La omisión de cada día

Israel deroga ley que impide comprar tierra en Cisjordania”, titulaba la Deutsche Welle en español, omitiendo un dato esencial que luego sí mencionaba en el texto de la nota.

France 24 en español era más sensacionalista en su forma de escatimar lo central – aunque en la crónica sí lo citaba – para redactar un título emocional e hiperbólico: “Israel acelera la anexión de Cisjordania al derogar el veto de compra de tierras para no árabes

Pero dejemos de lado la coreografía de titulares políticamente cargados, y centrémonos en un aspecto central de la noticia que el 9 de febrero de 2026 recogía la mayoría de los medios de comunicación.

La noticia era la derogación de una ley elaborada por una potencia ocupante – Jordania – para su aplicación sobre el territorio que había anexado ilegalmente luego de una guerra de agresión.

Por algún motivo, este punto de suma relevancia se le escapaba, cómo no, a El País. Pero no era el único medio; a Infobae también se le caía de la crónica, en que daba cuenta de la “condena” del gobierno español, ese hecho nada menor.

Bien por el contrario, se trata de un elemento esclarecedor de la naturaleza del conflicto, como sólo pueden serlo los hechos sin los afeites, añadidos, exageraciones, invenciones y supresiones que la ideología y la conveniencia le cuelan a la historia.

Mas, claro, sin Jordania como agresor (junto a Egipto, Siria, Líbano e Irak, y con el apoyo del liderazgo árabe del Mandato) y ocupante – impedida así la creación de un estado palestino por parte del reino hachemita en lo que denominó Cisjordania -, es harto más sencillo elaborar un marco en el que Israel es una “entidad colonialista, opresora, ocupante”. De la misma manera en que es posible circunvalar las conversaciones de paz, y las concesiones inevitables, y otorgar titularidad territorial a fuerza de repetición y de imposición de “hechos” en el campo ideológico y en el de la llamada opinión pública.

Y es que, como indiacara Robert Entman, “la mayoría de los marcos [informativos] se definen por lo que omiten, así como por lo que incluyen… para guiar a la audiencia”. Sencillamente, porque las omisiones permiten transformar hechos, darles un significado completamente distinto.

Porción de historia ninguneada

Como ya se resumiera en un artículo de CAMERA Español de 2012, Jordania se hizo con el control de Cisjordania a partir de 1948, luego de la guerra de agresión contra Israel – o como la explicó entonces Azzam Pasha, Secretario General de la Liga Árabe, la “guerra de exterminio y una masacre trascendental”.

La ocupación y anexión jordana del territorio perduró hasta 1967, cuando, luego de la Guerra de los Seis Días, en la que tropas de varios países vecinos, incluida Jordania, atacaron nuevamente al Estado judío, Israel pasó a administrar ese territorio luego de derrotar la coalición.

Pero volvamos a la ocupación de Cisjordania por parte del Reino Hachemita. En 1950 Jordania unió dicho territorio al resto del país y constituyó el Parlamento, en base a una representación equitativa de las dos Jordanias –Este y Oeste; Trans y Cis-, cada una con una representación de 33 congresistas.

En 1974, mediante una resolución Rabat reconoció a la OLP como el “único representante legítimo” de los palestinos. 14 años después, en 1988, el Rey Hussein de Jordania interrumpió un plan de desarrollo de mil 300 millones de dólares para Cisjordania y meses después se produjo una renovación legislativa en el Reino Hachemita, que escindió a Cisjordania por completo y dejó de tomarla en cuenta dentro del reino jordano.

Poco después, el 31 de marzo de 1977 durante una entrevista con el diario holandés Dagblad de Verdieping Trouw, Zahir Muhsein – miembro del Comité Ejecutivo de la OLP – declaraba:

“El pueblo palestino no existe. La creación de un Estado Palestino es sólo un medio para continuar la lucha contra el estado de Israel. Sólo por razones políticas y tácticas hablamos de la existencia de un pueblo palestino. Jordania, que es un estado soberano con fronteras definidas, no puede avanzar reivindicaciones sobre Haifa y Jaffa, en tanto que, como palestino, puedo, sin ninguna duda, demandar Haifa, Jaffa, Beer-Sheva y Jerusalén”.

Los documentos de la propia Organización para la Liberación Palestina (OLP) son igualmente elocuentes. Mientras que en su Carta de 1964 estipulaba en su artículo 24 que “esta organización no ejerce ninguna soberanía sobre Cisjordania en el Reino Hachemita de Jordania, en la Franja de Gaza [ocupada por Egipto]”; en su versión de 1968 este texto era suprimido de manera reveladora.

El silencio – todo ese contenido que se comprime – dice mucho de quien lo ejerce con la vocación del que obliga a la ignorancia y a las complicidades y utilidades onerosas que esta trae consigo.

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