Con su mezcla de insinuaciones históricas, clichés antisemitas y omisiones claves, el artículo de El Confidencial no analiza una guerra, sino que presenta un retrato grotesco, casi caricaturesco, que no solo deslegitima al dirigente, sino que demoniza a todo un país, representado como un ente fanático, incapaz de vivir en paz.
¿Era este realmente un “episodio sin precedentes” o la expresión no era más que retórica vacía para rellenar un enésimo editorial del medio contra Israel?
No es una crítica legítima a la política israelí, sino un intento sofisticado de reconstruir la narrativa del Holocausto para usarla contra el propio pueblo judío.
Termina uno preguntándose para qué sirven tantas corresponsalías en Israel, si después sólo se hacen eco de lo que dicta Hamás. No tienen otras fuentes, no corroboran… Y así vuelan los bulos.
Como medio financiado por todos los ciudadanos, RTVE tiene la obligación de informar con rigor, pluralidad y respeto a la verdad. Por ahora, esa obligación está incumplida.
Llamar genocidio a una ofensiva militar —por brutal que sea— sin que se cumplan los requisitos legales e intencionales que definen ese crimen, es una forma de violencia discursiva. Y banalizar el Holocausto al comparar a las víctimas de Gaza con las víctimas del Holocausto no es solo falso: es moralmente obsceno.
La televisión pública española invita a alguien que reconoce que no sabe y a quien no le interesa saber, para criminalizar a Israel y para negar hechos objetivos, fomentando así la narrativa del grupo terrorista Hamás.
Lo realmente grave es que la lluvia constante de desinformación respecto a Israel que tiene lugar en la mayoría de medios españoles permite que una pieza delirante pase todos los estándares y sea publicada sin levantar una sola alerta en la web de un medio poderoso.