El filósofo y sociólogo Jean Baudrillard decía algo así como que la lógica de la simulación no tiene ya nada que ver con la lógica de los hechos ni con el orden de la razón. Ni, claro está, con la cronología, ni con la integridad profesional, deontológica, de quien practica ese simulacro.
Quizás en ningún otro lugar como en los medios de comunicación sea tan evidente la propensión al simulacro: a la suplantación de la realidad por la agenda ideológica, por el interés corporativo, o por el motivo que sea.
En otro artículo de CAMERA Español el intelectual francés hacía precisamente referencia a la interposición entre el lector y la realidad del simulacro de la información.
Entre los medios, el ente público español de radio y televisión (RTVE) sea probablemente el mejor ejemplo de todo esto: de la impostura ventajista de la representación, del eslogan y la consigna como sustituto de los hechos. Es más, ya no sólo como tal reemplazo, sino como una superación de la realidad.
Esto hacía, ni más ni menos, RTVE en un artículo publicado en su página web el 22 de diciembre de 2025. El titular era la clave con la que el lector debía absorber la “realidad”: “El fallido alto el fuego de Trump en Palestina: más de 400 gazatíes muertos por ataques israelíes desde la tregua”.
Es decir, la tregua falla por Israel.
Israel decidió, porque sí, porque al parecer tiene una pulsión asesina (ay, libelo de sangre, cuánto has dado de sí), realizar ataques.
Se preguntará el lector más impermeable a la mansedumbre informativa y al evidentite artefacto propagandista, dónde está Hamás. Ese grupo terrorista que inició la guerra con un ataque brutal contra Israel. El mismo que en cuanto se declaró la tregua salió de los túneles a reimponer su puño de hierro sobre los gazatíes.
Sí, ese.
Está, no se preocupe. Pero no como se piensa. Aparece en el primer párrafo, ni más ni menos, como fuente autorizada para el medio se apoye en las cifras que ofrece para patrocinar justamente esa narrativa:
“Al menos 405 personas han muerto por ataques israelíes en la Franja de Gaza desde la entrada en vigor del alto el fuego, ha informado este lunes el ministerio de Sanidad del enclave palestino, dependiente de Hamás, en su boletín diario, que recoge las víctimas hasta la medianoche del día anterior”.
Y enseguida, la mano del propio medio:
“Israel continúa controlando el 54 % de la Franja de Gaza, después de que sus tropas se replegaran a la denominada ‘línea amarilla’, donde siguen disparando casi a diario contra palestinos que el Ejército alega se acercan demasiado y a los que considera “terroristas”, aunque a menudo no ofrece prueba de ello”.
A Hamás seguía la consabida ONG que, evidentemente montada sobre los números de Hamás, inflaba el encuadre contra Israel: los ataques, así, los lleva a cabo el estado judío “mediante bombardeos reiterados contra campamentos de desplazados y disparos de francotiradores”.
De Hamás, salvo ese primer párrafo, seguimos sin noticia. Del cuerpo del israelí Ran Gvili que aún no ha sido devuelto, menos que menos.
Y una fuente israelí, menos que menos.
Hay, eso sí, “devastación” en la Franja debido al fuego israelí durante la guerra. Y no hay, eso no, ni túneles enquistados bajo la infraestructura civil – que también ha sido utilizada para fines terroristas: hospitales, escuelas, edificios civiles…
Como no se trata de hechos sino de la elaboración un estado anímico, de una predisposición emocional, en el lector respecto al tema que se trata (la inmarcesible perversidad israelí), el texto saltaba a la situación humanitaria. Y sí, aún nada de la responsabilidad Hamás y otros grupos palestinos en el estado del alto el fuego. Nada de eso. Ningún ataque terrorista contra fuerzas israelíes.
“Meses antes de que entrara en vigor el último alto el fuego el pasado 10 de octubre, Israel ya había restringido severamente la entrada de ayuda en el territorio, argumentando que esta asistencia estaba siendo desviada por “actores malintencionados”. Pero incluso después de que se hiciese efectivo el cese de hostilidades, las organizaciones internacionales han advertido de que no estaba entrando en Gaza ni suficiente comida, ni otros suministros vitales. Un análisis de la agencia de noticias Associated Press publicado en diciembre ha concluido que las entregas estaban muy por debajo de los términos que Israel había aceptado en el alto el fuego mediado por la Administración Trump. El IPC estima que, durante el próximo año, más de 100.000 niños en Gaza sufrirán “malnutrición aguda y necesitarán tratamiento”, así como unas 37.000 mujeres embarazadas”.
No era sino hasta 4 párrafos después que citaba lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicara el 19 de diciembre de 2025 en su primer párrafo: que el último análisis del IPC confirmara que no hay áreas en la Franja actualmente “clasificadas en hambruna” luego del alto el fuego de octubre y de las mejoras humanitarias y de acceso comercial… ¿Por qué será?
Por supuesto, no se mencionaba la respuesta del Coordinador de las Actividades del Gobierno israelí en los Territorios (COGAT, por sus siglas en inglés) al informe del IPC:
“El COGAT rechaza enérgicamente las afirmaciones y conclusiones [las estimaciones] presentadas en el informe del IPC publicado hoy (viernes), que una vez más ofrece una imagen distorsionada, sesgada e infundada de la situación humanitaria en la Franja de Gaza. El informe se basa en graves lagunas en la recopilación de datos y en fuentes que no reflejan el alcance total de la asistencia humanitaria”.
“Contrariamente a lo que se afirma, entre 600 y 800 camiones de ayuda entran cada día en la Franja de Gaza, de los cuales aproximadamente el 70 % transporta alimentos. El resto transporta equipo médico, suministros para refugios, tiendas de campaña, ropa y otra ayuda humanitaria esencial. Esto se ajusta al compromiso adquirido por Israel en virtud del acuerdo de alto el fuego de permitir y facilitar la entrada de 4.200 camiones de ayuda por semana. En este contexto, casi 30 000 camiones con alimentos que transportaban más de 500 000 toneladas de alimentos entraron en la Franja de Gaza durante el período de alto el fuego. También observamos que, a lo largo de la guerra, aproximadamente 100 000 camiones con alimentos entraron en la Franja de Gaza hasta el inicio del alto el fuego. Estas cantidades superan con creces las necesidades nutricionales de la población de la Franja de Gaza según las metodologías internacionales aceptadas, incluidas las del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas.
Estos datos se presentan diariamente como parte de las evaluaciones conjuntas de la situación a los mediadores, las Naciones Unidas y las organizaciones internacionales…”.
“Los autores del informe acordaron reunirse con funcionarios profesionales israelíes y representantes del Centro de Coordinación Civil-Militar (CMCC) de los Estados Unidos solo después de que el informe ya se hubiera redactado y se hubieran formulado sus conclusiones. Durante la reunión, se presentaron a los autores datos completos, diarios y verificados sobre el volumen de camiones de alimentos que entraban en la Franja de Gaza. A pesar de ello, el IPC optó por presentar una serie de excusas sobre el uso de los datos y se basó solo parcialmente en la información proporcionada. Esta conducta no refleja un desacuerdo profesional legítimo, sino más bien una redacción sesgada basada en datos parciales y distorsionados, lo que indica que las conclusiones del informe estaban determinadas de antemano”.
RTVE finalizaba con otra perla para exonerar a Hamás – del que nunca ha mencionado ningún ataque ni violación al alto el fuego, ni ninguna otra de sus censurables actividades (entre ellas, el acaparamiento de leche de fórmula) – y terminar de darle los últimos toques al marco de un Israel absolutamente malvado:
“Una investigación interna realizada el pasado mes de julio por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) indicó que no había pruebas de robos o desvíos sistemáticos de la ayuda por parte de la milicia islamista Hamás. De los 156 incidentes de robo o pérdida de suministros analizados, “ninguna información” confirmó que el grupo armado se beneficiase de dicha ayuda. “Mire, esta gente (los gazatíes) está desesperada y, cuando ve llegar un camión del Programa Mundial de Alimentos (PMA), sale corriendo hacia él”, dijo Cindy McCain, directora ejecutiva de PMA, dependiente de la ONU, durante una entrevista este año en la cadena estadounidense CBS. “Esto no tiene nada que ver con Hamás ni con ningún tipo de crimen organizado, ni nada por el estilo”, añadió”.
Está claro el objetivo de todo esto.
Ahora, con el analista de CAMERA David Litman (8/10/25), “considérense algunos detalles de un informe de julio de 2024 de la oficina del Inspector General del USAID que los autores del reporte que eximía a Hamás del robo de ayuda humanitaria, se negaron a mencionar – y, con ellos, RTVE:
“En lo que respecta a la notificación de presuntas conductas indebidas que afectan a sus programas, USAID se basa en las notificaciones de las propias organizaciones de ayuda... La mayoría de los organismos de las Naciones Unidas solo notifican directamente a la Oficina del Inspector General de USAID un pequeño porcentaje de las denuncias, en comparación con las revelaciones que recibimos directamente de USAID”.
En otras palabras, decía Litman, “USAID confiaba en que las organizaciones con sede en Gaza —que ha sido gobernada de forma opresiva por Hamás— informaran por sí mismas de cualquier desvío de su ayuda por parte de Hamás”. Un método de lo más confiable.
Además, señalaba el analista, los autores del informe también afirmaban que los trabajadores humanitarios se enfrentan a «hostilidades intensificadas» y «carreteras dañadas» que «minimizan las rutas viables y bloquean el acceso»; pero no mencionan el papel de Hamás en todo esto. En septiembre de 2025, por ejemplo, Hamás fue sorprendido disparando y secuestrando camiones de ayuda de la ONU. A continuación, utilizó un vehículo robado de la ONU para levantar una barricada de arena que bloqueaba una nueva carretera que se estaba preparando como otra ruta alternativa de ayuda.
Lo de RTVE, está visto, ya ni siquiera es el simulacro del periodismo. Es, probablemente, la superación del arte de la propaganda.
Decían Cosmin Dugan, Daniel Dinu y Cristian Barna en Facets of the Informational Conflict – Affective Degradation Using Targeted Propaganda, que “las narrativas emocionales pueden alterar las creencias, actitudes e intenciones de una persona, pueden consolidar la memoria, dar lugar a heurísticas y sesgos en el juicio o influir en las distinciones grupales, enmarcando el mundo en el que vive un individuo y proporcionando al mismo tiempo una forma alternativa de racionalidad que puede llevar a una persona a ceder ante llamamientos persuasivos a la acción”. El uso de estas narrativas permite “la inserción discreta de memes ideológicos como parte de un disfraz de racionalidad narrativa bajo una piel cultural aceptable y aparentemente inofensiva”.
RTVE, al servicio del blanqueamiento de Hamás y la demonización de Israel, no puede haber ofrecido un ejemplo más claro de esto mismo.