Alterar la cronología de los sucesos es un buen método para adjudicar o condonar responsabilidades. Otra, es la difuminación de esos mismos hechos – léxico y omisiones mediante; o la forma de enmarcarlos para la audiencia.
Una versión de todo ello podía verse en la cobertura de La Vanguardia acerca de los recientes ataques del régimen de los ayatolás – o, acaso ahora, de los Guardianes de la Revolución Islámica – con misiles balísticos contra Israel.
El 7 de junio de 2026, el medio publicaba una crónica titulada “Irán lanza un ataque contra Israel en respuesta a los bombardeos sobre Beirut”.
A lo que añadía en el texto que “los persas responden con esta nueva ofensiva a Israel, que, pese a las advertencias de Trump, bombardeó Beirut el mismo domingo por la mañana”.
Es decir, el medio afirmaba que se trataba de una agresión israelí, a la vez que daba por por válida la justificación iraní, y descarta cualquier otro motivo. Como, por ejemplo, el que el mismo día ofrecía, ni más ni menos, el presidente del Líbano, Joseph Aoun, al acusar a la República Islámica de utilizar a su país “en beneficio de los intereses [de la República Islámica]”, por “utilizar al Líbano como moneda de cambio en sus negociaciones”.
Además, el medio omitía que Israel llevó a cabo ese ataque sobre un bastión del grupo narco-terrorista Hizbulá en Beirut como réplica al ataque de este grupo al norte del estado judío. Ataques que no han cesado, y que, tal como señalaba Associated Press el 25 mayo 26, “desde que entró en vigor el alto el fuego, Hizbolá ha lanzado más de mil drones y más de 700 cohetes para intentar descarrilar las negociaciones en curso entre el Líbano e Israel, dijo el funcionario, añadiendo que «el statu quo es insostenible»”. Amén de su continuado esfuerzo por reamarse.
Por cierto, el Departamento de Estado de Estados Unidos exponía el 26 de abril de 2026 que en el acuerdo alcanzado por el Líbano e Israel con intermediación de Estados Unidos, este país entendía, entre otros puntos, que “Israel se reserva el derecho a adoptar todas las medidas necesarias en defensa propia, en cualquier momento, contra ataques planeados, inminentes o en curso. El cese de las hostilidades no impedirá que se ejerza este derecho. Además, no llevará a cabo ninguna operación militar ofensiva contra objetivos libaneses…”.
Mas, entonces el medio español proseguía en su línea, al decir que, casi siguiendo el guion de Teherán, “las hostilidades entre Israel, Irán y Hizbullah desbaratan los planes de Estados Unidos para reabrir el estrecho de Ormuz” y hablar de “espiral de violencia”, como si la presente situación no fuera consecuencia directa del ataque de Hamás, otro proxy de la República Islámica, contra Israel, y la posterior incorporación de Hizbulá, los hutíes y la propia intervención directa de dicha república. Desdibujar y censurar la realidad.
Para terminar afirmando que:
“Irán ha sostenido durante meses que cualquier acuerdo de paz con EE.UU. depende también de que se mantenga un alto el fuego en Líbano, país que Israel invadió en marzo para perseguir a combatientes de Hizbulah respaldados por Teherán, después de que el grupo abriera un frente contra Israel en apoyo a Irán”.
Precisamente lo que denunciaba Aoun: el uso y abuso del Líbano por parte d la República Islámica. Una explotación que implica la existencia de un pseudo estado – Hizbulá – dentro del estado libanés.
Y, a la vez que añadía la aseveración de Teherán, silenciaba otra, en sentido diametralmente opuesto, del presidente estadounidense Donald Trump. En una entrevista emitida el 7 de junio por la NBC, el mandatario dijo que no exigió que el Líbano formara parte de ningún acuerdo de paz con Irán.
Ya en abril de este año, la Foundation for Defense of Democracies explicaba que la insistencia de Teherán en incluir al Líbano en el alto el fuego temporal no obedece a una preocupación por el bienestar de los civiles libaneses, “a quienes Hizbulá ha arrastrado a otro conflicto innecesario con Israel. Más bien, el objetivo de Teherán es estratégico: detener las operaciones militares israelíes que han ido debilitando poco a poco al aliado más importante de la República Islámica”
Ese mismo mes, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, declaraba:
“En primer lugar, creo que, en realidad, hay mucha mala fe en las negociaciones y mucha propaganda de mala fe… Creo que esto se debe a un malentendido legítimo. Creo que los iraníes pensaban que el alto el fuego incluía al Líbano, y simplemente no era así. Nunca hicimos esa promesa. Nunca indicamos que fuera a ser así. Lo que dijimos es que el alto el fuego se centraría en Irán y en los aliados de Estados Unidos, tanto Israel como los Estados árabes del Golfo”.
Cabe en este punto recordar, como ya se señalara en otro artículo de CAMERA Español, ya en el pasado, el hecho de entablar negociaciones prolongadas permitió a la República Islámica aliviar la presión internacional y retrasar la imposición de sanciones más estrictas. Es decir, está en el interés de dicho régimen el extender las actuales conversaciones – ya sea mediante ataques puntuales que puedan interpretarse como controlables o, añadiendo puntos o “malos entendidos” a las negociaciones, o “negándose inicialmente a iniciar las negociaciones, prolongando posteriormente las conversaciones mediante maniobras dilatorias y, finalmente, tardando varios meses en rechazar formalmente un proyecto de acuerdo que había sido aceptado previamente en principio”. Teherán juega así con las restricciones de mandato de los gobiernos..
Todo ello descartable para La Vanguardia, que al día siguiente, y bajo un titular (“Irán e Israel vuelven a cruzar misiles y reabren la guerra en Oriente Medio”) de esos que, en el mejor de los casos, difuminan causas y consecuencias, convertía el ataque iraní en “intercambio de ataques con misiles”, y en “el detonante de esta nueva escalada [al] bombardeo israelí sobre Beirut el domingo por la mañana”. Y de los ataques de Hizbulá, si te he visto no me acuerdo.
Luego, ubicando a Israel como una suerte de engranaje estadounidense – y en el proceso, sin percatarse, dando por tierra con aquello del “lobby” israelí o sionista -, el medio volvía a colocar al estado judío como agente causal:
“Trump ordenó a Netanyahu que no respondiera a los persas, con los que aseguró estar ‘cerca de un pacto’. Pero el gobierno israelí, desafió las directrices de Washington y lanzó una oleada de ataques de madrugada contra objetivos militares en el centro y el norte de Irán.
…
La réplica de Irán no se hizo esperar”. [Resaltado de CAMERA Español]
En su novela Scoop, Evelyn Waugh, escribía que la creencia popular sostiene que es raro que los periódicos se equivoquen por completo. Pero, añadía, quienes están al tanto “suelen discernir un germen de verdad, un pequeño grano de realidad, como el núcleo de una perla, alrededor del cual se han ido depositando delicadas capas de adorno”.
Entre la publicación de esa novela y el presente, la perla se a convertido en un guijarro, y a su alrededor, las capas ya no son ni delicadas ni de adorno.