Repitiendo bulos en los medios en español

El juez Benny Sagi, presidente del Tribunal de Distrito de Be’er Sheva, falleció en un accidente de tráfico el 7 de enero de 2026. y no estaba presidiendo el juicio por corrupción contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

Conviene decirlo y repetirlo con claridad, porque una parte de los medios en español hizo exactamente lo contrario: presentó erróneamente a Sagi como “el juez que juzgaba a Netanyahu”, dando crédito a rumores infundados y transformando un trágico accidente en un relato con implicaciones políticas inexistentes.

Benny Sagi estaba vinculado únicamente a un procedimiento relacionado con el llamado Asunto Submarino (Caso 3000), una causa en la que Netanyahu no figura como acusado. Aun así, el bulo se propagó con rapidez y sin la más mínima verificación.

Uno de los ejemplos más notorios fue, una vez más, RTVE. En horario de máxima audiencia, el programa Malas Lenguas, presentado por Jesús Cintora, dio visibilidad a la teoría conspirativa que vinculaba la muerte del juez con el caso Netanyahu, amplificando una insinuación sin sustento alguno. Lejos de contextualizar o corregir la información, el espacio contribuyó a su difusión.

También participó en esa cadena de desinformación la ex corresponsal de RTVE en Israel, Almudena Ariza, presta en repetir bulos, quien desde sus redes sociales sugirió que el accidente “plantea inevitablemente interrogantes”.

El mensaje fue posteriormente eliminado, aunque sin rectificación ni reconocimiento del error. La duda quedó sembrada, pese a que bastaba una comprobación básica para saber que Sagi no era el juez que juzgaba a Netanyahu.

Antena 3, una de las cadenas más vistas en España, tampoco quedó al margen. El medio tituló:

“Muere el juez que investigaba por corrupción a Netanyahu de forma repentina”.

Es lo que tienen los accidentes de tráfico, que suelen ser repentinos y no planificados. Pero la elección del adjetivo no es inocente: añade un halo de misterio que el propio artículo se esfuerza en alimentar desde el primer párrafo.

El texto llegaba a afirmar que la muerte coincidía con la solicitud de acceso a documentos clasificados y describía detalles del accidente —como el acceso del vehículo por un camino de tierra en un punto ciego— para, acto seguido, reconocer que:

“no se ha presentado ninguna prueba que haga sospechar en una conexión directa entre este accidente y la Oficina del Primer Ministro de Israel o grupos que pudieran verse beneficiados”.

Es decir: no hay indicios, pero se insinúa igualmente.

La desinformación cruzó el Atlántico. El medio digital mexicano SPD Noticias, uno de los portales más leídos del país, tituló inicialmente:

Encuentran muerto a Benny Sagi, juez del caso Netanyahu

Lo “encuentran”, como si hubiera estado oculto e incluso describen el fallecimiento como si hubiera sucedido en circunstancias “misteriosas”.

No contentos con ello, el medio publicó un supuesto perfil bajo el título “¿Quién fue Benny Sagi? Juez responsable del caso de corrupción de Benjamín Netanyahu. En él teníamos acceso a saber hasta 17 veces que era el juez del caso Netanyahu, que “Se desconoce a qué signo zodiacal perteneció el juez Benny Sagi, pues no se conoce la fecha precisa de su nacimiento” y que tenía tres hijos.

El Imparcial, también de México, fue un paso más allá al referirse a Sagi como “magistrado clave” en el caso de corrupción de Netanyahu, aunque sin sugerir explícitamente una mano oculta tras su muerte. La asociación, sin embargo, ya estaba hecha.

Este episodio ilustra, una vez más, cómo medios tradicionales y digitales pueden legitimar teorías conspirativas simplemente por su atractivo narrativo o potencial viral, incluso en espacios informativos de máxima audiencia. Bastó un error inicial, no verificado, para que la insinuación se propagara como un hecho.

Cuando el sujeto de la noticia es Israel, la cautela periodística parece relajarse. Y lo que debería haber sido una información sobria sobre un accidente trágico terminó convertido en un relato cargado de sombras, sospechas y falsedades. Pocas cosas hay más alejadas del periodismo.

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