La agencia de noticias Efe publicaba el 25 de febrero de 2026, sin contexto, sin el concurso de otras fuentes, sin verificación, conclusiones de un informe del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) que aseveraba que “más de dos tercios del total [periodistas y trabajadores de medios asesinados en 2025,], ocurrieron en la guerra de Israel en Gaza, y la mayoría de las víctimas fueron periodistas palestinos”.
Como el periodismo está ausente, el lector se encuentra con una información ya no inconclusa, inexacta, sino notoriamente interesada, ladeada hacia el lado del desprestigio de un estado en concreto.
Es decir, está ausente la realidad.
En agosto de 2025, Tamar Sternthal, directora del departamento de investigación y análisis de CAMERA, indicaba que, por ejemplo, Anas al-Sharif, “periodista” de Al Jazeera, era en más precisamente jefe de una célula de Hamás responsable de ataques con cohetes, según documentos de ese grupo terrorista incautados por el Ejército israelí.
Sternthal continuaba señalando que las Fuerzas de Defensa de Israel publicaron también los documentos de Hamás que revelaban la afiliación de su agente en Beit Hanún, Hossam Shabat, pretendido “reportero” de la cadena catarí; al igual que Ismail Ghoul, ingeniero de la brigada de Hamás en la ciudad de Gaza.
Por su parte, el medio israelí Ynet se informaba el 12 de noviembre de 2025 que según un estudio del prestigioso Meir Amit Intelligence and Terrorism Information Center, luego de examinar las identidades de 266 palestinos descritos como “periodistas” o “trabajadores de medios de comunicación”, al menos 157 (un 60%) de ellos son operativos o individuos afiliados a organizaciones terroristas.
Además, este Centro documentaba en otro informe (20/10/2025), las relaciones y la cooperación entre Hamás y Al-Jazeera.
La utilización del “periodismo” por parte de los grupos terroristas palestinos para encubrir a sus miembros – de la misma forma en que se sirve de las instalaciones e infraestructuras civiles para ocultar sus centros de mando y sus actividades – no es, ni mucho menos nueva. No sólo camufla, sino que brinda la posibilidad de transmitir su “narrativa” y de convertir, eventualmente, sus bajas en propaganda contra el enemigo.
Un engaño en el que no pocos parecen bien dispuestos a caer. Aunque la información que lo contradice es fácilmente accesible.
Más recientemente, el analista Salo Aizenberg publicaba en su cuenta personal de la red social X, que Arafat Abu Zayed, supuesto “analista político” y anotado como “periodista” era en realidad un “comandante” de la Yihad Islámica Palestina. Otro caso actual es el que ofrecía el también analista Joe Truzman en X: el ingeniero de radiodifusión de Al-Quds Today, Mahdi al-Mamluk, era “comandante” de la Yihad Islámica Palestina, perteneciente a la unidad central de comunicaciones del grupo terrorista.
¿Adivina usted cómo lo mencionará en su informe del 2026 la CPJ? No hacen falta conjeturas para descubrir lo que es evidente.
¿Vaticina cómo lo “cubrirá” Efe?