Inversión moral y temporal del Faro de Vigo: el agresor se convierte en víctima

El video no deja lugar a dudas: un hostelero en Vigo se dirige con violencia a un grupo de turistas israelíes. Les grita “¡Matáis en Palestina!”, “¡Vais a comer a Gaza!”, “¡Hijos de puta!”, y remata con un grito en árabe: “Labbaik ya Nasrallah”, es decir, “Estoy a tu servicio, Nasrallah”,en referencia al líder de Hezbolá, organización considerada terrorista por la Unión Europea. No hay ambigüedad, no hay provocación previa visible. Hay una agresión discriminatoria a plena luz.

Y sin embargo, Faro de Vigo consigue lo imposible: publicar cuatro artículos en dos días que no solo omiten lo esencial, sino que transforman al agresor en víctima, y a la agresión en una “polémica”.

El 9 de julio, en Un hostelero de Vigo expulsa a unos israelíes de su restaurante: «En mi bolsillo no puede entrar dinero pagado por ellos» ofrece sin filtros el relato del hostelero Samir Slim, quien admite que decidió expulsar a los turistas al saber que eran israelíes:

“Explica que cuando confirmó que ese grupo era de Israel, no pudo evitar expulsarles: «Salió de mi alma decirles queno pueden estar en mi restaurante. No es antisemitismo, es humanidadcontra un genocidio que yo sufro como si estuviera en Gaza.En mi bolsillo no puede entrar dinero pagado por ellos»”.

O sea, no se trata de un malentendido. Slim justifica la expulsión de clientes por su nacionalidad. No hay ambigüedad. Es, por definición, un acto discriminatorio.

El hostelero añade que los clientes “se comportaban como militares”, que eran “agresivos”, que incluso gritaban “¡Viva Israel!”. Nada de esto aparece en el vídeo. No hay ni gritos ni provocaciones, salvo las suyas. Sin embargo, Faro de Vigo no sólo no realiza el más mínimo ejercicio de contraste informativo, sino que la única constante es la intención de justificar al agresor.

En este artículo, el hostelero se felicita de los apoyos recibidos:

“De hecho,muchos apoyaron la decisión de Samir: «Me respaldaron de una manera que no podía imaginar. Me demostraron que en esta ciudad y en este país son humanos. Hasta una señora de 85 años me dijo unas palabras muy bonitas que no esperaba». Y lo cierto es que desde que el vídeo se ha hecho público, el hostelero no ha recibido más que mensajes de ánimo: «No voy a mirar si me puede perjudicar porque esto salió de mí»”.

Pero posteriormente, en oro artículo, se presentará como víctima de acoso:

“En medio de la entrevista, le llega una llamada de un número desconocido. Viene de Francia, y es una de las 6.000 que Samir Slim ha recibido de todas partes del mundo en las últimas 24 horas para insultarle o amenazarle”.

6.000 llamadas en 24 horas. A 250 llamadas por hora. Ligeramente sospechoso… pero no parece llamar la atención del periodista.

En un segundo artículo, también del 9 de julio, Un vecino de Madrid alertó a la Policía de Vigo sobre la expulsión de los israelíes de un local por un «posible delito de odio» , la cosa empieza a complicarse. Ahí el diario se hace eco de la denuncia por “posible delito de odio”;

“Un vecino de Madrid que visualizó los hechos en Facebookllamó a la Policía Local de la ciudad para que entrase de oficio. El varón, probablemente sin conocer lo que había ocurrido, comunicó que lo sucedido «dejaba mala imagen en Vigo»”.

“Probablemente sin conocer lo que había ocurrido” escribe el cronista, insinuando que hay una justificación a la actitud del agresor, y que de haberla conocido el denunciante no habría denunciado.

No se limita a la insinuación, puesto que el diario adopta un tono abiertamente militante cuando reproduce el término “genocidio” para referirse a la política de Israel, sin comillas, sin matices, sin referencia a su controversia jurídica y política:

“Además,según la versión del dueño del establecimiento, «hasta gritaron ‘¡Viva Israel!’»,una proclama que se escucha igualmente en el vídeo en el contexto de unpleno genocidio contra el pueblo palestino por parte del país israelí. Este habría sido el detonante de los hechos”.

Es la primera inversión temporal: ¿cómo es posible que el detonante de los hechos sea posterior a los hechos? Si el video muestra a los israelíes gritando “viva Israel” cuando ya los está expulsando, ¿cómo puede expulsarlos por gritar “viva Israel”?

Es decir: un medio local justifica la expulsión de unos clientes israelíes de un restaurante reproduciendo sin distancia el marco ideológico del agresor, y para ello no cae en el absurdo de su inversión temporal. Algo que reproducirá en un artículo posterior.

El 10 de julio, en «Sé que va a ser difícil, pero quiero volver a la normalidad» El sinsentido alcanza su clímax cuando Slim afirma que grabó el vídeo como “protección”, para defenderse de un acoso digital… que no había comenzado.

“El propietario libanés del restaurante Mimassa, quese volvió viral al expulsar de su local a un grupo de israelíes, ha tenido que declarar en la mañana de este jueves por un posible delito de odio, pero el acoso sistemático que está recibiendo por parte de la comunidad digital proisraelí es ahora su principal preocupación.

Un acoso del que precisamente pretendía escapar al filmar el vídeo que se viralizó”.

Pero es que el vídeo es el origen del escándalo, no su consecuencia. Que un periodista recoja esa explicación sin advertir la contradicción es ya una renuncia al sentido común y al rigor profesional.

Y mientras tanto, la voz de las víctimas no aparece. No hay una sola declaración de los turistas expulsados. No hay consulta a juristas sobre un posible delito de odio. No hay reflexión sobre el grito pro-Hezbolá ni sobre el contexto que implica. De hecho esa mención tan sólo aparece en la primera crónica. La única reacción institucional —la condena de la embajada de Israel en España— aparece aislada, en un artículo separado, también del 10 de julio: La embajada de Israel, sobre la expulsión de los israelíes en Vigo: «Una Europa en la que los judíos tienen miedo de hablar hebreo» sin que se conecte nunca con el hecho central: que unos ciudadanos fueron expulsados por ser israelíes. Y contrariamente a los artículo que dan la voz al hostelero, que no tienen otras fuentes, cuando se hacen eco de la queja de la embajada, la matizan con la otra versión de los hechos.

A pesar de que en el primer artículo Faro de Vigo menciona que el hostelero gritó consignas pro-Hezbolá, el dato desaparece en el resto de las piezas, diluyendo así su carga ideológica, y ayudando a presentarlo como víctima.

Este tipo de cobertura no es un descuido. Es una elección. Cuando un medio no ve ningún problema en que se grite lealtad a Nasrallah mientras se expulsa a israelíes, pero sí en que las redes protesten por ello, algo está profundamente roto.

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