Mencionar un título, un cargo. Relacionarlo con un informe. Afirmar lo de siempre porque lo dice la poseedora de ese título y autora de ese informe. Es decir, un acto de autovalidación. Eso hacía el diario El País en un texto escueto, aunque suficiente para incidir en lo de siempre: “genocidio”. Aunque, eso sí, datando el inicio del crimen en 1967.
De tal manera que la masacre perpetrada por Hamás, según el diario, sólo “empeoró” la situación; es decir, la masacre de Hamás fue en realidad la “perpetrada por Israel”. Hagan los que hagan los líderes palestinos y sus ciudadanos, decidan lo que decidan, todo es, según el medio, responsabilidad, obra, israelí.
Es lo que tienen las contorsiones lógicas y morales: no sólo pecan de indecencia, sino de estupidez.


Por cierto, lo relevante en cualquier informe no es el número de citas, sino la calidad e integridad de las mismas. El movimiento de BDS no es una voz autorizada, precisamente. Ni la ONG Al Haq – vinculada al grupo terrorista Frente Popular para la Liberación Palestina.
Pero, vayamos a lo que faltaba. Lo que reducía el “informe” a mero dispositivo propagandístico, a artimaña pseudolegal y pseudoética.
¿Quién lleva el título en cuestión?
La respuesta a esta pregunta dirá mucho sobre el informe que decía ni más ni menos lo que se esperaba, entre los círculos anti israelíes, que diga: una acusación hiperbólica, una etiqueta que estigmatiza. Dirá, pues, cuáles son los fines de Francesca Albanese, a qué intereses responde, o defiende.
Como el “informe” se centra en pretendidos aspectos económicos de una “masacre desde 1967” – lapso en el que la población palestina no ha hecho sino más que crecer y alcanzar niveles de autonomía que no habían obtenido bajos las ocupación jordana y egipcia -, comencemos por ahí mismo. Una documento de la organización UN Watch revelaba cómo “la ONU y su relatora [Albanese] encubrieron deliberadamente para ocultar su financiación por parte de grupos de presión pro-Hamas, y la comisión de otras graves violaciones éticas y faltas financieras”.
Además, se señalaba que aunque sigue presentándose como funcionaria de la ONU, “su pretendida renovación por el Consejo de Derechos Humanos para un segundo mandato carece de validez y de efectos jurídicos, ya que el Presidente del Consejo violó materialmente el procedimiento establecido al negarse a dar curso a la información que documentaba el incumplimiento persistente del Código de Conducta por parte de Albanese, incluida la información sobre las irregularidades financieras y el encubrimiento que es objeto de este informe”.
Puesto el interrogante de otra manera, ¿qué quiere o promueve Albanese?
Lo decía claramente en la red social X:


La defensa del culto genocida Hamás como poder en Gaza. ¿El bienestar de los gazatíes? Eso la trae sin cuidado.
De ahí, quizás que el nada sospechoso de israelofilia, Antonio Guterres, secretario general de la ONU, dijera de Albanese: es una “persona horrible”
Igualmente horrorosa era la práctica de El País, que negaba al público los elementos básicos para abordar de manera crítica el “informe”. Claro que, vista la inclinación del medio a insistir en la acusación contra Israel, a lomos de activistas del más diverso pelaje, aunque de la misma obsesión, es natural que se desprendan de la práctica periodística para promover una “narrativa”.
