El Periódico y Eurovisión una clara inversión de los hechos (ACTUALIZADO con corrección de El Periódico)

El problema de Israel en Eurovisión parece ser, sencillamente, existir.

El artículo publicado por El Periódico tras la primera semifinal de Eurovisión 2026 resulta especialmente revelador no tanto por sus críticas a Israel, algo ya habitual, sino por el nivel de militancia política que alcanza bajo apariencia de crónica cultural.

Israel dinamita el primer Eurovisión sin España en 65 años: pasa a la final y convierte el festival en una pesadilla política

La pieza no analiza una gala musical: construye un relato donde Israel aparece como una especie de contaminante moral que arruina el festival con su sola presencia.

Basta leer el principio del texto para entender el profundo prejuicio desde el que se escribe:

“Eurovisión tiembla.Israel podría ganarlo”.

Ante esa lectura, un lector podría preguntarse legítimamente ¿qué debería hacer Eurovisión para no “dinamitar” el festival? ¿Retirarse? ¿Pedir perdón por participar? ¿Perder discretamente para no incomodar a nadie?

Porque el verdadero escándalo del artículo no es que critique al gobierno israelí, algo perfectamente legítimo, sino que convierte la mera clasificación de una canción israelí en una “pesadilla política”.

Curiosa formulación. No son quienes llevan años intentando convertir el certamen en una campaña permanente contra Israel quienes “dinamitan” Eurovisión. No son las delegaciones, comentaristas, artistas y televisiones públicas europeas que han politizado hasta el último plano del festival. No. El problema es que Israel sigue presentándose y, para colmo, obteniendo votos.

El texto adopta sin ningún tipo de distancia el lenguaje más extremo del activismo antiisraelí. Habla de “genocidio”, de “masacre”, de “asesinatos”, todo ello como hechos jurídicamente establecidos e indiscutibles. No hay matices, atribuciones ni contexto.

En el colmo de la distorsión, el artículo afirma que:

“El gobierno de Benjamín Netanyahu inició la masacre el 7 de octubre”

El problema no es únicamente factual. Es un periodismo tan ideologizado que termina invirtiendo víctima y agresor hasta volver irreconocible la realidad del 7 de octubre.

El sufrimiento israelí desaparece por completo del relato. Los muertos israelíes no existen. Los secuestrados no existen. Los supervivientes del festival Nova no existen. Los israelíes sólo aparecen como encarnación abstracta del mal político occidental pero es que justo después, el autor incluye dos letras de canciones recientes dando a entender que son políticas y que justifican que España se retirara.

Juzguen ustedes mismos este párrafo;

“desde entonces, la KAN, su televisión pública, lo ha utilizado para mostrar su particular visión de los hechos condos propuestas claramente politizadas:HurricaneyNew Day Will Rise. “La gente se va, pero nunca dice adiós. Alguien robó la luna esta noche, tomó mi luz. Ahora, todo es blanco y negro”, cantó Eden Golan. “Amanecerá un nuevo día, continuará la vida. La oscuridad se desvanecerá. Todo el dolor pasará, pero nosotros quedaremos”, defendió Yuval Raphael.”

Que alguien vea en “Alguien robó la luna esta noche” o “Amanecerá un nuevo día” un ejemplo de politización y belicismo, parece hablar más del receptor del mensaje que del emisor.

Si un artista de cualquier otro país canta sobre dolor, pérdida o esperanza, estamos ante una propuesta emocional. Si lo hace Israel, automáticamente se convierte en propaganda sospechosa. El artículo describe las candidaturas israelíes como instrumentos para “mostrar su particular visión de los hechos”. Es decir: a los israelíes se les niega incluso el derecho al trauma.

La ironía es que el propio artículo exige una supuesta “neutralidad” de Eurovisión mientras convierte toda la cobertura en un manifiesto político. Porque conviene preguntarse algo elemental: ¿desde cuándo Eurovisión ha sido apolítica?

Eurovisión lleva décadas mezclando música, identidades nacionales, rivalidades regionales, activismo, diplomacia cultural y campañas varias. La diferencia es que ahora la neutralidad parece consistir exclusivamente en excluir a Israel.

El artículo incluso sugiere que la presencia israelí “pone en peligro” a las 16.000 personas presentes en el estadio. La formulación es extraordinaria porque desplaza la responsabilidad: no serían problemáticos quienes amenazan, intimidan o convierten el festival en un campo de batalla político, sino Israel por aparecer. Es una lógica inquietantemente familiar: el conflicto no lo genera la hostilidad antiisraelí; lo provoca la existencia visible de Israel. No lo provoca quien amenaza, sino el amenazado.

Y luego está la gran contradicción que atraviesa toda la pieza: si Israel supuestamente es tan rechazado, ¿por qué sigue obteniendo votos masivos del público?

Ahí aparece otro elemento recurrente en cierta cobertura mediática: cuando Israel recibe apoyo, ese apoyo debe ser ilegítimo, manipulado o moralmente sospechoso. El artículo recurre a acusaciones sobre campañas de televoto organizadas por Israel, como si las movilizaciones de voto coordinado fueran una anomalía inédita en Eurovisión y no una práctica habitual entre fandoms, diásporas y delegaciones desde hace años.

La posibilidad de que millones de europeos simplemente no compartan la obsesión antiisraelí de ciertos medios ni siquiera se contempla.

Al final, el artículo de El Periódico termina explicando mucho más sobre el estado del debate y los medios europeos que sobre Eurovisión. Ya no basta con criticar a Israel. Ahora parece necesario expulsarlo simbólicamente de cualquier espacio común: universidades, competiciones deportivas, festivales musicales o escenarios culturales.

Y quizá ahí resida la verdadera pregunta: si incluso una canción israelí en Eurovisión resulta intolerable para ciertos sectores europeos, ¿qué presencia israelí considerarían legítima?


ACTUALIZACIÓN:

Tras ser contactados los responsables de El Periódico, modificaron silenciosamente la crónica original.

Las principales modificaciones del “antes y después” revelan hasta qué punto el texto inicial cruzaba todas las líneas rojas del periodismo:

  • En el titular: El verbo original “dinamita” (“Israel dinamita el primer Eurovisión…”) fue rebajado a “eclipsa” en la nueva versión

Titular del 12 mayo 2026

Titular 14 de mayo 2026

  • En el cuerpo del texto: La acusación directa de estar cometiendo un “genocidio” fue sustituida por la fórmula “inicio del conflicto con Palestina”. Este cambio resulta especialmente revelador: mientras que al señalar a Israel no dudaban en atribuir responsabilidades directas, al tener que rectificar y apuntar a Hamás, prefieren diluir la culpa en una fórmula impersonal.
  • Párrafos eliminados por completo: Se extirpó el fragmento donde se acusaba a Israel de “seguir asesinando personas en Gaza” (aportando cifras de víctimas sin atribución), la afirmación de que el gobierno de Netanyahu “inició la masacre el 7 de octubre” (invirtiendo el orden factual de los atentados) y la tesis de que la mera presencia de la delegación israelí “ponía en peligro” a las 16.000 personas del estadio. También borraron el análisis sesgado de las letras de las canciones.

Párrafos 12 de mayo 2026 con alguna de las incorrecciones señaladas a El Periódico

Párrafos corregidos 14 de mayo 2026 (Mantienen Tel Aviv como capital a pesar de ser un claro error)


Lea aquí el artículo en inglés

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