollen capacidades nucleares militares, al percibirlas como una amenaza existencial. Así lo demuestran los ataques contra el reactor de Osirak (Irak) en 1981 o el de Al Kibar (Siria) en 2007…”.

“Sin embargo, esa misma lógica revela una paradoja: Israel confía en la disuasión que proporciona su propio arsenal, pero cuestiona que ese principio funcione en manos de sus adversarios”.

En breve, la información se veía usurpada por la propia opinión del cronista, de RTVE, en definitiva, puesto que no se trata de una pieza de opinión. Y lo hacía con un argumento casi infantil: “si él sí, por qué aquel otro no”.

La diferencia entre un programa y otro no es nada sutil. Lo han dejado claro los vecinos de Israel.

Apenas nacido el estado judío, fue el secretario general de la Liga Árabe, Abdul Rahman Azzam el que dijo que el ataque conjunto de varios ejércitos árabes que siguió a la declaración de independencia israelí sería, en realidad, una “guerra de exterminio y una masacre trascendental”.

Fue el ex director de la Fuerza de Seguridad Preventiva en Cisjordania– y como tal acusado de torturas -, y actual parásito de las instituciones deportivas internacionales con fines ideológico-propagandístico (la guerra por otras vías) y secretario general Adjunto del Comité Central de Fatah, Jibril Rajoub, quien en 2013 dijo:

“Juro que si tuviéramos una bomba nuclear, la habríamos utilizado esta misma mañana”.

Y en 2021, de acuerdo con un informe de UN Watch, Rajoub declaraba:

“Seguiremos con el ciclo de sangre y muerte…”.

Fue el expresidente Mahmoud Ahmadineyad quien en 2005 aseguró que “Israel debe ser borrado del mapa. Todo el que reconozca al régimen sionista arderá en el fuego de la furia de la nación islámica”, tal como se apuntaba en un artículo publicado por el diario ABC en febrero de 2019.

Fue también el también expresidente de la República Islámica, Hassan Rohaní, quien dijo (24 de noviembre de 2018):

“Uno de los resultados ominosos de la Segunda Guerra Mundial fue la formación de un tumor canceroso en la región [Israel]”.

Al cáncer hay que eliminarlo.

Ya en 2014, era el entonces Líder Supremo Alí Jamenei el que declaraba el firme propósito de su régimen de eliminar a Israel. Y en un discurso emitido por la televisión estatal iraní el 22 de mayo de 2020, otra vez lo mismo: “El régimen sionista es un crecimiento mortal y canceroso y un prejuicio para esta región. Sin duda será desarraigado y destruido”.

No ha sido el estado judío el que amenazara con destruir a los estados vecinos. Por el contrario, fueron estos los que atacaron una y otra vez a dicho estado con el objetivo de acabar con su existencia.

Y no ha sido precisamente la supuesta posesión de armas nucleares por parte de Israel la que ha preocupado seriamente a sus vecinos.. En cambio, como señalaba en 2015 el Dr. Al-Rawashdeh Mohammad Salim, de la Escuela Real de Personal y Mando y Defensa Nacional, Fuerzas Armadas de Baréin (The Nuclear Race in Middle East, Arab World- Iran) se manifestó precisamente “la preocupación de que un Irán nuclear podría suponer un «punto de inflexión» para algunos Estados de otras regiones a la hora de plantearse la adquisición de capacidad nuclear. Algunos expertos llegan incluso a predecir una cascada de proliferación de armas de destrucción masiva (ADM)”.

Y ello, como explicaba el académico, porque la rivalidad de Irán con los Estados árabes pertenecientes al Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) “es independiente de su rivalidad con Israel y Estados Unidos debido a razones ideológicas, étnicas y geopolíticas diferentes, y alimenta el temor de que «las ambiciones nucleares de Irán desencadenen una oleada de proliferación nuclear en todo Oriente Medio»”.

El temor no era gratuito.

Por ejemplo, Ali Younesi, asesor del presidente Rohaní – y ministro de Inteligencia entre los años 2000 y 2005 -, dejó muy claras las aspiraciones iraníes durante un discurso pronunciado el 8 de marzo de 2015 durante la conferencia “Irán, Nacionalismo, Historia y Cultura”, al sostener que Irán es nuevamente un Imperio, como lo fue en el pasado, y que su capital, Iraq, es “el centro del patrimonio, cultura e identidad iraníes”, delineando así las fronteras de, en palabras de Younesi, el “gran Irán”, en el que incluyó regiones de China, el subcontinente Indio, norte y sur del Cáucaso y el Golfo Pérsico.

En tanto, mientras la realidad evidenciaba hacia dónde destinaba el régimen de Teherán los fondos descongelados por los acuerdos del JCPO – lejos de su población; esto es, a financiar a sus grupos proxis, en Líbano, Irak, Yemen, Gaza, su programa nuclear y su injerencia regional -, el diario Ha’artez informaba en marzo de 2015 que el Comandante de las fuerzas de élite Quds – “el ala externa (en el extranjero) de la Guardia Revolucionaria” -, Qassem Soleimani, dijo durante una conferencia en Irán, que creía en la capacidad de Teherán para controlar los eventos en Jordania, tal como lo hace en Iraq y el Líbano. Era la primera vez, remarcaba el diario israelí, que un alto oficial iraní discutía abiertamente las ambiciones iraníes en Jordania.

Y más adelante, bajo el subtítulo mencionado más arriba, RTVE volvía al argumentario que suplantaba la posibilidad de algo de información actual:

“El episodio reabre además la cuestión del doble rasero. Estados Unidos ha evitado reconocer el arsenal israelí mientras presionaba a Irán para frenar el suyo”.

Poco tenía el artículo de periodismo y mucho de apología del régimen iraní: de su astucia para enviar pretendidos “mensajes” – esto es, atacar a la población civil israelí – y de una suerte de sugerido derecho por, digamos, por “compensación”, a adquirir capacidad nuclear con fines militares.

No informaba mucho del conflicto, por no decir nada – tantas eran las omisiones, y tal calibre – , pero mucho decía sobre lo que el ente público ha llegado a entender por periodismo: una práctica al servicio de la ideología, de vaya uno a saber qué intereses maneja cada profesional y, claro está, el propio ente.

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