Advertencia a la audiencia

Cuando se abría un periódico o sintonizaba un noticiero, la expectativa era la de conocer lo que había acontecido local e internacionalmente, seguir un tema en curso. En fin, informarse sobre lo novedoso.

Quien ejecute las mismas operaciones con la misma confianza de no hace tanto, o se ha incorporado recién al presente, o bien hace lo posible por no percatarse de lo evidente: la “noticia” es hoy mayormente el envoltorio con que se intenta manipular la percepción pública.

Bajo la fórmula noticiosa se conceptualiza un asunto, un fenómeno, de acuerdo con el posicionamiento ideológico del medio en cuestión o de sus intereses político-financieros. Es decir, a la usanza de una agencia de publicidad y relaciones públicas, los esfuerzos van dirigidos a que la audiencia acepte dicha caracterización. Vamos, que se busca legitimar, o demonizar, a un actor; promover subordinaciones, silencios u olvidos sobre cuestiones particulares; y que el público termine por exigir (esto es, refrendar) aquellas medidas o posturas extraordinarias que se desean tomar respecto de un asunto, un sujeto, estado u organización.

En definitiva, se está un enemigo ideal – en gran medida preexistente -; que será el que se utilice para disuadir al público a validar las disposiciones (los fines), los medios para alcanzarlas y el sustrato dogmático y sus inherentes y ominosas contradicciones (sus trampas).

Este enemigo suele estar basado en las porciones vergonzosas y oscuras de lo que se denomina memoria colectiva, que se recuperan y exacerban: los estereotipos y sus narrativas asociadas. Ese producto al que cínicamente se llama la “voz del pueblo”, su más sincera expresión, opinión.

Dicho enemigo suele enmarcarse como una amenaza – existencia, moral -, una suerte de agente nocivo global. Este peligro omnipresente está diseñado para provocar un rango específico, y ciertamente permisivo, de emociones que difuminen el razonamiento y los escrúpulos del público.

Los medios de comunicación actúan como articuladores necesarios de este proceso. Y el ejemplo más claro y formidable de este papel desvinculado tan tajantemente del periodismo es la cobertura mayoritaria que se hace de Israel y todo lo relacionado con el estado judío. Y no sólo de este, sino de la realidad de las sociedades judías en occidente – tomadas como una mera extensión sospechosa del estigmatizado y criminalizado estado.

En breve, lo que se observa es la normalización del antisemitismo como manifestación política y social legítima. Esto no es, sino, la instalación de la irracionalidad y el pensamiento totalitario como ejercicio cívico válido: ni más ni menos que el primer golpe auténtico de los movimientos absolutistas al ordenamiento democrático del país.

Porque es la prueba para quienes aspiran a hacerse con el control del estado, que una parte de la población es capaz de rebajarse a la práctica del prejuicio, y, sobre todo, que una parte mayor consiente o calla ante el embrutecimiento de su sociedad.

En este punto, ya se ha se ha iniciado la erosión progresiva del pluralismo. Y si esta carcoma se ha asentado en alguna de sus bases críticas, es de esperar que seguir alimentando este odio, con el complemento de la polarización social de cabotaje, irá haciendo del retorno a la salud democrática algo cada vez arduo.

Mientras haya un gran número de periodistas que difunden los bulos más descabellados, que coquetean con los lugares comunes del antisemitismo como si se tratara de una astucia; que callan tan elocuentemente aquello contra lo que dicen ejercer su “activismo de reporteros”; en fin, en tanto se consienta que la mímica del periodismo progrese a costa del ejercicio comprometido de dicha actividad, los medios deberían presentar, a la manera de los paquetes de cigarrillos, recuadros con advertencia donde, por ejemplo, se indique:

Atención: Material potencialmente nocivo para el conocimiento y la independencia intelectual.

Este medio no es imparcial. Entre sus accionistas cuenta con X, Y y Z; o está alineado con tal o cual partido/ideología/régimen.

Puede encontrarse con falta de verificación; con que fuentes/voces sean partes interesadas, con que se omita información relevante y/o se distorsiones o fabrican datos.

Consuma con moderación

Quizás, advertida la audiencia, el antisemitismo no habría llegado a ser la moneda de cambio de los mediocres, los arribistas y los agazapados.

Quizás los organismos internacionales no serían los feudos de la legitimación y coartada autoritaria.

Quizás, quizás, quizás…

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