Este era el titular/eslogan propagandístico/libelo de sangre antisemita que publicaba La Sexta, con reminiscencias de los 1930, el 26 de agosto de 2026:
“Jugar con cometas, la última excusa de Israel para matar niños en Gaza: Netanyahu las prohíbe en la Franja al considerarlas una amenaza” [itálicas de CAMERA]
Con un trozo de realidad – las cometas – construía un oloroso arenque rojo, esto es, una cortina de humo tras la que escondía la utilización que continúa haciendo Hamás de su población y, más específicamente, de sus niños, convirtiéndolos en combatientes y en cruento elemento de propaganda. Es decir, ocultaba responsabilidades, causas y contexto reales: es decir, manipulaba a través de la narrativa – creaba relato.
Además, la pestilencia de ese pescado alimenta viejos prejuicios antisemitas, a la vez que ofrece explicaciones que parecen inmensamente relevantes, pero que son necesidad ideológica.
La realidad detrás del pescado podrido
En mayo de 2018, el culto genocida Hamás lanzó la llamada “Gran Marcha del Retorno”. A principios de abril de 2018, el entonces líder de esa organización terrorista, Yahya Sinwar, espetó durante un discurso desde el lugar de las “protestas” – en el límite entre la Franja de Gaza e Israel – que los palestinos “no pueden entregar ni un centímetro de Palestina” que, reiteró, incluía todo Israel. Y dijo:
“Derribaremos la frontera y les arrancaremos [a los israelíes] los corazones de sus cuerpos”.
No fue entonces, sino en 2023 cuando su grupo, Yihad Islámica Palestina y no pocos civiles, cumplirían esa criminal promesa. En 2018 todo parecía seguir la lógica de la propaganda a base de “mártires”, que tantos medios occidentales están dispuestos a comprar, y la de la prueba del enemigo – entonces “manifestantes” ya llegaron a “irrumpir en el lado palestino del paso fronterizo de Kerem Shalom e incendiar instalaciones de almacenamiento de combustible y gas destinadas a los residentes de la Franja de Gaza”.
Y en 2018 apareció un elemento “novedoso”, la cometa.
El Centro Meir Amit de Información sobre Inteligencia y Terrorismo señalaba que los organizadores de los actos, liderados por Hamás, “eran conscientes del impacto mediático y de los daños materiales causados por el uso de cometas Molotov. Antes del inicio de las manifestaciones del viernes 4 de mayo de 2018, Hamás instó a los manifestantes a hacer un uso generalizado de las cometas”. Y añadía que como parte de los preparativos para la “marcha”, la cadena Quds publicó un vídeo en su página de Facebook en el que se veía a un grupo de jóvenes que se autodenominaban la “unidad de cometas”.
Del inicio de la “marcha” hasta el 5 de junio de 2018, se apuntaba en un artículo de CAMERA, el Ministerio de Defensa israelí estimaba que más de 600 cometas incendiarias habían cruzado la frontera. Estas cometas, continuaba el texto, quemaron más 1740 hectáreas de terreno en el lado israelí de la frontera con Gaza, más de la mitad de los cuales se encontraban en reservas naturales. Algunas de esas cometas llevaban pintadas esvásticas.
Ni entonces ni ahora era un juego de niños.
Pero entonces como hoy, Hamás juega con los niños palestinos.
Los niños como herramienta
Mahmoud al-Habbash, asesor de Mahmoud Abbas en asuntos religiosos – y al que no se le puede sospechar la más mínima afinidad hacia Israel – expresaba (8 de abril de 2018), sabiendo que tal sinceridad será prudentemente omitida por la amplia mayoría de medios occidentales:
“Hamas está enviado de manera deliberada a civiles gazatíes a la muerte para lograr buenos titulares”.
Mientras tanto Sinwar, reconocía el 16 de mayo de 2018 durante una entrevista televisiva:
“Cuando decidimos embarcarnos en estas marchas, decidimos convertir lo que nos es más querido – los cuerpos de nuestras mujeres y niños- en un muro de contención que impida la deriva muchos árabes hacia la normalización de los lazos con [Israel]”.
Según una grabación obtenida por el medio israelí Ynet (13 de febrero de 2018), se escuchó al diplomático decir, ante un grupo de estudiantes de Relaciones Internacionales de la universidad canadiense McGill:
“Somos muy inteligentes y muy expertos en lanzar las piedras. Estamos muy orgullosos de hacerlo. No dejaremos de aprender [enseñarles] a nuestros hijos [a hacer eso].”
Nada nuevo. Fathi Hamad – que fue “ministro de Interior y seguridad nacional de Gaza” entre 2009 y 2014 -, en un discurso transmitido por el canal de televisión Al-Aqsa (MEMRI) en febrero de 2008, reconocía, o, más bien, se vanagloriaba de que:
“[Los enemigos de Alá] no saben que el pueblo palestino ha desarrollado sus [métodos] de muerte y de búsqueda-de-la-muerte. Para el pueblo palestino, la muerte se ha convertido en una industria en la cual, las mujeres sobresalen, de la misma manera que todos los que viven en esta tierra. Los ancianos sobresalen en ello, lo mismo que los muyahidines y los niños. Es por esto que hemos formado escudos humanos de mujeres, niños y ancianos y muyahidines, para desafiar la máquina de bombardeo sionista. Es como si le estuviesen diciendo al enemigo sionista: ‘Deseamos la muerte como tú deseas la vida’”.
Los niños no son tales para Hamás o para Yihad Islámica. Y no lo han ocultado nunca. Ha sido, y es, el silencio mediático cómplice el que le hurta esta realidad a sus audiencias.
Como publicaba el diario estadounidense Washington Post el 29 de enero de 2015, el grupo terrorista palestino Hamás congregaba a “más de 17.000 adolescentes y jóvenes, de entre 15 y 21 años… en una docena de campos en la Franja de Gaza para [entre otras cosas] disparar rifles Kalashnikov; prometiendo defender el enclave costero y estar dispuestos a luchar en la próxima guerra contra sus enemigos sionistas”. El grupo terrorista Yihad Islámica Palestina también dirige a los menores su adoctrinamiento y sus “campamentos de verano” en Gaza para recibir entrenamiento “militar”.
El aparato que convierte a los niños en herramientas del liderazgo palestino es evidente, está a la vista de todos. La incitación oficial y sistemática al odio y a la violencia está ahí, a la vista. Como también la glorificación de los terroristas – convertidos en modelos morales, sociales – y la remuneración que reciben quienes están presos en cárceles israelíes por atentar contra israelíes o intentar hacerlo – o sus familias, si son abatidos durante o luego del ataque.
Todo tapado con olor estridente de arenque: de la abyecta narrativa emotiva.
O en La Sexta trabajan periodistas sin conocimiento alguno, sin ganas de adquirirlo, que confunden información con relato, y que a este lo extraen de las redes sociales; o sencillamente eligió dejar de ser un medio de comunicación de hechos para transformarse en una agencia u organización privada dedicada a la difusión de propaganda ya elaborada o creada bajo el logo de la casa.
Otra explicación es inverosímil.