La información “según Hamás”… hasta que ni así cuadra con la “narrativa”

“Según el Ministerio de Sanidad de Gaza”. “Según el gobierno de Gaza”. “La autoridad local [de Gaza”]. Estos son algunos de las etiquetas que disimulan al culto genocida Hamás detrás de las afirmaciones que hacen tantos medios, ONG, virtuosos del oportunismo, prejuiciados y tontainas de amplio espectro.

Tal como, sin ir más lejos, hacía la agencia Efe el 6 de agosto de 2025.

Hamás, ese grupo que inició de manera sádica y brutal esta guerra, que ha hecho de la infraestructura civil su defensa, puesto de mando y fuente de propaganda, se ha convertido en la fuente de la desinformación que recibe buena parte de la audiencia en español y de la audiencia occidental. Se tienta uno a decir aquello de “es como si x fuese el surtidor de cifras, interpretaciones, informaciones de…”. Pero ya ha quedado empequeñecida cualquier comparación. Ridícula. Casi un entrar en el juego del propio culto monstruoso colocándolo dentro de una generalidad, de una normalidad que, por horrorosa e infrecuente, se pretende corriente y hasta justificada.

Pero de Hamás sólo se toma el titular, ese conjunto y ordenación de palabras que señala a Israel. La cifra sin distinción de nada: ni contexto, ni distribución generacional o entre sexos. Qué va, eso implica analizar, realizar un mínimo de labor periodística – de tener un mínimo respeto por la profesión con la que tanto se inflan los carretes, y que fraudulentamente utilizada también sirve a Hamás, chaleco mediante, para mentir impunidad y para abultar su propaganda. Nada de eso. El material se recibe y se reproduce sin más. Y se repite el proceso hasta que la audiencia interiorice el producto envenado como si fuese un sano y beneficioso alimento, bajo en grasas, alto en vitaminas y orgánico.

Pero los números de Hamás dicen más de lo que al grupo le gustaría que dijeran – más allá de no distinguir entre combatientes y civiles, así como tampoco discierne entre muertes naturales y aquellas relacionadas con la guerra, ni la de los fallecidos a causa de fuego de los propios grupos terroristas palestinos. Una investigación llevada a cabo por el T-Politography Research Group for the Israeli-Palestinian Conflict analizó las distribuciones estadísticas de los datos sobre bajas en la Franja de Gaza desde noviembre de 2023 al presente, utilizando precisamente las cifras del “Ministerio de Sanidad” gazatí; es decir, de Hamás. Más allá de la problemática que implica trabajar con las referencias procedentes de tal grupo, los investigadores se centraron exclusivamente en la proporción de hombres de entre 17 y 55 años fallecidos, que representan el grupo demográfico con mayor probabilidad de incluir combatientes activos.

El diario Israel Hayom, que citaba el 10 de agosto de 2025 el trabajo de los investigadores, señalaba que “los resultados iniciales revelaron una ‘reducción constante y gradual del número total de víctimas palestinas (en Gaza) a lo largo del conflicto’. Además, ‘durante las primeras fases de la guerra (caracterizadas por intensos bombardeos aéreos), el número de víctimas civiles superó significativamente al de combatientes armados fallecidos. Durante este periodo, los hombres en edad de combatir representaron aproximadamente el 20 % del total de víctimas’”.

El descubrimiento más significativo, apuntaba el medio israelí, mostraba que “a lo largo de casi dos años de operaciones militares continuadas, la proporción de víctimas armadas (potenciales) aumentó por encima del 45 %, lo que indica una mayor precisión en los objetivos y la correspondiente reducción de víctimas civiles”. Es decir, que según los datos de Hamás, el porcentaje de hombres entre 17 y 55 era cada vez mayor, y que los civiles gazatíes no eran, ni son, el objetivo de la operación militar. De hecho, la investigación mostraba, siempre con los datos de Hamás, que la proporción de bajas de personas en edad de combatir se acercan al 50% del total.

Pero el resultado de este informe no es novedoso – como tampoco lo será la voluntad sin esfuerzo que aplicará tanto “reportero” para ignorarla. Hamás engaña – qué otra cosa esperar de un grupo que utiliza a su población como escudo y ‘carne de cañón’ con fines de propaganda. Vaya noticia. La realidad es distinta: esto es, la realidad es la que es, y no la entelequia siniestra del grupo terrorista.

Ya en su número de marzo de 2024, la revista inglesa Fathom publicaba un extenso estudio estadístico a partir de las cifras de Hamás, al que significativamente titulaba “Estadísticamente imposible: Análisis crítico de las cifras de víctimas infantiles y femeninas de Hamás”, en que se afirmaba que el la figura del “70 por ciento de víctimas civiles” de las que daba cuenta el ministerio de Hamás, “se contradice con las estadísticas que ofrecen los propios informes del Ministerio de Sanidad. [Ergo,] se trata de una herramienta de desinformación basada en la manipulación estadística y no en la realidad sobre el terreno”.

También en 2024, un estudio publicado por la revista Tablet sostenía que el problema de los datos proporcionados por Hamás es que los números no son reales: “Es evidente para cualquiera que entienda cómo funcionan los números naturales. Las víctimas no son abrumadoramente mujeres y niños, y la mayoría pueden ser combatientes de Hamás”.

Podría finalizarse diciendo que hay una “narrativa”, y que esta tiene prioridad por sobre cualquier hecho y análisis serio. Pero lo que hay es un prejuicio muy conocido como para no distinguirlo de lejos. Hasta del papel del periódico, de la pantalla del ordenador, el televisor o el móvil, desprende su olor inconfundible. No es una “narrativa”: son los libelos adaptados al presente. Nada más que eso. Y las censuras que requiere el proceso de embrutecimiento de vastas proporciones de ciudadanía: recitando “desde el río hasta el marjudenrein.

Jaled Meshal, líder de Hamás, lo explicaba bien claro en 2024.

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