La cadena francesa France 24 decía el 24 de junio: “ha ocurrido de nuevo”. Creía, o quería hacer creer que se refería a que supuestamente fuerzas israelíes dispararon contra gente que se dirigía a un centro de distribución de ayuda humanitaria en Gaza, pero lo que volvía a suceder era que, como tantos otros medios, esta cadena daba por buena, sin más, la versión de “testigos” y, sobre todo, de “personal sanitario” de Gaza.
No aclaraba a qué organismo u organización pertenecía dicho personal, bajo qué autoridad se encuentra; mas, en su lugar, y acto seguido, volvía a otro lugar común, la acusación esgrimida contra el estado judío de “asesinar”; es decir, “matar con alevosía, ensañamiento”. Casi como el alimento necesario para esa otra afirmación que pretende que todo ello asciende a “genocidio”.
A continuación, no hacía sino volver sobre lo mismo: mencionar la cifra de bajas palestinas adelantada por las “autoridades palestinas. No, no “ha ocurrido nada nuevo)
Después de un largo hincapié en “testigos describen que los soldados israelíes [¡y también “tanques y drones”!] disparan contra las multitudes desesperadas que intentan recolectar alimentos”, en que “fue una masacre”, “matanza”, y que “los nuevos centros de distribución de ayuda… han estado plagados de escenas de violencia y caos desde su apertura el mes pasado”.
Para, acto seguido, darle voz, ni más ni menos que a Philippe Lazzarini, director de la muy turbia UNRWA, para decir de aquellos centros que son una “abominación” y que el nuevo mecanismo era “una trampa mortal”.
Eso sí, advertía France 24, luego de haber enchastrado largamente de crímenes y etiquetas demonizadoras al estado judío, que Israel ha “acusado” a la UNRWA – como si no estuviese harto probado – “de dar cobertura a militantes de Hamás”. Como si no estuviese igualmente documentado que en las escuelas de la agencia se adoctrina de manera sistemática en el odio a los judíos y a Israel a los niños palestinos.
En definitiva, que tras párrafo tras párrafo de un artículo con información aparente y muy difícil comprobación, se adoptan las aseveraciones – la propaganda – del grupo terrorista que lanzó, con una barbarie, la guerra el 7 de octubre de 2023. Por lo menos, los números y el léxico (las etiquetas), le pertenecen a este culto genocida.
Además, según la Autoridad Palestina, muchos de los muertos durante la recogida de ayuda humanitaria, también: el editorial del 19 de junio de 2025 del diario Al-Hayat Al-Jadida, de dicha autoridad, acusó a los “escuadrones de la muerte” de la unidad Al-Sahm, de Hamás, de asesinar (alevosa y premeditadamente) a residentes de la Franja en los centros de distribución de ayuda. El artículo, según MEMRI, añadía que “Hamás no duda en atacar a los residentes de Gaza para mantener su monopolio en la distribución de alimentos y, por tanto, su control, y que Hamás roba la ayuda alimentaria y la vende en el mercado negro”.
Otro France, en este caso, Anatole, decía en La isla de los pingüinos que “la mejor prueba es no tener ninguna prueba” pues “es la única que ni se discute”. El “Hamás dice” – sin siquiera aludir a la organización criminal -, es el giro último: la ausencia presente, la no-prueba irrebatible, la que “prueba” lo que uno quiere que “certifique”; la que se esgrime contra Israel, nombre ante el que todo está permitido.