El titular del 11 de enero de 2026 de la agencia pública española de noticias Efe era un resumen de buena parte de la “cobertura” de los asuntos relacionados con Israel de los medios más influyentes en español: indica al lector que debe predisponerse negativamente ante dicho estado cuando se aventure más allá del encabezamiento; y, en caso de que no lo haga, le dice que Israel es “colonialista” incluso en su propio territorio.
En resumen, que Israel actúa siempre negativamente, perjudicando a algún grupo de personas:


Por cierto, dos días antes, la agencia de noticias ya titulaba lo siguiente:

Ya se ve: Israel contra los beduinos… israelíes. Es un titular ridículo. Lo habitual habría sido decir el “gobierno israelí” o el “gobierno” a secas, puesto que es un asunto interno. Pero el nombre “Israel” debe aparecer sin diluciones, sin estorbos: es el signo inconfundible para el lector para saber cómo debe leer, interpretar lo que venga a continuación.
Y el texto que seguía a continuación, Efe mostraba otro de los mecanismos habituales en el tratamiento de hechos relacionados con Israel: cualquier voz que se oponga a las políticas israelíes, sean cuales sean, tiene más peso que las fuentes israelíes. Así, se pretende hacer pasar por contexto, por información contrastada, toda aseveración que retrate negativamente al gobierno o ente oficial del estado judío.
Ninguna otra voz de la zona que no sea beduino, o que no pertenezca a organización a las que este tipo de “coberturas” recurre para dar una ilusión de legitimidad, de veracidad, a lo que se afirma, aparecía en la crónica. Menos que menos la de la policía para explicar en qué consiste la problemática criminal en la región.
De tal guisa, Efe mencionaba efectivamente el propósito del gobierno israelí resolver los problemas de violencia en la región sureña, pero lo hacía para plantear un antagonismo gobierno-beduinos, con el primero en el recurrente papel del “opresor” o “colonialista”, y con los segundos como voz prioritaria.
Esta práctica de ofrecer una apariencia de enfrentamiento de opiniones, de acercamientos, permite elaborar un texto fácilmente. Y el hecho de que se trata de un modelo en el que una de las partes tiene preferencia en cuanto a extensión y a credibilidad, da la posibilidad de postular un maniqueísmo casi infantil de mal versus bien.
Todo esto disimula las omisiones necesarias para sostener esa entelequia dualista.
Lo que faltaba
Básicamente, estaba ausente todo aquello que no coadyuvara a implantar la idea de una relación colonizado-colonizador.
Por ejemplo, lo que The Times of Israel indicaba el mismo 11 de enero: que, si bien “decenas de miles de beduinos del sur de Israel viven en municipios no reconocidos, sin acceso a los servicios básicos del Gobierno”, esto es porque “la mayoría se ha resistido durante años a los esfuerzos del Gobierno por trasladarlos a pueblos y ciudades reconocidos”.
Por otra parte, Efe decía que “en el Néguev había en 2022 unos 305.000 beduinos viviendo (aunque algunos pertenecen a comunidades no reconocidas)”. Pero lo hacía sin más, como un dato que no se sabía muy bien a qué venía. Una suerte de contextualizar sin hacerlo. O, acaso, de alimentar la idea de un gobierno intentado “desplazar” a esta población. Esto último choca con la realidad. Según describía el analista de CAMERA Steven Stotsky en 2013, los datos población sugerían una población de beduina de unos 210.000 – 115.000 en 2000 y 10.000 en 1983. Lo opuesto del “desplazamiento” parece ser la norma. Pero la agencia tiraba el número sin más. El titular ya sirve de código para entender ese párrafo suelto.
Por lo demás, forma en que Efe presentaba el asunto hacía aparecer a los beduinos como aborígenes de la región – de ahí la utilización del término cargado “asentamiento”; y de la idea de que Israel es, en definitiva, un gran proyecto colonial. Pero Stotsky echaba luz al respecto:
“La posesividad territorial beduina se desarrolló en el momento de su transición a la vida sedentaria, a mediados del siglo XIX. Tras una guerra tribal en 1890, las fronteras tribales quedaron fijadas hasta 1948”.
También en 2013, CAMERA Español publicaba un texto en el que se citaba a Ishmail Khaldi, beduino y diplomático israelí, quien comentaba que el asunto de los beduinos del Néguev es más que nada un problema social combinado con las políticas burocráticas del gobierno israelí; a la vez que señalaba que, si los beduinos tuvieran un liderazgo unificado, las perspectivas de una solución serían mayores. En cuanto al gobierno central, Khaldi apuntaba que quiere ayudar a los beduinos, pero que el abordaje no es el correcto: “No se puede esperar que un pastor se convierta en un ingeniero de un día para otro”.
En 2013 el primer ministro era también Netanyahu.
Efe hacía mención a una serie de redadas en poblados beduinos en el Néguev. Pero omitía abordar el motivo de las mismas – apenas lo ponía en boca del gobierno israelí como mera contrapartida de la “voz-víctima” que promovía. El mismo día, The Times of Israel apuntaba que “Israel cerró el año pasado con un récord de 252 ciudadanos árabes asesinados en incidentes violentos relacionados con delitos, lo que lo convierte en el año más mortífero hasta la fecha para la sociedad árabe en el país”.
La redada en el poblado de Tarabin al-Sana, explicaba el medio, se llevó a cabo después de que la policía dijera que hombres enmascarados de esa población incendiaron coches en localidades judías cercanas.
Pero, además de la criminalidad dentro de la comunidad árabe, o entre comunidades, JNS (05/01/2026), mencionaba el contrabando de armas hacia Israel desde las fronteras con Egipto y Jordania.
Y especificaba que:
“Dentro de Israel, la aldea beduina de Bir Hadaj, en el Néguev, ha sido identificada como un centro neurálgico de la cadena de contrabando. … Desde allí, las armas se trasladan a ciudades mixtas, como Jaffa, y posteriormente pasan por diversos pasos fronterizos hacia zonas de la Autoridad Palestina, como Qalqilya, Ramala y Jenín. No se trata de una única ruta o paso fronterizo. Toda la zona se considera difícil de controlar, de forma similar al fenómeno de los trabajadores palestinos ilegales, lo que permite el movimiento continuo de armas.
“La valoración predominante es que alrededor del 20 % de las armas de contrabando se filtran en el mundo criminal de Israel, mientras que la mayoría están destinadas a actividades terroristas. La policía israelí advierte de que una población inundada de armas ilegales actuará de forma ilícita, y la única pregunta es contra quién”.
“Según estimaciones de las fuerzas del orden, cada año se introducen de contrabando en Israel hasta 160 000 armas, unas 14 000 al mes. En aproximadamente dos años de guerra, esto supone unas 300 000 armas. El Instituto Rippman estima que solo en el Néguev ya circulan unas 100 000 armas ilegales”.
El lenguaje configura la manera de pensar. Por eso, cuando intenta imponerse una determinada estructura de entendimiento, ciertas frases no deben formarse – esto es, ciertos hechos deben censurarse. Y, a su vez, otras composiciones deben repetirse hasta el cansancio: Israel + acción o término negativo.