A los niños se los suele desafiar con adivinanzas con afán de entretenimiento o de estímulo cognitivo – por aquello de asociar ideas. Pero esta es aún más sencilla, y muy triste: Adivina adivinador, ¿qué grupo terrorista no aparece mencionado ni una sola vez en la crónica del 13 de mayo de 2026, del Huffpost, sobre un “bombardeo” israelí de “varias viviendas familiares en el Líbano”?
Exacto: Hezbolá.
El mismo que atacó a Israel el día después de la masacre de Hamás, ampliando el conflicto al Líbano – y que, violando el alto el fuego, reinició la agresión “en apoyo” de Irán. La misma organización que se financia a través del narcotráfico y que tiene secuestrado a ese país.
La ausencia no es casual. No a esta altura. La omisión permite evaporar los motivos de la operación israelí, transformándola así en una acción arbitraria, en una agresión.
Así, el primer párrafo del medio decía:
“La violencia ha vuelto a golpear con fuerza el sur del Líbano pese al alto el fuego vigente desde hace casi un mes. Al menos 13 personas, entre ellas varios niños y miembros de distintas familias, murieron este miércoles en una nueva oleada de bombardeos lanzados por Israel”.
Y más adelante:
“Uno de los bombardeos más devastadores impactó directamente sobre una casa en Arab Salim”.
Otras localidades mencionadas eran Al Namiriya y Roumine.
Dos días antes de este artículo, The Times of Israel informaba:
“Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han emitido avisos de evacuación para nueve pueblos del sur del Líbano ante los inminentes ataques aéreos contra el grupo terrorista Hezbolá.
Se ha ordenado a los residentes de Rihan, Jarjouaa, Kfar Roummane, Nmairiyeh, Arab Salim, Jmaijmeh, Mashgharah, Qellaya y Harouf que se evacúen a una distancia mínima de un kilómetro”.
Es decir, ya había operaciones en curso en la región. Y está harto documentada la continuada actividad de Hizbulá en la zona. Amén de la utilización sistemática y estratégica de la población civil, y sus infraestructuras, como escudos humanos por parte de este grupo terrorista.
El medio citaba al portavoz en árabe del ejército Avichai Adraee, quien declaraba que dicho aviso se debía a las violaciones del acuerdo de alto el fuego por parte de Hezbolá, y a la necesidad del ejército israelí de actuar.
El mismo 13 de mayo, la cadena nacional de noticias, Arutz Sheva, daba cuenta de la reiteración de la advertencia de evacuación para los habitantes de Kafr Hata, Arab Salim y Deir Al-Zahrani, Adraee.
La razón para dicho llamamiento y las posteriores acciones israelíes, según Adraee:
“El Ejército ha comenzado a atacar infraestructuras pertenecientes a la organización terrorista Hezbolá en varias zonas del sur del Líbano”.
“Durante las últimas veinticuatro horas, el Ejército ha atacado más de 40 infraestructuras pertenecientes a la organización terrorista Hezbolá en el sur del Líbano, entre las que se incluyen depósitos de armas y edificios de uso militar desde los que operaban miembros de Hezbolá, además de eliminar a terroristas que suponían una amenaza para nuestras fuerzas y atacar plataformas que estaban listas para lanzar proyectiles de cohete”.
Estas declaraciones son un material indispensable para una crónica que quiera dar una imagen más amplia de del suceso a su audiencia. Pero el Huffpost las ignoró, y sólo recurrió a fuentes libanesas. Un arreglo que permitía dejar de mencionar a Hezbolá, el culpable de la situación en el Líbano – ya no sólo con Israel, sino interna.
Es decir, se le ninguneaba al lector el motivo de las operaciones. El contexto; la realidad. De tal guisa, Israel simplemente “ataca”, “bombardea casas civiles”, “complica” el alto el fuego y “vuelve a colocar a Oriente Medio al borde de una nueva escalada regional”.
El producto que componía Huffpost no tenía cola, cuernos, ni piernas terminadas en cascos, pero casi, casi.