El punto de partida del artículo publicado por laSexta el 16 de diciembre de 2025 es tan claro como problemático: la premisa de que Israel se está saltando el alto el fuego.
El titular no informa, acusa. Antes de exponer hechos, el medio fija una conclusión: existe una tregua y es Israel quien la viola de forma sistemática.
Toda la pieza se construye para sostener esa idea inicial. Las muertes registradas durante la tregua se presentan automáticamente como prueba de su incumplimiento por parte de Israel, sin analizar el contexto de seguridad, sin examinar la conducta de Hamás y sin plantear que un alto el fuego condicionado deja de serlo cuando una de las partes continúa actuando de forma hostil. Desde la primera línea, el lector recibe un marco interpretativo cerrado: Israel como asesino y trasgresor, Gaza como víctima, Hamas inexistente:
“Además, al menos 15 palestinos han muerto a raíz de las anegaciones y las lluvias en mitad de una “tregua no tregua” porque Israel continúa asesinando. Sin ir más lejos, este lunes su Ejército ha confirmado haber asesinado a dos milicianos en el norte del enclave palestino”.
Uno de los rasgos más llamativos del texto es el uso reiterado del verbo «asesinar» para describir acciones del Ejército israelí. Asesinar no significa simplemente causar la muerte: implica una acción criminal, ilegal y moralmente reprobable, normalmente contra personas indefensas.
¿En serio Israel ha “confirmado haber asesinado a dos milicianos”? Es ridículo. Ningún comunicado militar —de Israel ni de ningún otro país— utiliza ese término para describir la neutralización de combatientes armados que representan una amenaza inmediata. Es el redactor quien introduce el término asesinar, convirtiendo un enfrentamiento armado en un crimen premeditado.
De hecho, la Sexta se hace eco de la nota del ejército que aclara:
“Hoy lunes, tropas de las fuerzas de defensa israelíes identificaron a dos terroristas, en dos incidentes separados, que cruzaron la línea amarilla en el norte de la Franja de Gaza, lo que representaba una amenaza inmediata para ellos”
La contradicción es evidente: si son “terroristas” ¿en qué sentido se puede hablar de asesinato? La respuesta no es meramente ideológica.
El artículo insiste en que muchos gazatíes mueren porque “supuestamente cruzaron la línea amarilla”, una demarcación militar que —según el texto— la población “desconoce” mientras intenta volver a sus casas o buscar comida. El encuadre es inequívoco: civiles desorientados frente a un ejército implacable.
Lo que se omite es igual de relevante que lo que se cuenta. En cualquier zona de conflicto, especialmente durante una tregua frágil, el cruce de líneas militares constituye un riesgo extremo y suele ser utilizado por grupos armados para infiltración, reconocimiento o ataques. El artículo no menciona esta realidad ni explica por qué los ejércitos reaccionan de forma letal ante determinadas aproximaciones.
La nota habla de la “línea amarilla” como de una la “demarcación imaginaria”, como si no se pudiera determinar su ubicación, pero esa “línea amarilla” es unazona de seguridadacordada en elacuerdo de alto el fuegoy lo que laSexta omite es que Hamás utiliza precisamente esa zona de seguridad para acercar hombres armados, probar respuestas militares y preparar acciones hostiles, una práctica que constituye en sí misma una violación del acuerdo.
La pieza afirma que desde el inicio de la ofensiva israelí han muerto 70.112 palestinos, citando como única fuente al Ministerio de Sanidad de Gaza. No se explica que este ministerio depende directamente de Hamás ni que sus cifras no distinguen entre combatientes y civiles. Tampoco se menciona que incluyen a terroristas muertos en combate o a miembros de grupos armados. De hecho, existennumerososestudiosque ponen endudala fiabilidad deesas cifras.
Presentar estas cifras como datos desnudos, sin contexto ni advertencias, refuerza una narrativa de masacre indiscriminada. El lector no tiene forma de saber cuántos de esos muertos eran combatientes, cuántos murieron por acciones de Hamás o cuántos por causas no relacionadas directamente con ataques israelíes.
La expresión «tregua no tregua», junto con verbos como «se ceban», introduce una valoración editorial que no se aplica al otro actor del conflicto. El artículo asume que la validez de la tregua depende únicamente de Israel y que cualquier muerte posterior es, por definición, una violación israelí.
Sin embargo, no se menciona que Hamás se niega explícitamente a desarmarse, que mantiene retenido aún un cadáver, ni que continúa realizando acciones hostiles. Todas estas conductas constituyen violaciones claras del alto el fuego y explican por qué Israel mantiene una postura militar activa. En el relato de laSexta, Hamás desaparece como sujeto responsable y la tregua se convierte en una obligación unilateral.
Finalmente, el texto describe la ofensiva israelí como una simple “represalia por los ataques de Hamás”. Esta formulación reduce un conflicto armado a una reacción emocional, casi vengativa, y evita describir objetivos militares concretos como el desmantelamiento de la infraestructura terrorista, la destrucción de túneles o el rescate de rehenes. La guerra se convierte así en un acto de castigo, no en una operación con fines estratégicos.
El artículo de laSexta no informa sobre Gaza: la interpreta para el lector. A través de un lenguaje cargado, cifras sin contexto y omisiones sistemáticas, construye una narrativa en la que Israel es el único actor con agencia y culpa, mientras Hamás queda reducido a un elemento casi decorativo o directamente invisible.