El País y su editorial “inédito”

En su editorial del pasado 14 de junio titulado “Contener la escalada”, el diario español El País calificaba el ataque israelí contra instalaciones militares y nucleares en Irán como “una desestabilización sin precedentes en Oriente Próximo” y acusaba directamente al primer ministro Benjamín Netanyahu de “hacer descarrilar” negociaciones entre EE. UU. e Irán con el objetivo de reforzar su posición política interna.

¿Pero era este realmente un “episodio sin precedentes” o la expresión no era más que retórica vacía para rellenar un enésimo editorial del medio contra Israel? Bajo su titular, El País calificaba lo sucedido de “enfrentamiento inédito entre Israel e Irán”. “Inédito”, según la RAE significa “Desconocido,nuevo”.

¿Es el enfrentamiento entre Israel y la República Islámica desconocido o nuevo? ¿Dónde estuvo El País todos estos años? ¿No se enteró acaso de las amenazas sistemáticas por hacer desaparecer Israel del mapa? ¿Dónde estuvo mientras la República Islámica lanzaba ataques contra Israel a través de sus proxys en la región? ¿Olvidó acaso que el 1 de octubre de 2024 el régimen de los ayatolás había lanzado unos 200 misiles contra Israel? ¿Y del 7 de octubre no escuchó hablar?

Y es que es poderosamente llamativo que un editorial que pretende analizar la desestabilización de Oriente Medio no tenga ni una mínima mención a la invasión del sur de Israel por parte de Hamás (cuyo, máximo representante, no olvidemos fue abatido cuando se encontraba en Teherán paraasistir a la ceremonia de investidura del presidente iraní ) el 7 de octubre de 2023.

El 7 de octubre cambió las reglas del juego. Tras la masacre más cruel sufrida por civiles judíos desde el Holocausto y con la voluntad explícita de ser repetida, Israel entendió que ya no podía actuar en términos defensivos limitados, y la necesidad de rediseñar su estrategia regional se volvió imperativa.

Si desde hace décadas, la República Islámica ha financiado y armado a grupos terroristas como Hezbollah, Hamas, las milicias chiíes iraquíes o los hutíes en Yemen, si ha instalado bases en Siria, ha cercado a Israel desde varios frentes y ha hecho de su discurso oficial una amenaza constante a la existencia del Estado judío, tras el 7 de octubre, la amenaza existencial cobró una dimensión mucho más real.

Un símbolo innegable de ello: en 2016 se inauguró en Teherán un reloj de cuenta regresiva llamado La hora de la destrucción de Israel, ubicado frente al antiguo edificio de la embajada estadounidense. Esa amenaza no es simbólica: es estratégica y tangible.

Lo más interesante del editorial de El País, y que le da un punto más absurdo si cabe, es que plantean todo el ataque de Israel como un “pretexto”, a la vez que el propio editorial reconoce que la República Islámica ha violado repetidamente las restricciones internacionales sobre su programa nuclear:

“El OIEA había denunciado que el régimen de los ayatolás sigue sin explicar el hallazgo de trazas de uranio en ubicaciones de su territorio en las que, oficialmente, no había actividad nuclear.”

Esta admisión, sin embargo, no parece tener peso alguno para los editores de El País. Para ellos, el problema no es que Irán avance hacia el umbral nuclear con intenciones declaradas de destruir a Israel, sino que Israel decida impedirlo.

Cuando Israel actúa, el escándalo estalla y a El País le parece que no hay precedentes, aunque llevaran años afirmando que Israel atacaría a la República Islámica. Como el Capitán Renault escandalizado al descubrir que en el Rick´s Café se jugaba, El País pretende que el enfrentamiento es inédito.

No es la primera vez —ni será la última— que medios como El País minimizan las amenazas y los ataques contra Israel, para centrarse únicamente en la reacción israelí. No se exige a Teherán que rinda cuentas por violaciones del derecho internacional, por armar a organizaciones terroristas, o por lanzar amenazas genocidas. La exigencia, el escrutinio y la condena están reservados para Israel.

Este doble rasero no es periodismo: es activismo disfrazado de objetividad.

Si los medios quieren que los lectores y espectadores comprendan realmente lo que ocurre en Oriente Medio, deben dejar de contar la historia a partir del momento en que Israel se defiende. El contexto importa. Las amenazas acumuladas importan. La voluntad expresa de destruir a un Estado soberano importa.

A menos que no sea esa la intención de El País y otros medios.

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