El 20 de agosto, la agencia EFE publicó una información titulada
«Palestina pide a la comunidad internacional que pare el plan israelí que dividirá Cisjordania».
El primer problema aparece ya en el sujeto del titular: ¿quién es exactamente «Palestina»? ¿Qué territorio es? Cierto que España reconoció en su día el Estado de Palestina, pero aún quedan cumplir ciertos requisitos para ser considerado un país ante el derecho internacional. Por ejemplo, ¿quién gobierna en Palestina? ¿La Autoridad Palestina? ¿Hamás? Presentar la noticia como una petición de «Palestina» resulta impreciso, especialmente teniendo en cuenta la realidad política palestina: la Autoridad Palestina ejerce un gobierno limitado en partes de Cisjordania, mientras que no gobierna de facto la Franja de Gaza.
Pero el problema principal del artículo está en la segunda parte del titular:
«el plan israelí que dividirá Cisjordania».
EFE presenta así como un hecho una de las principales afirmaciones de los opositores al proyecto E1. Y lo repite en el primer párrafo, donde asegura que Israel ha anunciado la licitación para construir 1.234 viviendas «en colonias que dividirán el norte y sur de Cisjordania ocupada».
Más adelante, la agencia va todavía más lejos:
«El Gobierno israelí anunció este martes una nueva licitación para construir 1.234 viviendas, parte del controvertido ‘plan E1’ con el que busca dividir el norte y sur de Cisjordania ocupada y aislar Jerusalén Este».
Y es que EFE no atribuye esta afirmación a la Autoridad Palestina, a Peace Now ni a ninguna de las organizaciones contrarias al proyecto. La presenta con su propia voz como un hecho establecido y, además, atribuye al Gobierno israelí una intención concreta: que “busca dividir” Cisjordania.
El problema es que no es así.
El proyecto E1 se encuentra en el Área C, ya bajo control israelí según los Acuerdos de Oslo, y dentro de los límites municipales establecidos de Ma’ale Adumim. Su construción no corta físicamente Cisjordania en dos. Al este de Ma’ale Adumim continúa existiendo un corredor terrestre que conecta el norte y el sur de Cisjordania y que alcanza aproximadamente 15 kilómetros de anchura en su punto más estrecho.
Esto no significa que E1 carezca de consecuencias políticas o territoriales, ni que sus críticos no puedan argumentar que dificultaría la creación de un futuro Estado palestino. Pero EFE no puede convertir esa interpretación en un hecho geográfico y mucho menos atribuir a Israel, sin aportar fuente alguna, la intención de «dividir» Cisjordania.
La cuestión de la conectividad tampoco se limita al mapa. Israel está construyendo una carretera de circunvalación destinada a mantener la circulación palestina entre las zonas de Ramala y Belén sin atravesar el área de E1. Incluso Peace Now, organización contraria a los asentamientos y citada por la propia EFE, ha informado sobre este proyecto. El Gobierno israelí también ha destinado fondos a la planificación de otra conexión entre Belén y Jericó.
Se puede discutir si esas soluciones son suficientes, convenientes o aceptables. Lo que no se puede presentar como un hecho es que la construcción de E1 haga desaparecer físicamente la conexión entre el norte y el sur de Cisjordania.
No es una distinción menor. En 2012, The New York Times corrigió informaciones que habían presentado el efecto de E1 sobre la continuidad territorial palestina como un hecho incontrovertible. Propuestas de paz anteriores también contemplaron que E1 quedara del lado israelí manteniendo al mismo tiempo un Estado palestino territorialmente continuo.
EFE, por supuesto, puede informar de que la Autoridad Palestina, Peace Now, Ir Amim, Bimkom u otros actores consideran que E1 dividiría Cisjordania o haría inviable un Estado palestino continuo. Lo que no debería hacer una agencia de noticias es adoptar esa posición como propia y presentarla al lector como un hecho.
Más grave todavía es afirmar que Israel desarrolla el plan «con el que busca dividir» Cisjordania. Ahí EFE deja de describir incluso un supuesto efecto del proyecto para adjudicar al Gobierno israelí una intención política concreta que la información no sustenta.
Acá el mapa de la región como explicado previamente en CAMERA.org

“La ‘x’ negra marca la localización aproximada del nuevo barrio cercano a Ma’aleh Adumim. Al oeste de la ‘x’ se encuentra Jerusalén. La línea roja que rodea a la ‘x’ es la ruta planeada de la valla de seguridad, que rodeará a Ma’aleh Adumim y Jerusalén.
Aquellos que acusan que la construcción israelí en Ma’aleh Adumim corta la contigüidad norte-sur no tienen en cuenta el hecho de que las áreas controladas por los palestinos estarían conectados por el territorio al este de Ma’aleh Adumim (marcado en el mapa) que, en su punto más estrecho es de 15 km de ancho.
Además, Israel propone construir túneles o pasos elevados para evitar la necesidad de que los palestinos tengan que desviarse hacia el este a través del corredor.
Irónicamente, muchos de aquellos que abogan por una mayor contigüidad entre las zonas palestinas, al mismo tiempo promueven la retirada de Israel a las fronteras anteriores a 1967, que (incluso con modificaciones menores) confinaría a Israel a una mucho menor contigüidad territorial que la de Cisjordania. Como se muestra en el mapa de arriba, hay una porción de aproximadamente 15 kilómetros de ancho de tierra que separa la Línea Verde (y la Valla de seguridad) del Mar Mediterráneo (cerca de Herzliya). También se muestra la ruta tortuosa necesaria para viajar a través este pasillo entre el norte y el sur de Israel del (p.e. de Arad a Beit Shean.)”
Tampoco es verdad que la construcción cortaría las zonas palestinas de Jerusalén. El acceso a Jerusalén a través de Abu Dis, Eizariya, Hizma y Anata no se ve impedido por el barrio propuesto, y tampoco se vería impedido por una serie de barrios que unen a Ma’aleh Adumim con Jerusalén.