¿Dónde está la cobertura?: la censura que miente una “caperucita islamista”

En este mundo informativo que no sólo no informa, sino que, infantilizando a su público, lo alimenta de… uno está acostumbrado a decir fake news, desinformación, distorsión, pero no, lo alimenta de basura. De desechos tóxicos: un simulacro de fábula en el que, en la realidad, caperucita se va a comer al lobo, a la abuelita y al guardabosques. Es que la niñita no es tal, es un aparato que intenta colar el islamismo por las buenas – sólo al principio – o por las malas. Y buena parte del periodismo ha desempeñado una labor de lo más entregada para tal fin.

La forma más sencilla de elaborar el cuentito de esta caperucita islamista que lanza ataques genocidas, que viola, mutila y secuestra – bien financiada Catar e Irán -, es precisamente obviarlo todo. Censurarlo. Borrarlo del registro de la realidad. Construir, para ello, otra “realidad” que haga del “lobo israelí” una fiera tan fiera que hasta se asusta de su reflejo. Malo pero que muy malo. Y de una caperucita afable, inocente, irreprochable que va brincando por los escasos trozos de materialidad que le permite el perverso lobo.

Así, borrando, todo se hace muy sencillo.

Ahora tocará silenciar lo que para tantos ha sido tan evidente. Esto es, tocará suprimir lo que la organización NGO Monitor ha venido a documentar: que, según documentos internos de Hamás, se pone de relieve el control sistemático que ejercer el culto genocida sobre la actividad de las ONG extranjeras que operan en Gaza.

Es decir, sobre una de las fuentes predilectas para legitimar la fabulita a las que recurren tantísimos medios.

Los documentos en árabe, explicaba NGO Monitor, que abarcan del 2018 al 2022, “proceden del Mecanismo de Seguridad Interior de Gaza (ISM, por sus siglas en inglés), una unidad dependiente del Ministerio del Interior y Seguridad Nacional (MoINS) de Hamás. Los documentos fueron incautados en Gaza y posteriormente desclasificados por las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF)”. Y añadía que “las pruebas confirman que las ONG en Gaza no operan de forma independiente ni neutral. Más bien, están integradas en un marco institucionalizado de coacción, intimidación y vigilancia que sirve a los objetivos terroristas de Hamás”.

Vamos, que ya sea “el ministerio de Sanidad de Gaza”, “funcionarios gazatíes”, “el gobierno gazatí” o tal o cual ONG, detrás el ventrílocuo es siempre el grupo terrorista Hamás. Después de todo, los primeros son evidentemente Hamás, y las segundas, según el documento, “todas las ONG que operan en Gaza [que] están obligadas a cumplir estrictos protocolos de seguridad de Hamás, que incluyen la colaboración regular con el Ministerio del Interior y Seguridad Nacional (MoINS) y el Ministerio de Desarrollo Social (MoSD) del grupo terrorista, así como con otros ministerios relevantes para proyectos específicos, como el Ministerio de Agricultura (MoA) y el Ministerio de Educación (MoE)”.

Para que se comprenda mejor, “esta participación obligatoria en el MoINS no es una cuestión de cumplimiento normativo estándar, sino más bien un mecanismo político y de seguridad de Hamás para controlar las actividades de las organizaciones de la sociedad civil”, de acuerdo con NGO Monitor y con el sentido común más básico.

¿Cómo controlaba el asunto Hamás?

Por intermedio de “garantes” – en el caso de periodistas, de “fixers” acreditados, una suerte de guías informativos -: gazatíes aprobados por el MoINS servían como vínculo entre las autoridades de Hamás y la ONG. “Hamas exige que dichos «garantes» ocupen puestos administrativos de alto nivel, como director, subdirector o presidente del consejo de administración, lo que garantiza el acceso a los más altos niveles de las sucursales y operaciones locales de las ONG”, explicaba NGO Monitor; que añadía que “Hamas considera a los «garantes» como activos de inteligencia de gran valor para obtener acceso a la información interna y las operaciones de las ONG”.

Pero no sólo eso, en al menos diez casos, esos “garantes” servían a su vez como altos cargos en las ONG, eran también miembros de Hamás o empleados por autoridades afiliadas a Hamás. Un ejemplo de ello es el del director administrativo del Consejo Noruego para los Refugiados (NRC) en Gaza, que “apoya al movimiento Hamás, pero no está afiliado al mismo”, aunque “trabaja para el Gobierno de Gaza y tiene el rango de Naqib (rango de Hamás equivalente a capitán)”.

El mecanismo de seguridad interna de Hamás, explicaba NGO Monitor, tiene como objetivo:

  • «identificar a los garantes y empleados locales dentro de organizaciones y asociaciones»
  • «clasificar a los garantes según criterios de seguridad para poder utilizarlos»
  • «preparar informes de seguridad sobre todos los garantes activos y operativos»
  • «someter a las asociaciones y organizaciones internacionales a una vigilancia tecnológica constante, es decir, cámaras»
  • «infiltrarse en las sedes de las organizaciones internacionales y entre sus empleados, tanto tecnológicamente como mediante fuentes humanas»

Perlitas de la caperucita islamista

Un documento del 16 de junio de 2021 sugiere que Oxfam colaboró con un grupo local vinculado a Hamás en un proyecto de infraestructura que parece haber contribuido a los preparativos militares de Hamás”.

Vaya.

“El 27 de julio de 2020, el MoINS revisó un proyecto de asistencia económica financiado por la ONU y llevado a cabo por Mercy Corps, y señaló que las ONG crean cuestionarios «con el fin de llegar a los grupos que se encuentran en situación de mayor necesidad». Sin embargo, Hamás trabajó «para eliminar las preguntas que no guardaban relación con el objetivo del cuestionario o que tenían aspectos relacionados con la seguridad, con el fin de minimizar y reducir cualquier amenaza para la seguridad». En el caso concreto del proyecto de Mercy Corps, en el que más de la mitad de los beneficiarios fueron proporcionados por los ministerios de Desarrollo Social (MoSD) y Agricultura (MoA) controlados por Hamás, el MoINS ordenó a Mercy Corps que eliminara ciertas preguntas alegando «preocupación porque el objetivo [de la pregunta] fuera identificar a miembros de la resistencia» o porque «estaba relacionada con los heridos de la Marcha del Retorno» y debido a su «preocupación porque los datos… fueran explotados por partes hostiles». (Esto refleja la manipulación deliberada por parte de Hamás de los datos sobre víctimas de los periodos de conflicto armado)”.

En algunos casos, las ONG adoptaron una política de silencio en respuesta a los riesgos y desafíos humanitarios causados por el control de Gaza por parte de Hamás. Un informe del 29 de marzo de 2022, redactado por el Departamento de Asociaciones Occidentales y presentado al director de la Rama de Actividades Exteriores, ilustra esta dinámica. Concretamente, según Hamás, … cuando los empleados del Consejo Noruego para los Refugiados se enfrentaron a las quejas de los civiles sobre la infraestructura terrorista en las zonas residenciales, no dieron seguimiento a las mismas”.

Oh… ¿complicidad se le dice a eso? ¿Cómplice necesario? Vaya, todo lo que viene a solucionar la censura. Y encima, posibilita utilizar a la ONG como voz, fuente, garante de la verdad e idoneidad de Hamás, su ideología, sus socios, sus valedores.

Ahora, dígannos que eso que hacen cuando se hinchan de moral de chiringuito es periodismo. Dígannos que eso que hacen cuando acallan, no es complicidad. Dígannos que no son activistas.

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