Crónica de un sesgo anunciado

La historia es repetida. Israel lucha por su supervivencia, la República Islámica por retener en algo la capacidad desarrollada para eliminar al estado judío. Lo mismo que con Hamás o Hizbulá. O con lo que sucedió en 1948, 1967, 1973… El mensaje y la intención de erradicar a Israel nunca ocultado: ya casi como un código, un cordero sacrificial regional que vincula totalitarismos corruptos; la cortina de humo entre sus privilegios y sus ciudadanos.

Ciertos “expertos” y “periodistas” también caen en este patrón empecinado, intentando censurar, deformar los objetivos y las acciones emprendidas en ese sentido por los estados y organizaciones islamistas: de la República Islámica, Catar, Hamas, Hizbulá, los hutíes… Ninguno de estos actores tiene responsabilidad en los relatos obedientes de los “informadores”. En su lugar, todos resultan ser víctimas impotentes de las circunstancias impuestas. Sus fines, cuando es imposible callarlos, son mera “retórica de consumo interno”, palabras sin contenido; exabruptos sin sustancia producto de la desesperación.

De manera que muchas “coberturas informativas” se parecen cada vez más a un teatro que exige la suspensión de la incredulidad de la audiencia ante los mamarrachos ideológicos y oportunistas que se publican con formato de noticias- verdaderas estafas desinformativas.

Y es en las redes sociales donde los apologetas de las acciones de estos estados y organizaciones se muestran desde octubre de 2023 sin los atavíos del profesionalismo – si bien este activismo también salpica el trabajo publicado por los medios bajo el formato legitimador del texto noticioso.

En cuanto comenzó la campaña israelí contra el programa nuclear del régimen de los ayatolás, y casi como en una coreografía, también principió la difusión de la propaganda de la República Islámica.

Lo primero en la gestión de relaciones públicas del totalitarismo teocrático fue desvincularlo como causa del conflicto.

Todo ello, si bien la República Islámica fue uno de los actores que inició la guerra en octubre de 2023: a través de Hamás, al que financia en parte (el grueso corresponde a Catar), asesora y arma; con sus proxies Hizbulá, Ansar Allah (huties). Es más, en 2024 ya había lanzado un ataque con misiles balísticos contra Israel.

De este punto se desprendía otro eslogan: los recientes sucesos en Medio Oriente van “a desestabilizar toda la región”. Como si el régimen no hubiese infiltrado y ejercido su injerencia sobre Siria, Yemen, Irak, Líbano, y grupos palestinos. De manera notoria luego del levantamiento de las sanciones. Como si el terrorismo no fuese una parte indivisible de su “diplomacia”.

Como si las constantes amenazas con eliminar a Israel fuesen producto de un chiste o imaginación siniestra, y no una declarada política.

Ni más ni menos que lo que los líderes de la teocracia expresan a menudo, en otros términos:

Mensaje que tantos medios se afanan por rebajar, por maquillar.

Y al que tantos “profesionales” parecen suscribir sin sonrojo:

Con “territorios ocupados” el régimen misógino y homófobo se refiere a todo Israel.

Otros de los temas de conversación que se intentaban imponer era el de las “negociaciones” como una suerte de panacea a la que los de Jamenei se entregaban con sinceridad y buena voluntad. Nada más alejado de la realidad.

“Negociaciones…”. Otra ronda que tenía toda la impresión de suponer una estrategia del régimen de los ayatolás para ganar tiempo.

De hecho, en agosto del año pasado, de acuerdo a la Foundation for Defense of Democracies, la comunidad de inteligencia estadounidense ya no evaluaba que Irán hubiese pausado el trabajo en el desarrollo de armas nucleares, según se manifestaba el último informe de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI) al Congreso.

Y continuaba:

“El informe de la ODNI concluye que Teherán ‘ha emprendido actividades que le sitúan en una mejor posición para producir un dispositivo nuclear, si decide hacerlo’; al tiempo que subraya ‘un notable aumento este año de las declaraciones públicas [de funcionarios] iraníes sobre armas nucleares, lo que sugiere que el tema está dejando de ser tabú’”

Por su parte, el Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA), en un informe de mayo de 2025 afirmaba que la acumulación anómala de uranio enriquecido al 60 por ciento por parte de Irán – “el único Estado no poseedor de armas nucleares que produce este tipo de material nuclear” – era altamente preocupante.

Finalmente, cuando no pueda ocultarse el carácter de los ataques de Teherán, habrá de ejecutarse la justificación con una buena dosis de distorsión y desvergüenza.

Y, claro, siempre se puede fabricar “realidad”, como en el caso de un artículo(véase análisis aquí)publicado en el diario español ABC, según la cual “los iraníes desarrollarían en respuesta una unión nacional. O sea que el ataque reforzaría a los ayatolás” que encarcela y tortura a las mujeres que se niegan a llevar velo, ejecuta homosexuales, encarcela y secuestra opositores y disidentes.

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