ABC y el odio a Occidente: barroquismo, conspiración y antisemitismo

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Resulta difícil analizar un texto como el publicado por el diario ABC en su Tercera el 2 de abril 2026: Occidente contra Oriente.

Difícil por su retórica sobrecargada y casi oscurantista, como por su contenido antisemita a unos niveles destacablemente altos.

El texto contrapone un Occidente intrínsecamente belicista y moralmente corrupto a un Oriente pacífico e idealizado. Su autor, Martín-Miguel Rubio Esteban, utiliza una mezcla de filosofía clásica, teología y geopolítica para argumentar que el bloque occidental ha abandonado su esencia humanista en favor de un nihilismo belicista.

“El clima moral del Occidente es guerrero por excelencia; de ahí su «éxito político»”.

Es cuando menos curioso que aun hombre de evidente erudición se le hayan pasado las guerras y barbaries que no implican a Occidente, pero el artículo no se caracteriza por ser un serio análisis histórico, sino una feroz diatriba antioccidental, y por lo tanto profundamente antisemita.

El texto antepone “La guerra universal del Viejo Testamento” al “amor universal del Nuevo”, y explica que

“Occidente levanta hoy su sagrada bandera maculada, escondida en el mechinal o guarida de Epstein, la perfecta antesis capitalista, para placer moral y honor de los baales occidentales que nos dominan y sodomizan”.

Epstein obviamente como símbolo para presentar a Occidente como corrupto y dominado por élites ocultas. Figura que volverá a emplear más adelante cuando se pregunta “¿qué valores humanos vamos aporta hoy a Oriente? ¿Los de los amigos de Epstein?”

Y es que Espstein es un “dog whistle”, un mensaje codificado gracias al cual no hace falta mencionar explícitamente su grupo étnico o religioso, pero quien lee sabe. El simple nombre evoca conspiración global de una supuesta élite judía y corrupción sexual.

Pero probablemente el autor no quedó suficientemente satisfecho con esa mención entre líneas. Tal vez algún lector desapercibido podría llegar a no entenderlo, de modo que en siguientes líneas deja claro que la violencia occidental es fruto de la “religiosidad agresiva, con un clarísimo furor judaico” que busca “verdadera conquista y exterminio del Otro” (Énfasis añadido).

Es tan caricaturesco que parece un texto proveniente de un antisemitismo de sotana de lejano pasado. Y ahí es cuando el autor tiene el talento de disparar en una misma frase al “sionismo y a Jehova”. Dando así un salto desde una especie de odio religioso trasnochado a uno nacional más moderno, hablándonos de “un Occidente enclaustrado en el útero globalista anglosionista, peligroso y jehováticamente exterminador”. (Énfasis añadido)

El texto entero es una serie de perlas de odio y desprecio a “los sacrosantamente despiadados elegidos, exterminadores de Jehová”.

En el camino, el rocambolesco texto deja caer reproches a Francia o critica la forma de ser del hombre occidental, “el hombre que piensa en lenguas indoeuropeas no es para nada universal”. ¿Sabrá el autor que los persas, a los que otorga en contraste una suerte de superioridad espiritual hablan una lengua indoeuropea?

Pero es que no hay que buscar lógica alguna a un texto de estilo neobarroco conspiranoico que llega a su sumum cuando alaba:

“Una Hispanoamérica que buscándose a sí misma nos redimirá y nos resucitará, y complementaria con la Rusia deAlexander Dugin”.

Cuando Alexander Dubin, ideólogo del neo-euroasianismo y promotor de la expansión bélica rusa, es presentado como una opción pacífica y redimidora es cuando el lector puede entender perfectamente que se encuentra ante un texto de la órbita conspiranoica pro Putin.

Y ABC referente conservador del panorama mediático español, otorga su Tercera, una de las página de opinión más prestigiosa y emblemática de la prensa del país, a un discurso que traspasa toda crítica política para convertirse en un catálogo de odio al judío y a Occidente. Algo que pone de manifiesto cómo, en España al menos, la alt-right esotérica y el neoeuroasianismo están permeando instituciones tradicionales, utilizando una estética neobarroca para hacer pasar por “cultura” lo que en realidad es un catálogo de fobias suicidas.

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