Para Europa Press, el contexto no existe. Así de simple. Alcanza con reproducir. El 10 de marzo de 2026 no iba a ser la excepción:
“El Gobierno de Irán ha confirmado este martes que las cuatro víctimas mortales en el ataque de Israel este fin de semana contra un hotel en la capital libanesa, Beirut, eran todos ellos diplomáticos iraníes”.
A este primer párrafo, seguía una retahíla de acusaciones por parte del “representante permanente de Irán ante Naciones Unidas, Amir Saeed Iravani”.
Lo de siempre: “micrófono abierto”. Y cero contexto.
La relación del régimen de los ayatolás y la figura del diplomático
Un artículo del Washington Post del 20 de enero de 1986 ya apuntaba que:
“El alcance de la explotación iraní de la protección diplomática nos ha sido revelado por fuentes confidenciales de la comunidad de inteligencia. Nos han proporcionado detalles explícitos, incluyendo la ubicación de los centros terroristas más importantes. Se encuentran en las misiones iraníes en Roma, Viena, Berna, Bonn, Beirut, Damasco y el Vaticano.
De hecho, se cree que el embajador iraní ante la Santa Sede, el ayatolá Khosrow-Shahi, dirige una red de operaciones terroristas en España, Italia, Alemania Occidental, Gran Bretaña y Francia. Entre sus víctimas se encuentran un ex general iraní y el embajador de los Emiratos Árabes Unidos en Francia, ambos asesinados”.
En el texto de 2013 de CAMERA Español sobre el atentado contra la mutual judía en Buenos Aires en 1994, recogía el Informe de la Unidad de Investigación de la Oficina del Fiscal General argentina. En el mismo, se identificaba a Hizbulá como autor material, por orden de las más altas autoridades de la República Islámica de Irán, y con el apoyo local de diplomáticos iraníes que estaban acreditados en la Argentina.
De hecho, los fiscales argentinos resaltaron que tanto Mohsen Rabbani (agregado cultural de la Embajada de Irán en Buenos Aires) como Ahmad Asghari (tercer secretario en la misma legación) jugaron papeles clave en la infraestructura de inteligencia que el gobierno iraní tenía en Buenos Aires al momento del ataque, “sin el cual una operación de la magnitud del atentado contra la AMIA no podría haberse llevado a cabo”.
Y apuntaban que Velayati (entonces ministro de Exteriores) no sólo participó en el proceso de toma de decisiones que condujo al atentado, sino que también, a través de su ministerio, “proporcionó cobertura diplomática para uno de los agentes iraníes más involucrados en el ataque (Mohsen Rabbani); proporcionó los recursos necesarios para llevar a cabo las acciones; selección operativos del Ministerio de Exteriores para llevar a cabo el ataque;… y tomó medidas para evitar que los diplomáticos iraníes más importantes de la región se vieran directamente vinculados con el ataque”.
Decían también que el Ministerio de Exteriores del régimen de los ayatolás y sus representantes en el exterior hacen uso de agentes del Vevak (inteligencia) y Pasdaran (Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica) para llevar a cabo sus actividades, proporcionado cobertura diplomática y pasaportes, y transportando equipamiento militar a través del correo diplomático. Y concluían que el gobierno de la República Islámica sistemáticamente utiliza a las embajadas como verdaderos servicios de inteligencia.
En 2024, Ardavan Khoshnood y Arvin Khoshnood (The Islamic Republic of Iran’s Use of Diplomats in Its Intelligence and Terrorist Operations against Dissidents: The Case of Assadollah Assadi) recordaban el caso de Assadollah Assadi, tercer secretario diplomático de la embajada de la República Islámica en Austria. En 2018 fue detenido en Alemania, y condenado a 20 años de prisión en Bélgica en 2021, donde, junto con otros tres agentes iraníes, planeaba atentar con una bomba contra una reunión política en París organizada por opositores a la República Islámica. Assadi, explicaban, era en realidad el jefe de inteligencia del régimen islámico en Europa.
El caso de Assadi, proponían, “ofrece una visión general de esta operación de inteligencia y del papel de los diplomáticos de la República Islámica de Irán en la planificación y ejecución de operaciones encubiertas. Muchos de los asesinatos y operaciones clandestinas llevados a cabo por la República Islámica de Irán tienen como objetivo a disidentes iraníes y se llevan a cabo a través de sus embajadas y con la ayuda de sus diplomáticos”.
“Desde su creación en 1979, más de 160 opositores iraníes al régimen en el exilio han sido asesinados a manos de la República Islámica de Irán.42 Un ejemplo en el que el papel de los diplomáticos iraníes y la embajada de la República Islámica de Irán es evidente en lo que respecta al terrorismo es el de los asesinatos de Mykonos en Alemania en 1992. Mientras los opositores iraníes a la IRI se habían reunido en el restaurante Mykonos de Berlín para celebrar una reunión, los asesinos abrieron fuego y mataron a cuatro personas. Se demostró que uno de los terroristas detenidos y posteriormente condenado, Kazem Darabi, tenía estrechos vínculos con los diplomáticos de la embajada iraní en Alemania”, ejemplificaban.
El 11 de febrero de 2026, el Jerusalem Post informaba que seis diplomáticos iraníes introdujeron de contrabando seis maletas con dinero en efecto en vuelos comerciales con destino al Líbano, con el fin de ayudar a Hizbulá a reconstruir su capacidad financiera y operativa.
Por su parte, Matthew Levitt (Hezbollah’s Regional Activities in Support of Iran’s Proxy Networks) comentaba que en 2018, Marruecos rompió relaciones diplomáticas con Irán debido a que operativos de Hizbulá y agentes iraníes, algunos bajo cobertura diplomática, ingresaron armas de contrabando en el Sáhara Occidental para el Frente Polisario.
Pero Europa Press, como se decía en las Mil y Una noches, escucha y obedece.