Hay una notoria y creciente presencia mediática de china. O, al menos, de una imagen cuidad del país dirigido por el Partido Comunista Chino. Crónicas sobre pretendidos avances tecnológicos sorprendentes, o sobre la lucha varias veces exitosa contra la desertificación, sobre aviones y trenes de batir récords; el poder militar y económico, y una supuesta habilidad diplomático-comercial. De todo… O no tan de todo: silencio sobre las minorías, los disidentes y aquello que afecta a los ciudadanos chinos – la crisis inmobiliaria y el estancamiento económico, entre otros. Nada – o muy diluido – de lo que, precisamente, toda dictadura pretende que se omita.
Sorprende esta generalizada manera, entre tantos medios, de “coincidir”. Esto es, la homogeneidad con que parecen sintonizar con la frecuencia narrativa en la que, se pretende, “vibre” el público occidental.
Además de los afeites mediáticos y del abordaje benévolo, esta actividad mediática se manifiesta en uno de los recursos más utilizados para mover – conmover – a la opinión pública desde largo: el anti-sionismo/antisemitismo como fórmula de contrastada eficacia para explicar reveses, generar desacuerdos, socavar la democracia y para vincular extremos – como una suerte de código común entre ciertos sectores sociales y ciertos países.
En este sentido, la emisora internacional Voice of America (VOA; 4/10/2024) señalaba que un investigador no residente del Global China Hub del Atlantic Council afirmaba que las teorías conspirativas antisemitas han sido históricamente una herramienta útil para utilizar contra los países occidentales. Y explicaba que durante la Guerra Fría, la Unión Soviética ya había difundida teorías conspirativas antisemitas y anti sionistas por todo el mundo con el único fin de sembrar la discordia en las sociedades occidentales, “porque eso las dividía desde dentro y presentaba a Occidente bajo una luz desfavorable en una competencia estratégica. [Es] lo mismo que se ve aquí [con China]”.
Ahora, volviendo al principio, quizás se comprenda esa abundancia de artículos favorables a la imagen que pretende proyectar China sobre occidente, a través de lo que explicaba un informe de Freedom House sobre la influencia de China en los medios globales. En su inciso sobre España decía, entre otras cosas, que:
“Medios de comunicación chinos como Xinhua, CCTV y CGTN proporcionan contenidos a medios de comunicación españoles, que los utilizan con frecuencia en su cobertura informativa, sobre todo en forma de material de vídeo o fotografías. Algunos medios de comunicación españoles tienen acuerdos de intercambio de contenidos con entidades mediáticas chinas. El Mundo Financiero, EFE y Europa Press han firmado acuerdos oficialmente, mientras que hay otros medios de comunicación sin ningún acuerdo formal conocido, pero con estrechos vínculos con la República Popular China, como Prensa Ibérica, un grupo regional de periódicos y televisión que organiza eventos conjuntos con la embajada china. También cabe mencionar que el periódico más importante de España, El País, distribuye ocasionalmente un suplemento de China Daily y difunde contenidos de China Hoy, una revista producida por el grupo editorial estatal China International Publishing Group (CIPG).
“La agencia nacional de noticias EFE, muy utilizada por los consumidores de noticias de habla hispana de todo el mundo, comparte contenidos de la agencia estatal china de noticias Xinhua”. Como, también, explicaba el informe, Europa Press.

Captura de pantalla del 6/5/2026

Ídem.

Captura de pantalla de la web de chinawatch.elpais.com el 6/5/2026

Ídem anterior
Otro informe – en este caso del Reuters Institue -, y que llevaba como título “Cómo utiliza China los medios de comunicación como arma en su guerra propagandística contra Occidente”, advertía de justamente que Beijín está redefiniendo su presencia internacional mediante acuerdos e inversiones. En otras palabras, sigue el manual soviético, aquel que, detallaba Stephen Koch, en su libro Double Lives: Spies and Writers in the Secret Soviet War of Ideas Against the West, busca no sólo imponer una imagen propia en el extranjero, sino hacer de esta un disfraz hermético, a prueba de críticas. Y qué mejor que alinear a esos medios que simulan representar, encarnar, no ya la verdad, sino la “opinión popular”.
Una de las formas de hacerlo, explicaba el Reuters Institute, es ofreciendo contenidos estatales de forma gratuita o financiando suplementos completos en prestigiosos periódicos extranjeros
El informe explicaba, por ejemplo, que cuando Italia se incorporó oficialmente a la Iniciativa de la Franja y la Ruta en marzo de 2019, el líder Xi Jinping firmó una serie de acuerdos con medios de comunicación italianos:
“La agencia de noticias estatal italiana ANSA firmó un memorando de entendimiento con la agencia de noticias estatal china Xinhua para poner en marcha conjuntamente el Servicio Italiano de Xinhua. ‘Esto se ha traducido en que ANSA publique 50 noticias de Xinhua al día en su servicio de noticias, siendo Xinhua la responsable editorial del contenido y ANSA la encargada de su distribución’, explica el informe de la FIP”.
“La cadena pública italiana, RAI, también ha alcanzado varios acuerdos con China Media Group (CMG), la organización estatal que engloba a la Televisión Nacional de China (CCTV) y a Radio Internacional de China (CRI)”.
“‘La creciente presencia en los medios de comunicación italianos proporciona a Pekín una plataforma para difundir sus puntos de vista oficiales, al tiempo que podría impedir que surjan debates más críticos’, señalaba un informe de 2019 elaborado por la Henry Jackson Society”.
“Según Sarah Cook, directora de investigación para China, Hong Kong y Taiwán en Freedom House, estos intentos van más allá de simplemente ‘contar la historia, la versión, de China’. ‘Su carácter más agresivo suele socavar las normas democráticas, erosionar la soberanía nacional, debilitar la sostenibilidad financiera de los medios de comunicación independientes y violar las leyes locales’”.
La operación mediática busca impedir que la realidad permee hacia esas audiencias, que oscurezcan los intereses del PCC.
El envés de la cobertura
El 12 de marzo de 2026, y según daba a conocer el Council on Foreign Relations, el gobierno chino aprobó la llamada Ley de Promoción de la Unidad Étnica y el Progreso, que “codifica el enfoque de Beijín respecto a los 56 grupos étnicos reconocidos oficialmente en China. En cuanto al fondo, la ley consagra una evolución de décadas hacia políticas asimilacionistas agresivas. Desde el punto de vista estructural, refleja una fusión cada vez más profunda entre la ideología del Partido y la legislación estatal, tendencia que se está imponiendo cada vez más bajo el mandato de Xi Jinping”.
The Economist señalaba que la ley establecería una nueva base jurídica para procesar a cualquiera que se oponga a la definición de “armonía étnica” del partido, incluidos los padres que inculquen opiniones “perjudiciales” a sus hijos.
Acaso uno de los ejemplos más crueles de esta política de homogeneización étnica, sea el trato dado a los uigures, una etnia musulmana de habla turca, de la región autónoma de Sinkiang, en el noroeste chino.
Uigures: poco “interés” mediático, poco interés del “derecho internacional”
En mayo de 2022 la cadena británica BBC daba a conocer que organizaciones de derechos humanos creían que China había detenido a más de un millón de uigures en los últimos años en una amplia red de lo que el Estado denominaba ‘campos de reeducación’. Agregaba que varios países, entre ellos Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá y los Países Bajos, han acusado a China de cometer genocidio,
Ello se producía luego de las denuncias de que China estaba esterilizando de forma masiva y forzosa a mujeres uigures para reducir la población. En este sentido, la agencia de noticias Associated Press informaba con anterioridad, (6/2020) que el estado chino somete regularmente a las mujeres de las minorías a controles de embarazo y obliga a cientos de miles de ellas a utilizar dispositivos intrauterinos, a someterse a esterilizaciones e incluso a abortos. Y señalaba que estas medidas buscan “reducir drásticamente las tasas de natalidad entre los uigures y otras minorías, como parte de una campaña de gran alcance destinada a frenar el crecimiento de su población musulmana, al tiempo que anima a parte de la mayoría han del país a tener más hijos”.
Imponer medidas destinadas a impedir los nacimientos de un grupo nacional, étnico, racial o religioso es, precisamente, uno de los actos – cuya finalidad es la destrucción parcial o total de dicho grupo – que definen el crimen de genocidio según la ONU.
Además, el Departamento de Trabajo de Estados Unidos aseguraba que los uigures recluidos en campos son obligados a trabajar en fábricas. “En un campo de internamiento de Kashgar, en Sinkiang, los detenidos uigures realizan trabajos forzados para producir textiles. Reciben un salario muy bajo, no se les permite salir y tienen una comunicación limitada o nula con sus familiares. … Cuando no están trabajando, deben aprender mandarín y someterse a adoctrinamiento ideológico”, ejemplificaba. Y advertía que los productos procedentes de China figuran en la Lista de productos fabricados mediante trabajo infantil o trabajo forzoso desde 2009.
Pero usted seguramente no oyó de llamados al boicot o al etiquetado particular de productos chinos. Ni hablar de violaciones a los derechos humanos.
Es más, por no haber escuchado, no habrá siguiera escuchado hablar de esos “campos de reeducación”.
Y ello, a pesar de que hasta la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos de la ONU (ACNUDH) dijo algo al respecto en agosto de 2022:
“A finales de 2017, la ACNUDH comenzó a recibir un número creciente de denuncias por parte de diversos grupos de la sociedad civil en las que se afirmaba que miembros de la comunidad uigur y de otras minorías étnicas predominantemente musulmanas habían desaparecido o se encontraban en paradero desconocido. En 2018, el Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias informó de un aumento ‘dramático’ de los casos procedentes de la Región Autónoma Uigur de Sinkiang ‘con la introducción de campos de «reeducación» en dicha región por parte del Gobierno de China’”.
Cinco años mediaron entre las primeras denuncias y la aparición del informe…
Michelle Bachelet: a modo de resumen del funcionamiento de la ONU
El mismo día que salía el documento de la ONU, la radio pública estadounidense, NPR señalaba:
“La entonces alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos [2018-2022]…, por fin pudo visitar Xinjiang [mayo 2022] en el marco de una controvertida misión de investigación de seis días, que los activistas de derechos humanos criticaron por estar orquestada por las autoridades chinas. Durante la visita, también mantuvo una conversación por videoconferencia con el líder chino, Xi Jinping, en la que, según los medios de comunicación chinos, elogió el historial del país en materia de derechos humanos”.
Y agregaba el medio que “incluso esta misma semana, Bachelet pareció dar marcha atrás en su compromiso de publicar el informe, afirmando que existía una “enorme presión para publicarlo o no publicarlo”. Afirmó que su oficina había recibido “aportaciones sustanciales” de China sobre el informe, que tuvieron que revisar antes de darlo a conocer”.
La publicación Foreign Policy añadía la siguiente bajada al titular de su crónica del 13 de junio de 2022 sobre la visita de Bachelet al país asiático:
“La alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos acabó encubriendo las atrocidades cometidas por China”.
Redes, conveniencias y manipulación
De acuerdo con el trabajo del Servicio Diplomático de la Unión Europea (EEAS) sobre las “amenazas de manipulación e interferencia de la información procedente del extranjero”, a lo largo de 2025, China continuó con sus actividades multifacéticas de manipulación e interferencia de la información en el extranjero (FIMI, por sus siglas en inglés), recurriendo a una amplia gama de tácticas, entre las que mencionaba la difusión de teorías conspirativas, la expansión de su infraestructura global de FIMI; así como también la intimidación y el acoso a las voces críticas, con el fin de suprimir la información incluso fuera de sus fronteras.
El EEAS remarcaba que el gobierno chino continuó con la narrativa que busca presentar a la Unión Europea como subordinada a Estados Unidos en materia de política exterior (por ejemplo, en lo relativo a Gaza y Ucrania); e indicaba que “el cambio en la política comercial de EE. UU. se utilizó para difundir narrativas que abogaban por una cooperación más estrecha entre la UE y China a la hora de establecer un nuevo orden multilateral”. Punto este, que precisamente repitió el presidente español durante su visita a China, tal y como daba cuenta El Debate el 13 de abril de 2026:
“[Pedro Sánchez] defendió que tanto Europa como China tienen un papel clave en la construcción de un sistema multilateral equilibrado y advirtió que sin una Unión Europea unida ni la participación del gigante asiático será posible un orden internacional estable”.
Entre las redes utilizadas para interferir con la comunicación, el EEAS mencionaba la denominada
Spamouflage. Según la emisora internacional Voice of America (VOA; 4/10/2024) se trata de una operación patrocinada por el Estado que se disfraza de actividad de usuarios auténticos de redes sociales para difundir narrativas progubernamentales y desinformación, al tiempo que desacredita las críticas de sus adversarios. The Spectator ampliaba en junio de 2025 diciendo que Spamouflage, que se relacionó por primera vez con una división del Ministerio de Seguridad Pública de China en 2019, compartió mensajes de una destacada organización pro palestina de la ciudad de Nueva York en los que se instaba a los manifestantes a “inundar los campamentos” de las universidades de la ciudad.
En este sentido, el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS, por sus siglas en inglés), afiliado a la Universidad de Tel Aviv mencionaba en septiembre de 2025 que el grupo de investigación Graphika reveló que China, a través de cuentas en redes sociales gestionadas por actores vinculados a dicho país, procuró sembrar la división interna en Estados Unidos, en parte amplificando el discurso sobre la guerra entre Israel y Hamás y las críticas al manejo de la cuestión por parte de la administración Biden en aquel momento.
Además, señalaba este instituto, “las campañas cibernéticas, que según los investigadores y el Departamento de Justicia de EE. UU. estaban directamente vinculadas a organismos estatales chinos, difundieron mensajes antisemitas entre el público estadounidense sobre el supuesto control judío e israelí de la política estadounidense”.
Aun otra investigación, añadía INNS, en este caso llevada a cabo por Taiwan AI Labs, ONG dedicada al estudio del uso de la inteligencia artificial y las operaciones de influencia extranjera —principalmente chinas—, “reveló que ya antes del 7 de octubre se había creado una red de trolls dedicada a difundir contenido malicioso sobre Israel. Esta red difundió narrativas negativas sobre Israel, y su actividad se intensificó tras la masacre perpetrada por Hamás”.
Por su parte, el artículo ya citado de VOA añadía que las ya mencionadas redes de spamouflage vinculadas a China, habían estado “difundiendo teorías conspirativas antisemitas en las redes sociales, poniendo en duda la independencia de Washington frente a la supuesta influencia judía”.
Un artículo del 15 de octubre de 2024 de la revista Commentary daba a su vez un vistazo no sólo a la campaña china destinada a las audiencias extrajeras, sino a su propio público. El texto citaba Josh Rogin, del Washigton Post, que había escrito que:
“En Internet en China se está produciendo un aumento paralelo de contenidos a favor de Hamás y contra Israel. Las empresas tecnológicas chinas, que operan bajo estrictas instrucciones de los censores del Gobierno chino, han desempeñado un papel importante en ello. Los gigantes chinos de las búsquedas en Internet, Baidu y Alibaba, llegaron incluso a borrar temporalmente al país de Israel de sus mapas”.
Una censura que – de acuerdo con el Jerusalem Post – mientras “suprimía las críticas al presidente ruso Putin o a los líderes musulmanes, consideraba perfectamente admisibles las denuncias contra Israel, y quizá incluso se fomentaban. Así, no se imponían restricciones a la hora de culpar al ‘dinero judío por su dominio sobre Estados Unidos`”. En breve, y como decía el medio, el PCC “autorizaba oficialmente” el antisemitismo. De hecho, el texto mencionaba que un funcionario chino, al que se le oyó por casualidad, decir lo evidente: “Utilizamos a Israel como un palo para golpear a los estadounidenses”.
En ello andan tantos medios…
Coqueteando con el totalitarismo como si fuese un conveniente socio político-comercial. Como si el brazo extendido no se pareciera más al que escoltó a Hu Jintao fuera del congreso del PCC – que al de quien tiene vocación de socorro.
Y, mientras tanto, utilizando a Israel y poniendo en riesgo las vidas de los judíos en sus países occidentales. Total, es una de las bases del maquillaje del PCC – entre otros, que también sirve para Catar o Irán o Turquía.